domingo, 26 de julio de 2020


SEMILLAS QUE DAN VIDA

Hace milenios, cuando el altiplano del lago Titiqaqa era solo uno, la vida fue arrasada en todos sus niveles. Una espantosa sequía calcinó hasta las orugas de sus pajonales. Las estrellas apreciaron desde el cielo la  desesperación sus habitantes y se decidieron a intervenir al ver que se disponían a emigrar, buscando la benignidad de otro clima.
DANZA PULI PULISHablaron entre ellas y las estrellas más pequeñas fueron elegidas para salvarles. En la última de sus noches se dio entonces una lluvia de luces que bajó del espacio. Los hombres se sorprendieron al hallar en la mañana siguiente planicies llenas de una escarcha comestible. La semilla prodigiosa que quedó y fue sembrada recibió el nombre de jihura, que quiere decir muerte, luego jiura y kihura, ‘semilla que da muerte a la muerte’ o ‘semilla que brota de la muerte’, palabra que los españoles pronunciaron como kinua.
Los granos espaciales, según me refirió el profesor José Portugal Catacora, en uno de mis viajes,  fueron colocados en los surcos  y los  cuidaron con mucho cariño. No podían perderlos  y lograron, cosecha tras cosecha, una diversidad de semillas agrupadas en unas mazorcas que llamaron pulas o pulis.
Creo que la valoración de la kinua, que ahora es un grano de exportación, no estará completa si no se considera a los pulis, la mazorca tratada en una época antigua para el futuro de la Humanidad.        
Al estar relegada, siendo su producción sólo de autoconsumo, no se tomó en cuenta el proceso de su domesticación escrita musicalmente en el altiplano, cuya riqueza de pentagramas es fascinante. La observación de los domesticadores acerca de su crecimiento hasta culminar en su recolección fue anotada  de esa forma.
Los pulis representan un conjunto de danzas, con una singular variedad de vestimentas y coreografías, conque los agricultores celebran cada estadio agrícola, al son de la qena qena, sara qena o qenacho y tambor, según comprobación del músico Virgilio Palacios.

Inspección sanitaria china de campos de producción de quinua en ...“A este fenómeno de identificarse con un fruto de la tierra, decía el  insigne maestro, se le llama ‘llipi.’ Los hombres pulis vuelven a vestir sus galas en las grandes fiestas, añadiéndoles “una especie de capa  que cubre capa o especie de orgullosa coraza entre el pecho y la espalda confeccionada con piel de jaguar o de puma. Bien lo explicaba Portugal Catacora cuando analizaba las danzas de los puli pulis, chatripulis,  qarapulis, awkipulis y llipipulis, que se organizaban en el siglo pasado en las comunidades de las partes altas o hanansaya donde crece la kinua real de grano grande;  y también de los urinsayas, donde el grano es pequeñito, dulce.
La danza de los puli pulis es una expresión de alegría de las comunidades ante la aparición  de los primeros brotes, pulas, racimos  o espigas. “Sobre el traje dominguero,  escribió el profesor, autor de un libro de danzas representativas de Puno,  llevan un pañolón  atado al cuello con las puntas cayendo sobre la espalda y cintillos en el sombrero. Los colores de los pañolones son verdes y rojos simulando o reflejando los colores simbolizando las hojas que  son verdes con jaspes rojos.”  
Aproximadamente a las dos terceras partes de su desarrollo, cuando las plantas van ganando altura y los racimos “se abultan y se presentan turgentes,” prometedores, los chatripulis salen para incentivarlas, rodeándolas.  Al asumir este rol ellos agregan a su atuendo anterior unos pollerines de gasa blanca plegada semejante a la que recubre  la caña del tronco y los racimos. “La partícula chatri, acota Portugal Catacora, significa algo así como las hojas que envuelven a las pulas”. La planta se yergue  hermosa y los bailarines tratan de parecerse a ella con su indumentaria.
Casi al finalizar su etapa de crecimiento hay como una sensación de preñez en el aire, de poderío, que se siente con regocijo. Los bailarines llegan a su mayor engalanamiento. Un momento en que plantas y hombres fusionan su espíritu desbordando energías. Las pulas aparecen cargadas de millares de granos diminutos, de brillantes colores, “blancos, rojos, amarillentos,  plomizos y aún negruzcos”. *
Los awkipulis se engalanan como si fueran pulas humanizadas, tratando de semejarse y  recargando su atavío con ‘una especie de corona de paja torcida y forrada de verde y rojo, de la cual penden zarcillos de cuentas de cristal’ que cubren su rostro risueño, para embriagarse en color y movimiento.                
La cosecha es el acto final y así como se desviste a la kinua, se le desnuda, dejándola qara,  tallo pelado, los qarapulis vuelven a su sencillez cotidiana, sólo con cintillos verdes y rojos en los sombreros.
La recopilación de José Portugal Catacora es fundamental, permite rescatar el auténtico nombre de la kinua,  jiura o kiura, y de sus bailarines, los pulis, así como copiada en pentagramas por Virgilio Palacios. En la leyenda una rendida gratitud a las estrellas que se modificaron para germinar en la  cordillera, convirtiéndose en grano estrella.
Ella ha conquistado un lugar de bandera entre los alimentos. Falta  reconocer a los pulis que lucharon para aclimatarla en los yermos gélidos. No es justo que sus danzas se encuentren en vías de extinción. Aún se practican algunas  en Chucuito, Melgar, Carabaya y Lampa.
Alfonsina  Barrionuevo

