domingo, 28 de junio de 2015

EL SECRETO DE LOS KHIPUS
El martes concluye la Exposición Fotográfica de “Wakas del Qosqo” en el Museo “Casa del Inka Garcilaso” de Cusco. Me provoca nostalgia porque me voy nuevamente de mi ciudad.  Estuve como siempre con cielo azul de bandera, el sol tendiendo sus puentes de luz en calles y plazas. Hallando a mis amigos con una sonrisa y un saludo. Mirándome en las imágenes como soy, optimista, risueña, sin ceños ni melancolías. Amo la vida, sus oros prendidos en el aire, sus corcheas saltando en las cuerdas del viento, sus mil pies enhebrando  himnos en el agua.  Mis manos acariciando sus muros, arrancando sones dormidos en la María Angola, hilando las nubes de hoy y seguramente las que vendrán mañana en mi pushka. No importa si el tiempo desfila con sus estandartes. Volveré cualquier día para encontrar la mirada cariñosa de Julia, la sonrisa de Abel, las historias de Lizardo, la música de Jorge, el señorío de Quina , la creatividad de Maxi. No se fueron, están en mí, como yo quedaré en aquellos que leen mis líneas.  Lo que escribo ya no es mío. Quedan en ti.
Cada fotografía de aquellas estarán muy pronto en el libro como un espejo de lo que estoy en contra en la memoria de los khipukamayoq.      



SENDERO DE ORQUIDEAS

En el teclado de mi computadora cada letra se convierte en una orquídea en  homenaje a José Koechlin y su esposa Denise Guislain por restaurar y conservar  el bosque de nubes de Inkaterra Machupiqchu Pueblo Hotel,  en cuyos árboles se mecen estas flores de exquisita belleza. Es una parte del entorno mágico del santuario inka donde ellas parecen estrellas que se descolgaron del cielo. Son unas trescientas setenta y dos especies que saltan entre mis dedos aromando con su perfume comillas, signos de admiración, números, puntos, paréntesis y guiones, mientras yo camino en mi memoria por su sendero, donde circulan turistas que llegan de cualquier punto de la tierra para copiar en sus pupilas sus delicadas y caprichosas formas.

Presiono una tecla y es la misma orquídea que admiraron los chavin, hace milenios, inmortalizándola en la piedra. Otra es Wiñay Wayna, Epidendrum secundum, la doncella inka, que acarició con sus dedos de pétalo un glaciar del nevado Salqantay recibiendo el don de vivir en flor del Apu de la Eterna Juventud. Sigo y encuentro la Waqanki, Masdevallia veitchiana, que no pudo amar al guerrero que la descubrió, en una noche de luna bañándose en la cascada, y llora por haberlo perdido. La Epidendrum pachakuteqianum evoca al poderoso señor que recibió el mandato de las fuerzas cósmicas y telúricas de construir Machupiqchu en su cima. Entre las recién descubiertas la Kefersteinia koechlinorum ’Denise’, por los cuidados que ella les brinda. Más o menos al final la Epidendrum quispei y la Telipogon quispei que recuerdan a Moisés Quispe, el excepcional jardinero jefe, antes agricultor, que aprendió a identificar, coleccionar y cultivar las orquídeas nativas hasta que ellas lo llevaron a su paraíso. Nunca sabremos qué orquídeas fueron convertidas en mujeres por los espíritus de la foresta, según la leyenda,  pero deben ser encantadoras por haber tenido sus antecesoras el corazón de una orquídea como paqarina o lugar de nacimiento.
En el teclado hay muchas más que lo llenan de colores  como si el arco iris se hubiera entretenido con la paleta de un pintor, haciendo maravillas; blancas con venas granate, amarillas moteadas con marrón, azules con blanco, fucsia en degradé, rosadas de tonos fuertes y suaves, púrpura casi negras; en fin una colección interminable, en las que puso el embrujo de sus pinceles. Viéndolas entiendo como despertaron la admiración de José Koechlin hace veinte años.

La historia del sendero, donde el sol mide la fuerza de sus rayos para ser una leve caricia y la lluvia camina de puntillas respetando su fragilidad, es conmovedora. Primero, porque restaurar bosques talados no es fácil. Es una tarea de tiempo; días, semanas, meses, años, de sembrar árboles, para que volvieran las orquídeas a reinar en su habitat, sacrificando espacios rentables en obsequio de su ambiente. En un lugar devastado por agricultores que, en su urgencia de vivir, no percibieron la grandeza de los cerros adyacentes, el majestuoso Putukusi, el recio Kutija y más allá las frondas crespas del Kollpani, es justo que La Society American Orchid considere los jardines de Inkaterra como el de mayor cantidad de orquídeas nativas expuestas al  público en su medio natural en el mundo.
 La bióloga residente Carmen Soto siente ternura por esa naturaleza pujante  asociada a su vida y se preocupa por deshacer algunos mitos. No son parásitas como se cree, no todas carecen de fragancia o provocan rechazo. Algunas como la Trichopilia fragans,  la Kefersteinia koechlinorum o la Pleurothallis resoluta, desprenden una fragancia deliciosa al anochecer. Hay orquídeas  terrestres que crecen a nivel  del suelo, litofitas sobre piedras y rocas,  epifitas abrazadas a los árboles meciéndose en las hamacas del aire o  incrustándose en los troncos como preciosas miniaturas que se aprecian mejor lupa en mano, hemiepifitas que trepan desde abajo en una hilacha vegetal en busca de la luz y saprofitas que gustan extrañamente de la materia en descomposición.

El libro “Orquídeas” de Inkaterra compendia con excelentes fotos y dibujos los secretos de estas flores mágicas que merecieron estudios apasionantes  de cusqueños como Fortunato L. Herrera y César Vargas, siguiéndoles otros peruanos y extranjeros. Ellas pueden ser hermafroditas o masculinas y femeninas. Sus agentes polinizadores varían. Abejas macho que al impregnarse con su esencia se tornan en amantes irresistibles; mariposas alas de cristal o dípteros que descienden suavemente en su “pista de aterrizaje”, cubierta por un polvillo parecido al polen; y colibríes verdiblancos o cola de raqueta que se mantienen en equilibrio para sorber su néctar. Cuando maduren sus frutos unos cuatro millones de semillas volarán a balancearse en los columpios de la brisa en busca de un hongo de germinación. Llegarán a su adultez en cinco o seis años y así otra vez en los jardines de Machupiqchu Pueblo Hotel que son un gran centro global de conservación in situ de orquídeas y el mayor banco de germoplasma creado para repoblar áreas afectadas.