domingo, 19 de julio de 2020


UN AURA MÁGICA
                  
Pueblo ruso impresionado con el descubrimiento de las Tumbas ...Una fuerza etérea detuvo a los saqueadores de la tumba del Señor de Sipán. Se llevaron muchas piezas de oro pero no volvieron. Uno de ellos sintió que no viviría mucho después de la profanación, según le refirió a Raúl Apesteguía, director de una galería de arte tradicional en la calle Belén del jirón de  la Unión, en el centro de Lima, a quien las mostró. Parece que aquel le conocía y siendo muy joven se le notaba sombrío al confiarle que intuía un fin trágico al cual no podía escapar. Así se publicó en un diario local y recortó una crónica que me mostró. De algún modo parecía una historia semejante a la maldición de los faraones de Egipto que castigaban a los excavadores de sus pirámides. Apesteguía me dijo que sintió un escalofrío cuando conversaron. Algo protegió el último sueño del gobernante lambayecano. Tal vez un familiar de alto rango enterrado con él, un sacerdote de espíritu fuerte que mando cincelar en una lámina de metal el relieve de su imagen, colocando sobre su cabeza, unos brazos y manos, unas piernas con sus pies muy estirados, desproporcionados, como un aura gigantesca, pura energía proyectada a la eternidad. Así es posible identificarlo en el Museo de las Tumbas Reales de Sipán,  energía protectora de sus restos mortales. 
Una anécdota pintoresca, una similar me contó el arqueólogo Arturo Jiménez Borja, quien llevó al Museo de la Nación en Lima a la momia de la señora de la Waka de Wallamarka, Lima. Tuvo varios guardianes de noche que se fueron despidiendo sucesivamente. Cuando preguntó el motivo no quisieron hablar, pero hubo uno que se lo dijo. Veían el borde de su túnica y su manto caminando por uno de los pasadizos. Entendió que quería que la devolviera a Wallamarka y la complació.  
Sobre el aura de la tumba del Señor de Sipán me llamó la atención porque las personas vivas desprenden un aura que puede ser dorada cuando están bien, plateada cuando su ánimo está bajo y gris si están con problemas. En este caso el aura prodigiosa rodeaba a un ser que había fallecido, el Señor de Sipán, rodeando su tumba en Waka Rajada.
Lambayeque: Ingreso al Museo Tumbas Reales de Sipán será gratuito ...
Entre las numerosas piezas que lo acompañaron se encuentran algunas de connotación mágica. El aura misma, de extremidades extrañamente alargadas; el felino volador que lleva sobre su cabeza una corona que registra sus  tres mundos: el cielo, la tierra y el mar; el collar de maníes que representa la dualidad andina, la mitad de oro y la otra de plata; el collar con cabezas que muestran paso por paso el avance del tiempo desde la niñez hasta la senectud, representando quién sabe el recorrido que hizo hasta que cerró sus ojos mortales; otro de arañas con cabezas humanas  relacionadas con la lluvia. 
Afortunadamente las huestes de Pizarro, después los encomenderos y luego los saqueadores del siglo XX, no alcanzaron a depredar todo. Hay mucho que está oculto sobre el pasado esplendor de una élite que era considerada sagrada, digna de usar joyas con brillo solar o lunar, porque se creía que el oro y la plata se habían desprendido de los astros. Waka Rajada era uno de los tantos montículos que ya habían sido tocados por la codicia cuando el arqueólogo Walter Alva, entonces director del Museo Brunning, debió sentir como el llamado de auxilio de unos brazos invisibles que surgían de su interior. El aura del régulo atravesando las paredes de su tumba al exterior. Alva y su equipo acudieron en su protección. El trabajo que los esperaba fue arduo. Mientras los buscadores de tesoros actuaban rápidamente para no ser descubiertos. Ellos debían ir en cambio con lentitud, limpiando con escobillas la tierra acumulada para preservar cualquier vestigio. Las capas se fueron retirando hasta que sintieron una mirada y algo así como un abrazo del señor que salía de sus sombras.
Los siglos trascurridos no han mellado su majestad.
Su hallazgo dio la vuelta al mundo y su nombre es muy conocido. Hay una serie de detalles como el empleo de las llamas por los mochikas para el transporte humano,  no sólo en esta vida sino en la otra. Su presencia se registra en las tumbas como si estuviera encargada de llevar su espíritu al lado de los guardianes astrales que quedaron para su custodia. La reproducción en molde de estatuillas o vasijas con formas de diversos personajes, entre ellos soldados, atentos a sus necesidades y a su servicio. La presencia de otros señores como si el lugar se hubiera convertido en un grandioso centro reunión. Cada uno en conexión de acuerdo a una mayor o menor categoría, tal los sacerdotes. En sus vestimentas y adorno se ponía a prueba la creatividad de los artistas que trabajaron para llenar las exigencias más estrictas. La interpretación tiene que hacerse ciñéndose a nuevos estudios. Un equipo que incorpore a especialistas de otras ramas del saber, antropología, biología, medicina, botánica, zoología, artes suntuarias, etc., que permitan cruzar el puente de  milenios que nos separan para encontrar raíces que nos pertenecen. En suma, los antepasados, tan importantes para cimentar esta identidad nacional con culturas que nos deslumbran con sus altos valores y nos llenan de orgullo.
Alfonsina Barrionuevo

domingo, 12 de julio de 2020


AGUAS MAGICAS

En invierno, mientras fuertes ventarrones agitan  las flores de los eucaliptos, una arteria gruesa, barrosa y caliente, salta  a un costado del cerro La Botica, a corta distancia de Cachicadán, distrito de Santiago de Chuco, La Libertad. La fuente debe estar  oculta en su interior y se abre paso en querella con el día. En tiempo de estío, en su falda, rodeado por muros de cemento, otro manantial bosteza haciendo globitos intermitentes que revientan dibujando una  ‘o’  sobre su piel cálida. Su corriente se desliza por el campo en  canaletas con los pies descalzos, dejando huellas de vapor  en su curso que son más altas cuanto más temprano.
Cachicadán, con su arco blanco de tejas rojas que da la bienvenida o despide al visitante  deseándole ‘feliz retorno’, es tierra de termas ferruginosas y sulfurosas certificadas por el sabio naturalista Antonio Raimondi en 1850. Sus vecinos y visitantes disfrutan  de su principal atractivo. La voluptuosa caricia del agua que ejerce acciones saludables cuando hay reumatismo, problemas gastrointestinales, dermatosis y otras molestias, relajando también las tensiones con un abrazo benéfico. 
CHIQUIÁN Y SUS AMIGOS / Armando Alvarado Balarezo (Nalo): RUMBO A ...Al atardecer y en noche de luna el ojo tiene ‘encanto’. No hay que dejarse provocar por su aura mágica. Hace cincuenta años, recién casada, Luzmila Carrión fue con su jarra para llenarla y sintió la fuerza de un extraño movimiento en sus bordes. El miedo puso alas en sus pies y se alejó. En la noche soñó con una bellísima mujer, muy alhajada, que la invitó a  su palacio de cristales. En la tarde siguiente los árboles susurraron dulcemente el llamado a sus oídos. En la tercera noche la dueña del agua volvió a aparecer ofreciéndole preciosas joyas. Así hasta cinco veces y vio cómo se abría el cerro, iluminado por dentro. Su esposo no quiso perderla y luchó con ella hasta vencer sus artes con puro amor.
Muy cerca, en Huaraz, la tierra se rompe y afloran las burbujas. El barro llamado akusha que se junta al fondo es un prodigioso cosmético, aseguran las señoras del campo. Las  industriosas madres de familia que conocen sus virtudes lo mezclan con miel de abeja y lo ofrecen para limpiar  las manchas del rostro, el acné, las espinillas y las líneas del tiempo.
En el cerro La Botica, y a esa cualidad se debe su nombre, crecen una infinidad de hierbas medicinales, obsequio de su dueño o señor a los hijos del lugar.  La variedad de especímenes que brota a cada paso haría la delicia de un botánico acucioso. Para encontrarlas, dice Luis Quispe Valverde, quientapa recoge la aromática palizada para el mate del desayuno, la suelda con suelda para el dolor de cintura y el corpusguay para curar la sangre hay que hacerle un regalo. Pedir permiso con una tapa de chancaca, un cigarrillo, coca y flores, al entrar en su territorio, es obligatorio. El señor del gigantesco vivero natural de plantas curativas, donde también hay zorros y algunos ofidios, es generoso pero le gusta la correspondencia. Como es su heredad, siente la falta de cariño, la indiferencia y si no saben cuál es la costumbre o se olvidan de hacerle una ofrenda dificulta  la búsqueda, esconde lo que se quiere o marchita  hojas y flores.

Al frente los cerros se arropan en mantos de color. El paisaje, oración polícroma  que se combina con el cielo, enciende las pupilas de acuerdo a la luz del día y a las estaciones del año. Hay bosques de eucaliptos y su fragancia abanica los pulmones. Cercados de cactus azules y otros de verdes esmeraldas surgen por doquier. Cuando amanece  el silbo de los tordos pone música en la campiña.

Viajes: Cachicadán, un paraje de ensueñoQuién podía imaginar que en Cachicadan ‘vive’ sin dejarse sentir Katekill, el soberbio señor del rayo y la tormenta, a quien buscaron infructuosamente los curas doctrineros de los primeros siglos españoles. Los mayores afirman que es uno de los últimos lugares adonde fue llevado por sus sacerdotes. La persecución fue implacable durante más de cien años. Katekill, similar del Illapa Inka podía anegar los campos o provocar las sequías. Su morada debe estar en el cerro de las aguas termales y las plantas medicinales, observando desde arriba, intocado, ajeno al sincretismo.
Las calles de subida y bajada no lo alcanzan. La Virgen del Carmen, patrona del pueblo, entró al valle tibio con los agustinos por 1797. Su iglesia se construyó después porque era sitio poblado y allí queda un registro de bautizos, matrimonios y defunciones en libros de viejos pergaminos. San Martín de Porres llegó mucho más tarde y entró  en manos de Rosa Acceda, una devota reumática que se curó con su fe y con los baños.
La gente lo adoptó como "hijo ilustre" después de varios hechos portentosos y se formó una hermandad en 1941. Hoy lo celebran cada 9 de noviembre, con alba en el día en que baja de su altar y festivo paseo de vacas, patas y cabezas adornadas con limones, flores y billetes. En el día de doces o vísperas, con jubilosas danzas de pallos, quiyayas, pishpillas que bailan tocándose la cara, turcos y canasteros, juegos artificiales y serenata de bandas. En el día del día  procesión grande y quema de castillos en la noche. Así hasta la octava con la promesa de volver, "si Dios nos presta la vida hasta el año venidero."

El árbol del eucalipto: características y usos
El ayni o ayuda se practica hermosamente. Las familias colaboran voluntariamente. Pueden ser  vaquillas,  chanchos,  carneros,  cuyes, fuegos artificiales,  sacos de maíz,  papas, trigo, arroz, azúcar, mazos de chancaca, cargas de leña y también donaciones de dólares y soles.
En esos días los caminos se llenan de peregrinos, ansiosos por deshojar sus alegrías y sus penas ante el santo, abrazar a sus parientes, visitar a sus amigos, saborear las primicias de la tierra,  jamones que saben a gloria, ocas dulces soleadas, cancha tostada, revuelto de papas, arroz de trigo, lenteja lino, manzanas, membrillos, quesillos con higos en almíbar, y gozar en las pozas, a flor de todos los poros, la calidez de esas aguas taumaturgas que los devuelven a felices tiempos.
José Alvarez Blas, hijo ilustre de Cachicadán, copió sus paisajes en sus lienzos y los capturó también con su cámara fotográfica.
Alfonsina Barrionuevo

domingo, 5 de julio de 2020


EL DIVINO ROBAPAN

¿Se puede robar una leyenda?
Parece que sí. Hace muchos años cuando fui a Oropesa, pueblo panadero del Qosqo, conocí al divino Robapan. Un Niño Dios, el mismo que aparece en la fotografía, al cual manos aviesas han sustraído de la iglesia.