Con las orquídeas se vienen sobre mi teclado el gallito de las rocas andino que es una llamarada viviente y escucho nítidamente en una grabación increíble al perico gorrinegro, al chotacabras ocelado, al jacamar frentiazulado, al hormiguero gargantillano, a la cotorra carirroja, al rondabosque rayado, al relojero coroniazul, al colibrí pechicastaño, al carpintero olivacero, al cucarachero bigotudo, al quetzal cabecidorado y hasta ciento cuarenta voces aladas de sus reservas.  En el sendero hay lugar para un oso de anteojos que estuvo recluído en una jaula donde apenas podía moverse y ahora se siente en libertad, con desayuno a la carta y hasta un “spa” cristalino para bañarse. Su vecino goza de las mismas comodidades y un osito pequeño  aprende a vivir en libertad, con sus propios alimentos,  para buscar un día su pareja.

Extrordinaria labor de Joe Koechlin,  su esposa Denise y sus colaboradores que protegen una innumerable y preciosa familia en Machupiqchu, iluminados por los Apus del Urubamba y su Pachamama.
Alfonsina Barrionuevo

domingo, 21 de junio de 2015


FRENTE A LAS WAKAS DE QOSQO

Gracias a los khipukamayoq el Qosqo tiene otra dimensión para mí. Mientras los árboles de la vieja quinta Lomellini susurraban historias olvidadas volví a ver al poderoso Ayar Auka, plegando sus alas, con una última mirada al valle salvaje, antes de convertirse en piedra. Un poco después llegó sombrío Ayar Manko, después Manko Qhapaq,  y decidió asentarse en el lugar, fundando la ciudad que soñó con sus hermanos. El sol buriló con sus rayos  un espacio abajo, y lo dedicó a su padre celeste, el Sol,  Apu Inti, llamándole Intikancha.  Más tarde, entre los cuatro recintos sacros quedó el recuerdo fundacional. Pachakuti Inka Yupanki hizo colocar una piedra de río pulida, Qaritanpukancha, “el lugar donde el hombre ungido por las cirucnstancias, el gran Manko, su antepasado, decidió  poner la semilla de un imperio.”
He vivido muchos años en Santo Domingo, donde está el Qorikancha, y nunca imaginé que en la plazoleta, donde jugaba el plik plak con mis amigas,  existieron ocho wakas amadas por una población de sacerdotes y pobladores. Que allí estaba Warasuinse,  “en cuyas orillas se generaban los terremotos”; Willka Nina, “la del fuego eterno”; Th’uruka, “el padre barro”, Kinkil y otras que  están en mi libro “La Memoria de los Khipukamayoq” que voy avanzando día a día.

Desde el 2011, cuando me lancé a investigar las wakas de Machupiqqchu,  comencé  a sospechar que tras el muro curvo o semicircular del Qorikancha había una waka, igual que allá, en el santuario maravilla del mundo.  Lo confirmé con el arqueólogo Raymundo Béjar, quien trabajó en el equipo que restauró el convento y la iglesia de Santo Domingo después del terremoto de 1950, y me dijo que allí había una enorme wanka  que contribuía a sostener con uno de sus extremos el altar mayor.  Todos la vieron como una simple roca, ignorando que ella manejaba el sistema pétreo de Qosqo. Pero, mi alegría fue sin igual cuando descubrí su nombre en la relación de wakas y seqes. Ella se llama Subaraura. Raura quiere decir arder, dijo una maestra qechwista que visitó a Ana María Gálvez, mas fue imposible aún saber qué quiere decir Suba, Suwa, Suta, etc. Los españoles no sabían hablar el idioma inka, lo escuchaban mal y lo escribían peor.  Por ahora se llama Subaraura y me gusta que tenga un nombre porque así sera llamada, tendrá identidad.


IMÁGENES EN VITRINA

Ana María Gálvez  ha puesto en una digna vitrina a las wakas que envié en imágenes a Qosqo. Ella es la Directora del Museo Histórico Regional “Casa del Inka Garcilaso”, cuyo nombre debe ser simplemente así, sin Chinpu Oqllo, como se llamaba su madre. No he leído que nadie cargara con los nombres maternos, ni en qechwa ni en español. El Inka cronista usó como patronímico el apellido del padre y  en buena hora, porque no encajaría en el colchón de Garcilaso, ni Manuel, ni Francisco o Gonzalo.
En la sala de exposiciones temporales armé una mesa de ofrenda inka aprovechando nudos de los khipukamayoq que contabilizaron granos de maíz, mama sara; de kinua, mama kihura; unidades de papa, mama aqsu; otros alimentos, pallares, frejoles, maní, y también algodón de colores más trozos de wira, una pluma de cóndor, dos de papagayo, conchas y una estrella de mar, completando los ingredientes con minerales y tierras de colores.  El catálogo que es una atención de la Dirección de cultura Cusco a los expositores fue un hermoso recuerdo para los asistentes. Hablaron sobre mi trabajo con generosidad el escritor Luis Nieto Dégregori, por la Dirección de Cultura; Luis Repetto, director del Museo de Arte Tradicional de la PUCP de Lima; y, Oscar Oaredes, antropólogo de la Universidad Nacional de San Antonio Abad.
Esta muestra, -que ha contado con la simpatía y el aliento de la Empresa Minera Antapaccay, del Grupo Aranwa, de la Cátedra de la UNESCO de la Universidad Ricardo Palma y de Samaca Perú-, es muy importante para mí. Como sucedió con las fotografías de las wakas que ubiqué en Machupiqchu y que tomó Peruska Chambi, es un previo a la publicación de mi próximo libro: “La Memoria de los Khipukamayoq”. José Alvarez Blas, gran médico liberteño y fotógrafo de excelencia, se ocupó de las wakas naturales, nevados, cerros, ríos, espinos y manantiales,  y Fernando Seminario Solaligue de las wakas de la ciudad, para lo cual  recorrimos  durante muchas horas las calles de Cusco viendo los ángulos que se precisaban para que fueran apreciadas. En Lima trabajé con mi hija, la arquitecta Vida Velarde, para extraer del catastro el plano del Cusco Inka, ocupándose del acabado el ilustrador Ricardo Pachas. 
He dejado de hacer trabajos que me ayudan a vivir para investigar, pero este esfuerzo lo hago con alegría porque es algo que quiero dejar a los que aman y tienen orgullo de nuestras culturas. Si quería  ubicar las wakas del Centro Histórico de Qosqo yo tenía que conocer su historia y entrar de lleno en la concepción que tuvo Pachakuti Inka Yupanki del mundo andino. No sé si lo estoy logrando pero me fui más allá de lo escrito en khipus peruanos y en letras europeas. Lo digo porque quise arrancar del  lago Morkill,  que se desaguó hace unos trescientos mil años y cuya excelente reconstrucción hecha para el Museo me permitió usar  Ana María Gálvez, para presentrar el Qosqo Inka desde sus orígenes remotos hasta hoy, en que luce postergado y ultrajado, a veces por propios y extraños, que hacen pintas en sus muros y  hasta los rocían bárbaramente con ácidos, como si sus piedras,  sagradas para los Inkas, los ofendieran o merecieran su rechazo.
Quizá vaya hablando un poco más de las wakas en adelante, aunque quiero reservar  lo que tengo avanzado para el libro.  Hay más que caminar le he dicho a Seminario, que hará más fotografías y deberé pasar más tiempo con los manuscritos, apuntes y libros junto a la computadora. Como  otros amigos investigadores  me gusta trabajar.

Alfonsina Barrionuevo


viernes, 12 de junio de 2015

LA WAKA DE QARITANPUKANCHA

Si alguien me hubiera preguntado dósde fundó Cusco Manko Qhapaq hubiera respondido genéricamente, “en el valle del Watanay”. Como decir en cualquier parte. Me parece increíble saber ahora que lo fundó donde está el Qorikancha.
No he necesitado retroceder en el tiempo. Ha sido muy fácil. Alguien con  poder: Kusi Yupanki/Pachakuti después, se informó del acto y como, en ese tiempo, no se usaba construir monumentos indicó que se considerase el centro del patio, dentro del  santuario, para crear una waka: Qaritanpukancha, en su recuerdo.
Los especialistas fueron gente adiestrada en el manejo de khipus propios y antiguos, donde se registró en una cuerda con nudos la ceremonia.
Foto: Dr. Josè Alvarez Blas
Al organizar la ciudad y el sector religioso el inka urbanista evocó a su ilustre antepasado para que se le rindiera homenaje, y, se reconociera su decisión de markayoq para ubicar en el lugar un gran templo dedicado al Apu Inti, Padre Sol de los Inkas.  
En la Exposición Fotográfica que se abre el lunes 15 con fotografías de José Alvarez Blas y Fernando Seminario Solaligue se exhibirá  la hermosa foto que ven Uds. del patio del convento de Santo Domingo. En la fuente habria estado una piedra redonda. pulida por las aguas de algún río cercano. que representaba a Manko Qhapaq.
La piedra ya no está pero queda la presencia de su espíritu. Me han ayudado en estos pasos de investigación la Empresa Minera Antapaccay y la Cátedra de la UNESCO de la Universidad Ricardo Palma.
Todavía queda camino para recorrer. Mi libro sobre los khipukamayoq y sus versiones está listo para el próximo año si encuentro mecenas que apoyen esta labor. 
                               

EL PODER DE QOYLLUR RIT’I

Una estrella que irradia su magnetismo a un nevado es la razón del peregrinaje a Qoyllur 
Rit'i. Para comprender su misterio  hay que ubicarse en el Cusco cuando el virrey Francisco Toledo intentó desalojar a sus manes tutelares con una deslumbrante concentración de 117 imágenes religiosas de los virreinatos y audiencias de América.
Vano esfuerzo del gobernante que quiso cambiar con su despliegue de vírgenes y santos un mundo diferente que conecta las fuerzas de la naturaleza con la tierra y el cosmos.
Cómo retirar  al sol que da vida y calor desde el cielo; a la luna que maneja las mareas; a las estrellas que deciden las siembras, la multiplicación de los animales y marcan el destino de los hombres; a los vientos que en husos gigantescos arrastran las enfermedades; a la lluvia que baja presurosa cuando se raja el labio de los surcos; al fuego  que abre sus flores ardientes en la tierra.
Cómo romper el carácter sagrado de una ciudad donde tenía su templo algo tan frágil como el sueño y donde se albergaba la   muerte, sin discriminarla de la vida, su gemela.  Lo único que logró el arrogante virrey fue el sincretismo, integrar las imágenes religiosas de su mundo a la ecología del nuestro.
En el siglo XVIII cuando se descubre una movilización religiosa andina hacia el nevado Qolqe Punku, "Puerta de Plata", en la cordillera del Ausanqati, se produce un discurso similar. El obispo Manuel Moscoso y Peralta, subestima a la gente de la cordillera  y cree que podrá revertir las creencias.

Para ello entreteje con sutileza la historia de Marianito Maita, pastorcito de alpakas en la hondonada de Sinak'ara, que juega con el Niño Dios. Al ser visto se hace una redada, un ch'ako humano con yanakunas de Paucartambo y Quispicanchis. Acorralados ante un árbol de tayanka Marianito muere y su amigo se convierte en un Cristo que pasa al farallón frente al Qolqe Punku. 
La tayanka, la roca, el Cristo sangrante, vuelven a crear el sincretismo del Corpus Inka. El Señor de Qoyllur Rit'i es objeto de una fe adorable pero continúan las tradiciones ancestrales. 
Más de veinte mil romeros que acuden del gran sur alternan ambas creencias. Rezan al milagroso Señor y cientos bailan en el atrio de la iglesia en policroma ofrenda. Paralelamente realizan sus prácticas rituales. Hacen sus pedidos para tener casa y canchas para el ganado usando pequeñas piedras en las faldas del nevado. El culto a los muertos se manifiesta en la  procesión de una cruz que cargan los ukhukus o pabluchas con las túnicas de los que murieron en los glaciares. Antes bajaban del nevado haciendo ulular sus poros y llevando  bloques de hielo para los ritos de purificación. Ahora ya no por por el proceso de desglaciaciòn que sufre Qoyllur Rit´i. Otros rituales secretos son la feria de los sortilegios y los baños lustrales que son exclusivos para los altomisayoq.