Cuando pregunté por las imágenes que tenía en su interior me hablaron de una de maravilla, ‘el divino Robapan’, y me contaron su historia. La imagen estaba tallada en una pieza de madera, toda policromada  con ribetes de oro. Tenía la mano derecha levantada en actitud de bendecir.
En la época de los Inkas el cerro Pachatusan que mece en sus faldas del valle fue uno de los Apus principales de la comarca. A mediados del siglo XVI perteneció a las heredades del Inka Sayri Tupaq pasando después a manos de su hija Beatriz Ñusta. Ella fue entregada en matrimonio al capitán Martín de Loyola convirtiéndose en pariente cercana de San Ignacio de Loyola. Ambos viajaron a España y su hija Lorenza Ñusta nunca conoció el Qosqo. En 1572 el virrey Francisco Toledo ordenó la fundación del pueblo con el nombre de su tierra natal. En 1661 el obispo Manuel de Mollinedo y Angulo construyó su iglesia y la dotó con largueza, me dijo en el 2003 el alcalde Mario Samanez Yáñez. 

El antiguo marquesado de Oropesa ocupa un área privilegiada. En sus cercanías se encuentra Tipón, el gran templo inka del agua, de extraordinaria arquitectura con artificios para hacer correr el elemento líquido, con singulares cascadas artificiales, creando sonidos a su paso; Chuqepuqyu, la residencia del inka Yawar Waqaq, con una calle elevadísima donde cuelga la qaqachukcha, el pelo o las barbas de la piedra dándole un aspecto fantasmagórico al atardecer; y la laguna de Wakarpay, útima huella geológica del lago Morkil donde se asienta la capital imperial, Qosqo.
Por alguna razón se dispuso el uso de la harina blanca solamente para Lima ordenando la de segunda para el resto del país. Con esa harina de segunda Oropesa conquistó en 1985 el título de ‘la Capital Nacional del Pan’. Ardiendo noche y día su medio centenar de hornos proveen sus apreciados productos al gran Sur.  Chutas, molletes, rejillas, costras, tánta hurka para los compromisos, k’irkus, empanaditas, en días de fiesta los taitachamoqo’, panes redondos con la forma de la rodilla del Señor, antaño, a pedido, panecillos para las que daban a luz, y otros. En la procesión del Corpus panes selectos para las walkas,  collares de ofrenda que se cuelgan del el cuello de las imágenes de las vírgenes y santos. 

A continuación la historia del divino Robapan en un cuento infantil de tradición oral con los dibujos de Kukuli Velarde. Serie: ‘Travesuras del Niño Dios en la Tierra de los Inkas’:
Un día, una panadera de siglos pasados, entre muchos artesanos que  preparaban deliciosas y fragantes chutas, unos panes grandes, de tipo familiar, hizo un terrible descubrimiento. Sin saber cómo sus chutas desaparecían de la canasta donde las dejaba.

Ella trabajaba en un turno muy temprano porque en Oropesa los hornos estaban prendidos desde medianoche hasta el mediodía .A ella le tocaba el de madrugada y se iba después a descansar  un par de horas. Volvía y se llevaba su gran canasta para venderlas.
Alguien, sin embargo, comenzó a robarle sus chutas. El contenido de su canasta mermaba, debajo de las blancas y almidonadas manteletas conque las cubría. Era sigiloso el tal ladrón. La puerta de la habitación donde las guardaba permanecía cerrada con un candado ‘loba’ de tres vueltas, muy seguro. Le puso dos y hasta tres. Igual. Hasta que decidió montar vigilancia desde una  vivienda cercana. Su espera dio un inusitado resultado. Con sorpresa vio que las hojas de su única ventana se abrían hacia afuera. Unos chiquillos se pusieron en fila al costado y, ¡sorpresa!, un hermoso Niño Dios que había comprado, apareció en el vano, comenzando a repartir sus chutas.  Al terminar cerró la ventana y todo volvió a su normalidad.
La panadera encerró a la divina imagen en una urna y, ‘en su nombre’, preparó desde entonces unas chutas para los niños que iban, a su vivienda, por su ración.


Volví a Oropesa, al cabo de muchos años, cuando el pueblo había cambiado enormemente. Fui a la iglesia porque quería grabar al Divino Ropaban para mi programa del Canal 7. Ya no estaba en el altar de la iglesia donde llevaron la urna cuando su dueña falleció. Me apenó que robaran al Niño de leyenda.
Lo pueden ver en un cuento que escribí para narrar su adorable historia. Tenía su fotografía y la coloqué en el cuento para que lo conozcan. Quizá algún día pueda volver a la iglesia de Oropesa.  
Alfonsina Barrionuevo

domingo, 28 de junio de 2020


LIMEÑOS ALUCINANTES

En las alturas de Huarochirí la baja temperatura impregna el aire…
Tenemos que convivir con el virus sin dejar de luchar. No dejarse vencer es adaptarse a su temible presencia, sin bajar la guardia. En un principio la mascarilla, prenda esencial en la defensa, fue absolutamente blanca. El virus ha obligado a las personas a ser anónimas, esconderse tras ella, para no contagiarse. Al cabo de los meses de aislamiento el ingenio popular le ha dado color. El lápiz de labios de las damas ha sido dejado de lado, en recesión. En cambio las bordadoras, de norte a sur del territorio, han tomado la mascarilla volcando su inspiración en el indigesto tapaboca. Ahora, en el lugar donde estaba la sonrisa ponen una flor. ¿Cómo lo quieren, un clavel, una rosa, un amapola? Las chicas que atienden en la discoteca, hoy minimarket, le han añadido un gracioso gorrito que las protege también del frío. El antiguo sombrero con un velo cubriendo la mirada reaparece modernizado con el velo/mascarilla que deja espacio para los ojos y se convierte en bufanda. Los caballeros con calva están de plácemes con el gorro a lo Ricardo Palma o el kepí.