Al terminar la misa de fiesta muchos siguen a Machucruz y Yanakancha para el saludo al sol con "¡hayllis!" o vivas hasta el próximo peregrinaje. La estrella debe alumbrar hasta entonces el camino de sus vidas.

Alfonsina Barrionuevo


          

domingo, 7 de junio de 2015


LAS CIENCIAS DEL YACHAY Y EL MUNAY

La palabra religión no existe en el mundo andino. Son las ciencias del espíritu y su conocimiento a través del sentimiento y del razonamiento, lo que llamamos munay y yachay. En el antiguo Perú, mientras unos se dedicaban a las conquistas territoriales, otros se aplicaron durante milenios a las ciencias del espíritu, llegando a establecer una conexión con  la naturaleza y el cosmos. Existió un diálogo con la tierra, los nevados y los cerros, la piedra, el agua,  el viento, el fuego, la flora y la fauna, llegando también a lograr un contacto muy especial a nivel cósmico, con el sol, la luna y las estrellas.

En Pachakamaq, el santuario de los oráculos, había sacerdotes, los wakawillaq,  que hablaban con las wakas -espíritus que habitaban en sitios sagrados-; los p’unchaywillaq que hablaban con el sol y hacían sus pronósticos de acuerdo a los solsticios, los hamp’ikuq que leían en las vísceras de los animales, los  mallkiwillaq que hablaban con el espíritu de los antepasados, los ripiaq que absolvían las preguntas de los atletas, los mosqoq que descifraba los sueños, los sunkuyoq o mamasqa que eran psicólogos y miraban en el interior del corazón de los hombres y así,  otros.

Hasta hace unos veinte años se creía que esas ciencias habían desaparecido, quedando sólo vestigios en algunos rituales como las ofrendas a la madre tierra y a los cerros para pedir la prosperidad de los campos. El advenimiento de un nuevo Pachakuti  en 1992, después del Pachakuti negativo que comenzó en 1492 marcó el inicio de una nueva era en el Perú y un acceso que se va abriendo cada vez más a estas ciencias o religión, como se quiera llamarla, que está volviendo a mostrarse. Desde el momento en que llegaron nuevas gentes a través de dos mares se creyó que había sido extinguida después de un arrasamiento que motivó la destrucción de sus templos y la muerte de sus maestros o sacerdotes para imponer una religión que se originó en Israel. Francisco de Avila se hizo nombrar extirpador de idolatrías pero en el el Perú no había ídolos. Los llamados como tales eran en realidad receptores de energía, vasocomunicantes de las fuerzas telúricas con las fuerzas del cosmos. Cuando los llakuases se fueron de sus tierras los guardianes del agua se convirtieron en litos o piedras para seguir cuidándola.

Por casi cinco siglos no se supo que los sobrevivientes llegaron a escapar y se escondieron en los lugares más recónditos del Ande donde no pudieran ser encontrados y así fue hasta ahora. En el Perú de hoy se les conoce muy poco. La comunicación de las ciudades y también de los pueblos con las comunidades andinas prácticamente es muy lejana. Hay un distanciamiento por un falso concepto de superioridad de la ciudad que desconoce sus valores, la riqueza de su tradición oral, su talento creativo en diversas artes, sus profundos conocimientos del agro, de la astronomía y otras disciplinas.
La tecnología avanza todos los días pero en la tierra de los Inkas el espíritu tiene vigencia sobre la materia y de allí la actualidad de los sacerdotes andinos, que de algún modo hay que nombrarlos. Se trata de los punkuyoq, conocidos también como altomisayoq y kuraq akulleq, que alcanzan  rangos de acuerdo a  su entrega a conocimientos que les son dados. Hombres sabios y también mujeres que pueden invocar la energía del Teqsemuyu, el universo. 
Ellos no son gente común ni hay escuela donde sigan un aprendizaje. Mas bien son elegidos por las fuerzas de la naturaleza y por eso su camino es largo, complejo y lleno de pruebas que nunca terminan. Algunos, muy pocos, son elegidos mediante una iluminación o carga sagrada de energía,  el hanaq pacha k’aqya o rayo que baja del mundo celeste o superior y los posee.

En el plano más alto su labor es de carácter profético, carismático y místico. Su poder está basado en una relación directa con seres espirituales del mundo andino. (El karpay es obligatorio para pasar de la jerarquía o rango de ayllu altomisa, a llaqta altomisa y  suyu altomisa) Cada año tienen que hacer baños lustrales, ritos de purificación con inmersiones en aguas heladas, etapas de aislamiento, abstenciones en la vida cotidiana y otros actos secretos.


LA MAGIA DEL PRESENTE

En el mundo andino el concepto del tiempo es de plena libertad. El tiempo no existe para el hombre andino. En el mundo occidental el tiempo pasa, es un producto del reloj. En el mundo andino el hombre andino pasa el tiempo y el tiempo, el purun pacha, es infinito. Por eso el pasado y el presente son circunstancias temporales. Hay que preocuparse más por el misterio del presente, porque el presente es el que se proyecta hacia la eternidad. El ayer, el pasado es una experiencia que se aplica en el presente. El por venir siempre será presente cuando llegue el momento.  Por eso es sabio vivir la magia del presente.

 
Su concepto de la muerte se basa en manifestaciones de los ancestros cuando se busca su consejo. Los que mueren se van a vivir otra vida pero nunca se apartan de sus seres queridos. Son los mallkis a quienes se habla y se encuentra en el interior de la sangre, en el fondo del corazón.
La tierra o Pachamama es uno de sus principales contactos. Es la madre  que ama a sus hijos y les proporciona vida. Los cerros y nevados, que son los Apus, Jirkas, Achachilas, Aukis, aukillos, Wamanis, protegen al campo y a sus pobladores.
La Hatun Mama Qocha, el mar, tiene influencia a través de las lagunas y de los ríos quue son sus hijas e hijos.
La hoja de la coca vive, el grano de maíz vive, el cerro vive, la tierra vive, decía Jorge Lira, profundo conocedor del sentimiento del hombre andino y agregaba, en la mente del pueblo tiene además conciencia. La tierra vive y es el punto donde se encuentran el tiempo y el espacio. El pasado y el presente han nacido de ella y todos regresan a ella. Los alimentos nunca son despreciados porque como tienen vida sufren el maltrato y pueden irse.

La energía se irradia desde el mundo en que vivimos, los Andes, pero también desde el cosmos. En los atardeceres en las partes altas se nota un gel, una capa blanquecina, semitransparente que baja del cielo y otra que sube de la tierra. El Inka Pachakuteq cuando subió a Machupiqchu y llegó en una hora mágica se convirtió en vaso comunicante del cielo y la tierra adquiriendo energía y sabiduría de lo terreno y de lo alto.
La gente que maneja la energía puede hacer muchas cosas, hasta vencer la gravedad, como los pawaq que vuelan con su cuerpo físico que es como un templo y se trasladan de un sitio a otro.  A simple vista son gente común y corriente. Pero, sólo a ellos se acerca la ch’aska o lucero para abrirles un sendero de luz, la mamayaku o madre agua corre  por el interior de sus arterias y las purifica, la mama qaqa o madre piedra infunde fuerza a su espíritu y la mamakoka les revela lo que viene.

El Qosqo conserva lugares sacros ignorados como Amarumach’ay, el templo de la luna. Entrar a él en cierta noche de luna equivale a introducirse en la matriz de la Pachamama. Por un orificio superior las fuerzas cósmicas y telúricas penetran a la cabeza de los participantes mientras ellos “viajan” a la inversa hasta cuando eran un óvulo antes de ser fecundados. Al volver reciben nuevos poderes. 

Sus oraciones son poéticas: “Padre de arriba, creador de  todas las cosas, maestro de todas las cosas, cuida a tus hijos.” A la Pachamama y a los Apus: “Mesa de oro, mesa de plata, tierra sagrada, espíritus de los cerros, que ningún pesar o desgracia nos siga.”
Los altomisaq y kuraq akulleq trabajan a nivel espiritual. El problema de la ciudad  es la demasiada acción, el demasiado diálogo interno, la enfermedad del miedo, la falta de tranquilidad, la ausencia de fe, la inaguantable presión, el stress que ataca a los nervios.
Antes de empujar la puerta, digamos del poder de los Andes, esa puerta misteriosa,  la ciencia andina del Munay puede ayudar infundiéndoles tranquilidad. A quienes lo necesitan hay que ldevolverles a su centro, dicen los conocedores,  porque esa gente está descentrada: el ánimo lo tiene fuera. No hay persona más descentrada que el  director de un banco, por ejemplo. Hay que centrar su ánimo, buscar como empujarlo a su lugar. Para esto hay varios métodos. Métodos de meditación, métodos energéticos y muchos más. Para poder asimilar la acción del Munay o sentimiento tienen que hacer un proceso de purificación. Tienen que calmarse, limpiar su sistema nervioso, limpiar sus bloqueos, empujar su ánimo al   centro. Que puedan usar la energía de su cuerpo.

Si la gente quiere que la energía fluya por su interior, como agua de vida, hay que hacer fluir este elemento para que queden limpios, además de hacerles trabajar moviendo las reservas de energía espiritual que no usan. La gente  trabaja con el 30% de su energía. Hay que  extraer esas reservas energéticas y activarlas, no sólo para trabajar sino para vivir más concientemente el misterio de la vida, más concientemente la alegría de la existencia, no hacer de la vida una tristeza, una preocupación sino un canto de alegría, estar bien, crear un espacio para cada uno, porque la alegría es un diamante que la gente está perdiendo. Estar conciente no es estar con la mente, es estar conectado con las fuerzas más grandes del cosmos, del universo. Hay que dejar que esta magia del cosmos pase al cuerpo dice Américo Yábar. No dejarse  obsesionar totalmente por el trabajo, no permitir que su vida se mecanice. Hay que despertar la energía salqa. Hay dos manifestaciones. Una uywa y otra salqa. Uywa es la energía domesticada. Algunos se han domesticado tanto que se han mecanizado, que han perdido su karma, han perdido su energía virgen, su energía cósmica. Tenía  razón el poeta Juan de Dios Peza cuando decía que no sólo han muerto aquellos que descansan en  una tumba fría. Muertos son también aquellos que tienen muerta el alma y viven todavía. Hay que tener conciencia de la energía salqa. la energía no domesticada, libre, que tienen todos los seres vivos del planeta, lo que es un milagro. Una energía creadora. La energía uywa es como la energía de la gallina. No es buena, no es mala, no tiene que verse moralmente, simplemente es gallina. Con qué energía quieres trabajar. ¿Con la energía de la gallina o la energía del puma o del cóndor? 
Recordar que tenemos una energía salqa es un gran salto, una transportación increíble de que estamos vivos y al estar vivos estamos conectados a una creación absolutamente divina, cósmica. Con la existencia de Dios, fijémonos en lo sagrada que es. Recordar la energía salqa es una de las pocas opciones que tiene el hombre en el planeta.

Este es uno de los tantos fundamentos de la ciencia andina del saber; de la ciencia del Munay y del Yachay de los Inkas.

Alfonsina Barrionuevo

domingo, 31 de mayo de 2015

¿PODRIA IRSE EL QOSQO INKA?

 

No estoy pensando que el Qosqo se calce ojotas de oro y se vaya de una ciudad que no lo aprecia. Iría con él si hubiera posibilidad de un acto así de rebeldía. Sucede que los muros no se moverán por sí mismos. El problema está en que los muevan. En los últimos años sufre ultrajes de extraños y propios. Ya no se trata de pintar sobre ellos con pintura blanca o negra. Se llega a usar ácidos contra las hermosas piedras como si ellas ofendieran con su presencia.
Ahora que estoy trabajando para mi próxima Exposición Fotográfica en el Museo Histórico Regional “Casa Inca Garcilaso” el próximo 15 de junio advierto que son pocos los muros que quedan. Los españoles desmontaron prácticamente el Qosqo Inka para asentarse. Esa tarea  destructiva llega al siglo XXI.

El propietario de una galería que da a la calle Maruri retiró una parte del mismo para una construcción moderna y creyó que podía volver a ponerlo como estaba. El resultado fue desastroso. Lo hizo a vista y paciencia de las autoridades de la ciudad, -de la Municipalidad que podría haberle puesto una enorme multa y evitar la barbaridad cuando comenzaba a cometerla, del Instituto de Cultura que debió haber puesto el grito en el cielo, de las instituciones culturales que podían haber hecho alguna denuncia, los corresponsales de los diarios de Lima como la noticia de una atrocidad, los periodistas de la misma ciudad y aún los vecinos. Pareciera que hay más amor por las edificaciones virreinales, que también deben cuidarse.