LAS INGAS - Conjunto. "Héroes de la Breña" de Huarochirí. - YouTube
Las ingas
¿Algo más? La iglesia católica está pidiendo protocolos. Necesarios, el culto, la misa, los bautizos, las bodas, tienen que seguir. A reinventarse, bajar el aforo de las iglesias. No se trata de reuniones infringiendo las disposiciones. Una propuesta siempre será bienvenida.

En las alturas de Huarochirí la baja temperatura  impregna el aire. El aliento se convierte en una nube. Los estiletes del frío se clavan en el cuerpo. El invierno congela hasta el ichu de los pajonales de Chankuya. Las viskachas se acurrucan en  sus cuevas y no saludan al padre Sol. El mal tiempo castiga a todos los seres vivientes de la puna sin distinción.

¿Habrá que calentar las manos de Santa Rosa de Lima, patrona de la provincia? Alguna buena devota le tejió unos guantes de lana y ella sonrió en la penumbra de la iglesia de Santa María de Jesús de Huarochirí. La bienaventurada limeña se encarga de proteger los frutales de las partes bajas. Subiendo de Lima, a medio camino, hay chacras dedicadas al cultivo de manzanas en Langa. Los agricultores de tierra tibia como Wanqata esperan el milagro de una carretera de doble vía para sacar sus productos en cantidad. En los árboles se quedan deliciosas paltas, chirimoyas y manzanas que no se cosecharan.
Nevado Pariacaca: Destino De Aventura
Cada treinta  de agosto hay feria en la plaza de la entrada. Al mismo tiempo que las frutas los huarochiranos venden dos variedades de quesos. Unos pequeños, envueltos en paja, si las vacas son propias. Otros, del tamaño de un adobe de varios kilos si los animales son de la comunidad. Los visitantes compran un kilo o dos para saborearlos en su casa.  
La imagen de la santa sale en procesión el día de la fiesta y a la hora del almuerzo los mayordomos ofrecen  el humeante ‘pari’ tradicional. Un caldo refocilante que se sirve con una piedra que se calienta al rojo vivo y hace hervir su contorno. Una gloria del pasado, pues, se trata de un plato prehispánico. La tarde se engalana  con la  danza de la cuadrilla de  las ingas. El Qhapaq Inka y sus ñustas llevan sobre el rostro unas máscaras ‘sui generis’ que consisten en un cortinaje de rutilantes monedas de plata, la única forma, dicen con respeto, de representar a los señores de un imperio. Al atardecer pasea por sus calles Warirumu, viejo personaje de una vieja edad.  
El vocablo Huarochirí, según Julio C.Tello, que nació allí en una casa que todavía existe, significa ‘tierra fría de altura’. Tello, el último de cuatro hermanos, fue hijo de un campesino amante de sus tradiciones. ‘Mi abuelo lo hacía levantar a las tres de la mañana para pastar el ganado, con mi madre que tenía seis años y así templó su carácter’, relataba Oscar Santisteban Tello, hijo de su hermana Elena.
El futuro Padre de la Arqueología Peruana estudió medicina y se graduó en Inglaterra. Fue empleado de la Biblioteca Nacional siendo director Ricardo Palma y se apasionó por la arqueología al ver en una revista de la Smithsonian fotografías de unos cráneos trepanados de Huarochiri, Choykoto, Shakeuma y Karwaytuve.
Amante de su pueblo siempre lo visitó a pesar de los inconvenientes del viaje por una trocha fragosa y polvorienta que llegaba hasta la mitad del camino, debiendo continuar la dura jornada a caballo. ‘A él le gustaba mucho ir a los baños termales de Kornaya’, decía otro de sus sobrinos, Francisco Cuéllar Tello. Sus paisanos lo recuerdan  con una hermosa plaza custodiadas por arrogantes pumas chavin, con un muro de cabezas clavas.