 En 1983 el Cusco fue declarado Patrimonio de la Humanidad y se recurrió a la prohibición de la UNESCO para impedir que se colocara la escultura de un Inka en la pileta central, argumentando que atentaba contra la majestad de las grandes iglesias que están allí –la Basílica Catedral y la Compañía- así como el entorno arquitectónico de las arquerías ibéricas. El pueblo, aquella vez, veló por defender la decisión municipal. Demostró que ya existió allí la escultura de un mexicano –Cuatemoc-  y mal habría que oponerse a la de un Inka en una Plaza Inka.
 
Hay que poner más énfasis en los pocos vestigios inkas que quedan de los Inkas en el Qosqo. Deben estar mejor iluminados en la noches y si posible encriptarlos como han hecho los frailes dominicos con la piedra de 22 ángeulos que existe en uno de los recintos del Qorikancha, en el primer patio del convento. El salvajismo y la indiferencia van de la mano. Hay que proteger el Qosqo Inka. Lo que queda en la  ciudad y que debe mirarse con orgullo y con cariño. No es mucho y esas piedras sagradas lo merecen. Llevan más de quinientos años en casas y calles. Son nuestras joyas, el recuerdo perenne de los ancestros que debe respetarse.              


 PUMAS CELESTIALES

Los pumas celestiales del Perú, identificados con la lluvia en la época prehispánica, se encuentran en diferentes regiones. Puede ser a nivel del mar como a más de 3,600 metros de altura. En los últimos meses hemos tenido noticias de  dos templos dedicados a estos felinos con relación a esa fuerza de la naturaleza.  
Un primer viaje me llevó a Chimbote, Ancash, donde me esperó el arqueólogo Lorenzo Samaniego para mostrarme el resultado de trabajos que está realizando en Punkuri, de Moro, un pueblo de Nepeña, Ancash,  gracias a un convenio de la Universidad Nacional del Santa, donde es profesor, con la empresa azucarera Agro Industrias San Jacinto. No esperaba que hubiera avanzado tanto en limpiar un cerrillo y rescatar un antiguo templo con más o menos 2,000 a.C.

Su información fue completa. El sabio Julio C. Tello en un recorrido realizado en 1933 advirtió en el lugar una primera escalinata y al hacer una excavación inicial  encontró una mujer decapitada, Tal vez  una sacerdotisa dice Samaniego, envuelta en tela de algodón recamada con turquesas. Tello nunca volvió, pero ese comienzo dio lugar a que fuera continuado 71años después.        

Samaniego refiere que las plataformas del templo se construyeron en tres etapas. En la primera apareció el relieve de un personaje recostado en el piso, en una especie de nicho subterráneo,  con atributos felínicos en la cabeza, así como otros  relieves de animales. En la segunda se encontró una escalinata pintada de rojo, una cámara sagrada con esquinas curvas pintada de rosa y  pórticos con columnas cilíndricas también pintadas.
La última terraza fue pintada de azul por los antiguos constructores, explica el arqueólogo, para representar el cielo y en su escalinata central se incrustó "en  bulto  la noble cabeza y las garras amenazantes de un felino, empotrado al estilo de las cabezas clavas de Chavin. 
Al mencionar que  la pintura azul tiene relación con el espacio infinito el animal adquiere de inmediato la jerarquía de  un puma celestial o cósmico, semejante a los hallados en las lajas pintadas de Tiknay, Arequipa. La diferencia es que se encuentra esculpido, determinando con su presencia que nadie podía subir su escalinata, pues, estaba en  el cosmos representado en la tierra.

Samaniego indica que la gran cabeza, de más o menos unos ochenta centímetros, fue destrozada en parte por los huaqueros y era negra, con pupilas de color blanco, fauces rosadas, patas verdes pintadas de rojo y las uñas de blanco. Debajo de la barbilla en una laja también pintada se llevaba la cuenta de los solsticios y los equinoccios. Para una comprensión de los visitantes ha hecho una reproducción tal como fue en el museo de sitio que se ha edificado con un cerco vivo que rodea a todo el conjunto de árboles nativos, algarrobos, molles, pakaes, choloqes, guayabos, guanábanas, lúkumos, chirimoyas y muchos más.

Afonsina Barrionuevo

domingo, 24 de mayo de 2015

SUBARAURA   
Foto: Fernando Seminario S.
He vivido en Santo Domingo, Cusco, mucho tiempo y jamás imaginé cuánto estoy encontrando hasta ahora. Recuerdo los catecismos dominicales cuando nos reunían a la gente menuda del barrio para rezar el santo rosario; la gran torre cuyas campanas nos despertaban con sus sones al vuelo, la imposición del cíngulo de Santo Tomás de Aquino, las miradas por encima de la reja del huerto dominico que daba a Arrayánpata, las bodegas de la esquina donde compraba pan de Huaro, el pequeño café donde servían muy temprano la nata deliciosa, el colegio mercedario cobijo de chiquillas con uniforme marinero,  pero nada de Subaraura, la gran piedra o wanka que manejaba el sistema pétreo de Qosqo. El torreón del Qorikancha formaba parte del miraje cotidiano sin que se supiera nada más.
Ahora, tiene para mí otra connotación. Cuando miro el muro semicircular amorosamente pulido pienso en una gigantesca roca clavada a varios metros de profundidad, -de tal manera que se creyó que esa parte estaba sobre otro templo prehispánico- porque no se sospechaba su existencia.          

  
En Machupiqchu hay otro muro a semejanza de ése y también una wanka. Pensando en ella me figuro cómo será ésta, magnífica, intocada tal como apareció después de que el lago Morkill se vació. Con su cima coronada de estrellas, soles, lluvias, neblinas. cantos de pájaros. La madre piedra que fue respetada por los Inkas y que hoy se halla oculta y sosteniendo en uno de sus extremos el altar mayor de la iglesia.  Algún día deben quitarse las baldosas que la cubren y dejar que se vea. No atenta contra el templo. Ella tiene su propia majestad. Algo más del Qosqo Inka que puede aflorar para ser reconocida.     



LOS REYES MAGOS DE SAN PABLO

Melchor, Gaspar y Baltazar vuelven siempre a San Pablo, tierra legendaria de plateros en Cusco. Aunque los actores del distrito no sepan mucho de su historia celebran el auto sacramental como hace más de cuatrocientos años.
Para esos días las fraguas se apagan, los fuelles de pergamino de cabra se cierran, y, el cobre de sus peroles se enfría. El 6 de enero con pretexto de la fiesta la gente salió de sus casas, hubo feria de frutas en la plaza y compra y venta de ganado en la panpa del municipio.
También misa, pero el número principal, como siempre, fue la Carrera de los Reyes Magos a cuya suerte se confía la prosperidad o se atribuye la miseria venidera.
Si gana el español o sea el rey blanco habrá abundancia y dinero. Si triunfador es el rey indio las cosechas serán buenas. Si vence el rey negro habrá que soportar la hambruna, dicen los vecinos persignándose para alejar los hados malos.

La mañana suele ser casi siempre lluviosa. Estuve allí cuando Doroteo Tito, el ecónomo de la iglesia, sacó con mucho cuidado al Niño Navidad de su urna, soplando el  polvo y las telarañas que lo cubren. Los comuneros de Rocona, Sunqoña, Chara, Sunchuchumo y Akala, bajaron  las cruces de las apachetas, cubiertas con flores, para que el taita cura las bendiga.

Foto: Alfonsina Barrionuevo
Sólo así podrán atajar al granizo en los días de tormenta. Sus ayudantes arreglaron las andas de Mamanchiq Belenta, la Virgen de Reyes, que en cada carrera anual interviene “regalando favores al afortunado”.
En el atrio montaba guardia el busto en bronce, también trabajo de los plateros sampablinos, del párroco Manuel Ponce que además de rezar refaccionó la iglesia, ayudó a hacer el puente de Santa Bárbara y participó en otras obras públicas que le conquistaron la gratitud del vecindario. Adentro, en la penumbra, se arruman mohosos el Patrón Santiago, un San Pablo penitente y el Niño de Praga o Wawa Wiraqocha.

También enormes lienzos donados en 1676 por Juan Yupanqui y Melchor Tauri y otros tesoros antiguos, casullas doradas y plateadas, manteles de encaje y capas con flecos oxidados, que de tiempo en tiempo los sampablinos dan de baja de común acuerdo.
Hace muchísimos años eran los ricos kurakas de Canchis los que montaban el auto sacramental de los Reyes Magos a instancias de los doctrineros que inventaron mil recursos para aumentar sus prebendas.
El papel de cada uno, me dijo Isaac Aragón, se heredaba como si fuera un mayorazgo de padres a hijos, hasta que fue decayendo. Hubiera desaparecido de no ser don Angel Tito, bachiller a mediados del siglo pasado que tomó con infinita ternura y responsabilidad la presentación de Herodes y los pintorescos monarcas.
En traje de civil arrugado, mustio, casi sordo, don Angel estaba muy lejos de ser el actor ideal para interpretar al orgulloso sátrapa israelita. Pero, había que verlo después, “en su balcón” de la plaza principal en ropa de carácter.
El hombre renacía dentro de la túnica larga, manto de florones, máscara  con barbas venerables y turbante con corona, dejando de ser el anciano ruinoso y apático, para adquirir fuego y sacar a escena una vena histriónica insospechada. Por algo era Herodes desde hacía cincuenta años.
A su lado, como segundón, estaba su secretario de levita, Eloy Cruz, y entre los dos, sólo con ademanes y movimientos de cabeza, lograban entretener a todo el auditorio, haciéndolo estallar en carcajadas. Herodes dictaba, no se sabe qué, y su escribano redactaba el contenido con una pluma de pato marcando puntos y comas imaginarios.
De vez en cuando los dos recorrían el horizonte con su catalejo de dos linternas unidas, para ver si llegaban los reyes y se rascaban impacientemente la coronilla.
Hasta que al son de pututus aparecían por una esquina de la plaza. La estrella de Belén es sólo de hojalata. Alguna vez fue de oro, después de plata y el ángel con alas de crepé y traje blanco era un mocetón que contenía apenas a su arisca cabalgadura. Melchor, Gaspar y Baltazar, cuyos nombres han sido casi olvidados, lucían vistosas capas raídas por el uso y montaban potros cerriles, bien cuidados para la competencia.
El diálogo duraba apenas minutos pero era suficiente para que los chicuelos se enteraran que buscaban al Niño Dios. Luego, todo el mundo corría a la panpa donde ellos ya se estaban poniendo en su sitio.
La Virgen de Belén es siempre “la presidenta” pero el juez de partida es el vecino principal y el juez de llegada un funcionario estatal.
En las vísperas y sin testigos cada rey con su respectivo altomisayoq hicieron los pagos a la tierra, invocando a los manes tutelares de San Pablo, Apus y aukis, para que “amarren” las patas de los caballos rivales y “pongan alas” al suyo.
El acto es de carácter ritual y cada uno tiene que cumplir, no se le puede engañar al tiempo. Sólo quienes triunfan tienen derecho a la prosperidad y a la riqueza, bajo el disfraz de los monarcas orientales que, en San Pablo, corren como vulgares mortales.
El que gana recibe en premio al Niño Navidad para ser su mayordomo al año siguiente.
Según la tradición el año será bueno para las comunidades del rey que gane. Si no, no importa. Los plateros sampablinos, expertos desde antaño, en “acuñar” monedas de plata de nueve y cinco décimos afirman socarronamente que puede ser más negocio acuñar monedas. Esta no es una broma. Son capaces de hacerlas aunque no lo lleven a la práctica.


Alfonsina Barrionuevo

domingo, 17 de mayo de 2015

MESA INKA EN QOSQO

El dieciseis de junio armaré una mesa inka de ofrenda en el Museo Histórico Regional “Inca Garcilaso” de Cusco. Al revisar distintas versiones de los khipukamayoq y declaraciones de taitas de las comunidades andinas del Valle Sagrado encontré los componentes que usaban hace más de quinientos años. Qué emoción componer nuevamente una de estas mesas en la capital imperial.  Solamente la pondré sobre una lliklla o manta. Nunca me atrevería a trabajar en ella porque si bien lo siguen haciendo ha cambiado mucho con el sincretismo y dista de las que se organizaban en el mismo corazón de un imperio, el Tawantinsuyu.