Estas son las lagunas más hermosas de Perú
En tiempos pasados, la provincia fue uno de los asientos de los belicosos yauyos, escribe Teresa Guillén de Boluarte. En 1534, Fernando de Soto y Diego de Aguero fueron los primeros en penetrar en la región. En 1586, en tiempo del séptimo Virrey, Fernando Torres de Portugal, Conde Villar Don Pardo, se estableció un pueblo como capital de la provincia de los Hanan Yauyos, con el nombre de Santa María de Jesús de Huarochirí, quedando en el camino que iba de Lima  a Huamanga y Cusco. Fue el tercer Repartimiento integrado por los pueblos de Sisikaya, Chorrillos, Chankaruma, Cheka, Huarochirí y Kinti. 
‘Cuando llegaron los españoles había diez mil indios tributarios, entre 18 y 50 años de edad, y una serie de creencias, pues Huarochirí era tierra de ‘magos’. En 1601, siendo cura doctrinero de San Damián, Francisco de Avila lo visitó con José de Arriaga. Catequizados a sangre y fuego los huarochiranos se convirtieron aparentemente. El espanto de Avila fue enorme al descubrir que mantenían sus cultos embozados bajo las ceremonias cristianas. Su celoso afán dio un giro inusitado al dar paso al  sincretismo.
Huarochirí, con treinta y dos pueblos, es una provincia que supera su aislamiento. La relación de Avila hecha en qechwa y traducida al español por el escritor José María Arguedas con el nombre de ‘Dioses y Hombres de Huarichirí’  es tema de numerosos estudios. El australiano Gerald Taylor,  quien aprendió el idioma inka para leerla, hizo una segunda traducción.
A través del manuscrito que se ha hecho famoso se descubren personajes sobrenaturales que arrancan de su medio geográfico. Tal el caso de Wallallo Karwincho, el dios autoritario, controlador de la natalidad, que exigía un niño para devorarlo cuando nacían mellizos, y al que se atribuía el poder de fructificar la tierra con su órgano seminal. Aunque Huarochirí se tornaba florido con su presencia era muy temido. Su opositor fue el majestuoso nevado Pariaqaqa, deidad guerrera de cinco  cuerpos, quien le presentó batalla. Su encuentro fue épico y lo venció luego de una tremenda persecución que remeció cielos y tierras porque eran elementos desatados. La roca golpeando a Wallallo-fuego, el viento azuzándolo, la lluvia, el granizo y la nieve envolviéndolo en anillos huracanados lo obligaron a huir hacia las heredades de los wankas de Junín, condenándole a comer perros en lugar de niños. Los huarochiranos rinden homenaje a Pariaqaqa en Mulluqocha, la laguna de las ofrendas, para que proporcione vida a los campos.
Otros personajes sobrenaturales como Wanpu, Kuniraya Wiraqocha, Soqtakuri, deidad de siete potencias, Uchuchullko, pequeño guardián de la fauna silvestre y otros, comparten su fabulosa existencia con los setenta y tres mil limeños que habitan su alucinante geografía. Limeños realmente alucinantes de los picos nevados,  punas, planicies, quebradas, valles, roquedales, desfiladeros, lagunas, ríos, manantiales y bosques acuáticos, donde unos y otros mezclan, sin tiempo ni medida, sus sueños y sus pesadillas.
Alfonsina Barrionuevo

domingo, 21 de junio de 2020


PIRGUSH,
EL PAJARITO SIN PLUMAS
El Perú ha sido durante siglos el consumidor ideal de literatura de niños de Occidente. Nos hemos criado con cuentos infantiles adorables de Perrault, Andersen, los Hermanos Grimm y otros. Nos han deleitado y hemos tenido involuntariamente ‘tapa/orejas y tapa/ojos’ para los nuestros. En los Andes* existen una infinidad de historias que conjugan la realidad con una  fantasía desbordante. Relatos que describen  paisajes naturales y paisajes humanos de sus diversos pisos ecológicos. En mis recorridos periodísticos encontré muchos que me encantaron, decidiendo  un día ponerlos en letras de molde en este nuevo siglo. Cuentos que los abuelos y abuelas  de los pueblos contaron a sus nietos por generaciones. Los cuales, recreados en un buen formato y con dibujos atractivos, podrían entretener a los pequeños lectores, descubriéndoles la riqueza de un mundo pleno de imaginación, con  una variedad de tradiciones costumbres y vestuarios propios de cada región.  Algunos temas aleccionadores como las buenas consejas de las lechuzas que son sabias, otros enteramente fantásticos o referentes a características curiosas de nuestra flora y fauna, tal como la guerra que organizó una orquídea o rarezas de murciélagos, entre quinientas especies, que comen frutas, se dedican a la pesca para almorzar o chupan con sus largos picos el néctar de las flores.

Pensé que los niños tendrían una lección con los apuros del pirgush, un pajarito friolento, sin plumas,  que solo tiene un ropaje de pelusa por holgazán; los aprietos de  Asa, la  neblina, Wayra, el viento y Lunto, el granizo, que querían volver a jugar en el campo; los ardides del picaflor para ganar en un campeonato de aves; los afanes de la sirenita de la Saraja para salvar a su pueblo y la alegría vivificante del Niño Dios saltando el plik plak en un monasterio de clausura.

Los niños de la ciudad conocerían detalles de la vida en el agro,  el anuncio de las lagartijas de que va a llover en los golpes morse de su colita en la puna o las rondas de los kivios, aves limeñas que dan vueltas hasta que caen embriagadas por el vértigo con las patitas para arriba; los saltos acrobáticos del sapo walo, el más grande de la omagua,  o la iluminación de los senderos por los pinchinkurus, luciernagas  magas que se convierten en estrellas.
Es necesario que los  conozcan todos los niños, aunque en dibujos, porque deben saber cuánto hay en el Perú para afirmar su identidad. Lo dijo en el libro ‘Cusco Mágico’ el periodista Hernán Velarde: ‘Para amar al Perú hay que conocerlo.  El Perú no puede ser salvado por los mercenarios de la lucha, por los ‘hombres universales’, por los ‘ciudadanos del mundo’. Para amarlo habrá que conocerlo primero, conocerlo; divulgarlo  y para divulgarlo, sentirlo.’ 
María Reiche, la gran estudiosa de las panpas de Naska graficó la importancia de  los cuentos a base de la tradición  oral en su introducción al libro: ‘Huchuysito, el pequeñito’, que transcribo:
‘Los cuentos antiguos, sobre todo de los pastores y agricultores  que observan lo que hay en su ambiente, son muy importantes. Hay que coleccionar lo que existe. Las sagas o leyendas de los pueblos viejos del mundo se parecen mucho, pero se diferencian por el medio que influye en la formación de su propia imagen. Ahora que no hay lugares aislados y que se habla en varios idiomas en todas partes, esas bellas historias contribuyen a la formación de una unidad cultural. Son la mágica herencia de cada país.
Enseguida va un cuento que ilustró mi hija Kukuli Velarde. En total son doce láminas en el libro original.



EL MUKI
-¡Qué extraño! Hace varias noches que veo esa lucecita en el cerro, junto a la vieja mina. ¿Qué será, allkito (perrito)? Lástima que solo sabes ladrar. Dejaré la canasta de setas a la abuela y nos iremos a ver qué pasa.
Llegan y encuentran a un pequeño personaje. 
-¡Hola! ¿Quién eres? –pregunta al niño el Muki, guardián de las minas de los Andes.
-Soy Panchito Illa. Esa cabaña que está abajo es mi casa. He visto tu luz varias noches y hoy decidí venir. ¿Quién eres tú?
-Me llamo Merki. Soy el guardián de las vetas de oro, de plata, de cobre, de … ¡todo! Dejé que vieras mi lamparín, ´pero no venías. ¡Estoy muy solo!
-Qué pena. Si tú quieres podemos ser amigos.
-Será hasta que crezcas. Después no podrás verme.

- Oye, ¿qué están haciendo esos hombres? -pregunta Panchito, quien no se ha dado cuenta que el muki lo ha llevado a otro tiempo.
-Estás viendo el pasado, amigo. Aquí fueron obligados a trabajar miles de hombres para sacar oro y plata. La mayoría moría en el interior. Los mineros blancos que abrieron esta mina y otras hace mucho tiempo,  querían ser ricos a cualquier costa.
-¿Y qué pasaba?
-Ellos llevaban pólvora, encendían una mecha y volaban las rocas. Algunas los aplastaban. También morían de hambre, de frío, de tristeza por estar lejos de sus familias.
-¿Cómo se sentía el cerro cuando rompían sus entrañas?
-Al sentirse herido el cerro ocasionaba derrumbes. Llenaba de agua los túneles y me decía que hiciera perder las vetas.
En eso se escuchó una voz inmensamente preocupada.
-¡Panchito! ¡Eeey, Panchitooo! 
-¿Quién se atreve a venir hasta aquí? –inquirio el muki.
-Es mi amiga Maticha – la disculpó el niño.
-Aquí estoy Mati, continuó apurado.- ¿Sucede algo?
-¡Una desgracia, Panchito! El cerro de Kancharani atrapó a la pequeña Asunta. Su hermanito lo vio.
-No  creo, debe haberse perdido por allí. Los cerros no atrapan a los niños, -objetó el niño. -¿Verdad, Merki?
-Ese cerro está encantado. Será mejor hablar con su guardián. ¡Vamos a buscarle! –contestó, -agregando que los niños no deben caminar solos en la noche.
-No todos los cerros son iguales, -concluyó. -
-Tú me llamaste con tu lamparita, acotó Panchito.
-Es cierto, así fue porque quería ser tu amigo. No te preocupes, hablaré con el muki del Kancharani.
-¡Ey Kotaaa! ¿Dónde estáas Kotaaa!


-¿Quién me llama con tanta urgencia? Debe ser algo muy importante.
-¡Hola, Kota! Yo te llamé porque tu cerro atrapó a una niñita. ¿Podrías convencerle que la devuelva? Ella es muy pequeña y debe estar llorando.
-La he visto, el  Kancharani está fastidiado con sus lloros. Quiere soltarla pero hay  que hacerle un regalo y se sentirá contento.
-¡Mira, también atrapó a otras niñas! ¿Podremos sacarlas de allí?
-Se divierte con sus danzas y sus canciones. Pero le hablaré. No es malo. No se da cuenta del daño que hace.

-Kota, ya tenemos la ofrenda. Flores, hojas de coca, una naranja, tierra comestible  y otras cosas.  ¿Crees que el señor Kanchani nos devolverá a Asunta y a las otras niñas?
Al cabo de un rato Kota se despidió.
-¡Las niñas ya están saliendo! Estoy oyendo  en mi corazón las palabras de mi padre, el Kancharani. Está agradecido y alegre por el regalo que le han hecho. Yo también de haberles ayudado.
-Las obras avanzan bien, Francisco. Ahora la extracción de los minerales se ha modernizado.  
-¿Escuchaste que un niño juega con el muki de este cerro?
-Francisco, ¿tú crees en los mukis y en los cerros?
-Te contaré un secreto. Yo conocí a un muki y fuimos amigos.
-¡Fantasías, Francisco! Pero, hacerles una ofrenda es simpático y no me incomoda. Sobre todo si piensas que los cerros están vivos. No está prohibido complacerlos.

domingo, 14 de junio de 2020


LUCHO REPETTO,

DE LOS CHACHAS AL CAIRO


Hoy, cualquier día, cuando el fuego me convierta en un montoncito de cenizas, derrámenlas en los caminos para que los niños jueguen con ellas… y agregó, pero, cuidado con mis pensamientos.
Dejó de leer y volteó la página para viajar del reino de los chachas venerables, Chachapoyas, al Cairo, Egipto, donde exhiben las fabulosas piezas que acompañaron a los faraones en su último sueño. Allá disfruto del trote en un dromedario y mandó a sus amigos abrazos dromedarios o sea, kilométricos.
Un mediodía Lucho, Luis Repetto Málaga, recordó con cariño sus inicios en la casona señorial del jirón Camaná. En las aulas  con rumor de voces juveniles descollaba el verbo encendido de Mildred Merino de Zela. Apasionada del folklore, ella lo introdujo en el mundo del arte popular que los limeños de esa época se empeñaban en desconocer.  Los artistas  que llegaban de Puno con los hermosos toros vidriados no se atrevían a pasar más allá de la plaza del Porvenir.  
Lucho admiró su insistencia y cruzó tantas veces el zaguán con la imagen de la Virgen Lectora y la escalerita enramada al borde del  patio, que al cabo se quedó. En 1975 cuando los enemigos del arte popular objetaron que se diera el Premio Nacional de Cultura al retablista Joaquín López Antay, Mildred levantó a la intelectualidad también nacional en su defensa. Como una valiente consecuencia en 1979 logró que se inaugurase con el apoyo del historiador José de la Puente Candamo el Museo, entonces de Arte Popular del Instituto Riva Agüero de la PUCP, donde él, según me dijo, comenzó su carrera y encontró un segundo hogar. 

En una Lima rodeada de verdura, sin más chirrido que el de los tranvías, el de Barranco y los urbanitos, desplegó su sed de horizontes buscando los testimonios vivos de la continuidad del arte de otras épocas en manos creadoras. Durante años no se le encontraba mucho en Lima, pues estaba en cualquier parte del país adonde iba en poncho, chalina y sombrero para arrostrar el polvo y el frío de los caminos. En una ocasión cuando se abrió una exposición de homenaje a Doris Gibson, fundadora de la revista ‘Caretas’, no llegó a tiempo porque una lloklla, aluvión, lo retuvo en Recuay, Ancash.
El estirón de Lima de aldea virreinal a urbe populosa remeció su espíritu  con los cambios imperantes en su etapa de modernización. Le tocó asistir contrariado al destrozo/ despedazamiento de los últimos balcones antiguos que tanto quiso proteger el quijote florentino Bruno Roselli y al desalojo de  la Peña Pancho Fierro que albergaba las valiosas piezas de arte popular que Alicia Bustamante recogió peregrinando olvidadas comarcas, par dar paso a un insípido y anónimo edificio de oficinas.
En una entrevista en el 2015, en Pax Televisión con motivo de la muestra ‘Alfonsina Total’, la nostalgia invadió los últimos minutos al hacer un rápido recuerdo de las actividades realizadas por el Museo de Artes y Tradiciones Populares de Riva Agüero en Lima, las provincias y en el exterior; exposiciones itinerantes, mesas redondas y conferencias  que enaltecían los valores culturales de cada lugar, y el incremento de su colección con las  colecciones emblemáticas de Elvira Luza y Arturo Jiménez Borja de máscaras y trajes de danzas tradicionales, de Pablo Macera, Mariano Benites, Guillermo Ugarte Chamorro y Alfonso Respaldiza, entre otras. El Museo mantuvo siempre las puertas abiertas, política que trato de imprimir a los museos que en ciertos días reciben a  visitantes inusuales que quieren sublimar su espíritu con la contemplación de obras de arte perenne, de los antepasados y los nuevos talentos. 

Ministro de Cultura lamenta el fallecimiento de Luis Repetto ...En su gestión Lucho obtuvo maestrías de museología en Bogotá y Ciudad México que dieron vuelo a su natural disposición para impactar al público con las muestras que se efectuaban dos o tres veces al año. Su organización impecable, secundado por un equipo eficiente, con Claudio Mendoza, cuidaba desde el planeamiento de lo que iba a ir en las siete salas del segundo piso del instituto hasta las invitaciones y catálogos. En sus ambientes los arcángeles de cuellos largos de Hilario Mendívil poblaron de color los grises días invernales, los ch’ullus del Sur generaban una sensación de abrigo y la evocación artesanal de Santa Rosa de Lima un toque de serenidad. En el desarrollo de la cultura peruana, decía, hay dos elementos principales, el mate o calabaza que se presentan sin interrupción desde Caral, 5,000  años, y la cerámica; y un doble hilo conductor a través de nuestro algodón y el pelo de alpaka.
En la sangre de sus padres, él de Huánuco y ella de Arequipa, Lucho hallaba como herencia sentimientos bien definidos por el arte y la tradición de nuestros pueblos.  En sus días de colegial, cuando vivía en la Magdalena, entabló una relación de amistad con la waka Wantili, escenario de sus juegos, donde lo buscaban en las noches con linterna porque le gustaba quedarse en su cueva. En Pueblo Libre, ya estudiante de la Unidad Bartolomé Herrera le atrajeron las ferias artesanales de La Marina donde encontró otras gentes de diferente indumentaria, que hablaban otras lenguas, el qechwa y el aimara, que vendían lindas cosas y despertaron su interés de conocer las tierras de dónde venían. Con el tiempo fue un hombre puente, así se llamaba, que introdujo a los artistas populares en la ciudad.
Presente en muchas Semanas Santas confesaba la emoción que sintió en la capilla del Señor de los Temblores del Qosqo. Subió a su altar para ayudar a bajar la santa efigie y al tocar al magro Cristo a quien aman tanto los cusqueños lo conmovió la fuerza que emanaba de su cuerpo. Las cruces de mayo estuvieron en Riva Agüero, presentes en los retablos de los seguidores de López Antay,  como en las bellas estampas que desplazaron a los cajones de San Marcos, el patrón de los ganaderos. Inspirador del Museo de la Marinera de Trujillo no perdió de vista a los elegantes campeones  y también a las mujeres del campo que podían hacer gala de su destreza bailando con un cántarillo rebosante  de chicha en la cabeza, sin derramar una gota.   
En noches de verano, hermanas de las noches en la waka de su infancia, Lucho  guiaba a grupos en los circuitos que diseñó en el Cementerio Presbítero Maestro. Sabía mucho de los personajes que duermen el sueño eterno en artísticos mausoleos de siglos pasados  y también de ilustres que excepcionalmente están allí enterrados. En el momento final nadie se lleva bienes materiales, Lucho se llevó vivencias de una vida ricamente vivida y tal vez en el último segundo el Taitacha del Qosqo le dio su  bendición.
Alfonsina Barrionuevo