Un solo detalle con un solo elemento de la mesa puede dar idea de la connotación que debió tener. Hay un huesito del oído del kuye, kuwi o qoe, al que llaman popularmente “zorrito”. En las reuniones, cuando se sirve un kuye, se busca ese “zorrito” que da lugar a apuestas sobre quién lo encuentra y lo pone en su vaso, generalmente de cerveza, y logra ingerirlo de una sola vez.  Es muy difícil pasarlo, hay que tener suerte, porque el huesito se pega al cristal.
 En el mundo andino no se da ese uso al “zorrito”. En las fiestas donde se come kuyes se buscan los “zorritos”, pero no para competencias de bebida. Los “zorritos” son muy importantes para la siembra. Si es posible se coloca un “zorrito” en cada surco o wachu para que defienda a las plantas de papa, maíz u otras, de la agresión de plagas, del viento o de los excesos de agua. El atoq, como se le llama en qechwa, vela por los cultivos y al acto de buscarlos se llama atoqchay. La forma como se deposita en la tierra es un ritual que viene de lejos.
 En la mesa que armaré colocaré los atoq que estoy reuniendo para que vaya con buen viento la Exposición Fotográfica que haré de las wakas del casco histórico de Qosqo.  Los “zorritos” se encargarán de proteger su ambiente  y darle su fuerza,  su energía.
No dejen de ir si están en Cusco o si lo visitan en la segunda quincena de junio, en su Mes Jubilar. Les esperamos  con Ana María Gálvez, la gentil Directora del Museo,  y los  amigos con quienes comparto mis investigaciones.      

PUMAKAWA: PODER Y HEROISMO

Cuando Oscar Paredes me pregunto qué pensaba acerca de Mateo Pumakawa le expresé mi total rechazo. Había ayudado con saña, como otro español encarnizado, a la captura y ejecución de Tupaq Amaru. Su arrepentimiento tardío si lo hubo no fue válido. Si quiso morir como un héroe no lo logró. Siempre habrán dudas. Un lobo siempre es un lobo. Oscar Paredes, que es docente de la Universidad Nacional “San Antonio Abad” me alcanzó un trabajo interesante de su autoría sobre este personaje tan contradictorio. De hecho, siguió los pasos del gran revolucionario de linaje inka que luchó por la libertad del Perú y América. Veamos qué pasó para que renunciara a los honores que recibió hasta los setenta años para abrazar la causa independentista. Lo conversamos.

-Oscar, no hace mucho, cuando eras Decano de Ciencias Sociales,  reeditaste el estudio de Jorge Cornejo Bouroncle sobre Tupaq Amaru. ¿Por qué diriges ahora  tu atención a Pumakawa?
-Porque sus actitudes son complejas y da la impresión de que la perspectiva historiográfica llegó a su límite en su caso. No existen mayores investigaciones sobre aquellos hechos en los que participó, menos sobre su personalidad durante los últimos años de su vida, de manera que nos apoyaremos en la teoría política y el psicoanálisis, para dar algunos alcances de aquel hombre que, a pesar de su noble estirpe, también  inka, fue leal a un régimen opresor de su cultura y sociedad. Mateo Pumakawa Chiwantito, fue el resultado de todo un constructo social de más de dos siglos, posiblemente de compleja estructura psicológica y características psíquicas muy suigéneris, las mismas que determinaron sus formas de actuar ante las diversas circunstancias que enfrentó en las siete décadas de su vida. La andinidad de Pumakawa estaba enmarcada por el estatus de ser kuraka y Alférez Real de los Indios Nobles; mientras que su  “hispanidad”, se daba por la alta jerarquía lograda dentro de la estructura política colonial. De esa manera, entre nobles e indios de a pie, la lealtad estaba asegurada, así mismo la subordinación de la  persona, donde sus actitudes, pensamientos, sentimientos y repertorio conductual se desenvolvían  en un mundo de constantes contradicciones, inestabilidades, crisis identitarias, afirmaciones, reafirmaciones, negaciones de sí y consigo mismo, hasta  el momento que le cortaron la cabeza.

-Su caso es muy particular. ¿Cómo consiguió ingresar a un círculo cerrado de poder virreinal siendo un cacique o kuraka? ¿Cómo pudo moverse y ascender en esa élite?
- Mateo Pumakawa fue kuraka por herencia de su padre de las localidades de Chinchero, Maras, Guayllabamba, Umasbamba y Sequecancha. Estuvo en un colegio para nobles indios que luego serían caciques, ocupando sucesivamente cargos en la estructura política colonial. Fue internado, bajo la tutoría de los curas  para aprender la religión cristiana negando todo lo andino, aprendió la historia de los monarcas europeos, la gramática y retórica de un idioma ajeno, aritmética para desplazar el sistema de los khipus, latín para acceder a la teología, desde luego literatura, también occidental; así mismo modales, conducta y posturas de la nobleza española. O sea, fue despersonalizado y alienado, a fin de que tomara distancia de su mundo de origen.

-Por esos colegios pasaron otros hijos de “indios”nobles, pero no hicieron como Pumakawa una meteórica carrera de poder entre los españoles. Habría que preguntarse cómo hizo méritos para agradar a los enemigos de su raza.
- Por sus servicios recibió reconocimientos y privilegios. Nombrado Capitán de la Compañía de Indios Nobles de Chinchero, su fidelidad a la religión católica y lealtad a la corona invasora se haría irreversible. Fue en aquellos tiempos que  estalló la rebelión de José Gabriel Thopa Amaru y el militar Mateo Pumakawa, de ascendencia real cusqueña y kuraka o cacique, tomó parte por la causa monárquica.

-En una carta dirigida a España en 1800 declara cómo participó en su captura por su propia voluntad.
- En ese año Pumakawa era Coronel de Milicias y Capitán de Ejército y reclama la devolución de los documentos y certificaciones que hacen notorios sus servicios y su adhesión al Rey. Es curioso como en su interior sembraba semillas fértiles que  con el tiempo tuvieron resultados muy complejos y aun adversos contra el mismo sistema que lo cobijaba, siendo el caso más emblemático el conflicto José Gabriel Thopa Amaro-Mateo Pumakawa Chiwantito, que fue una seria advertencia al régimen. La respuesta monárquica, fue radical, por lo que antes, en 1787, ya se había creado la Audiencia y Cancillería Real del Cusco, dejando de ser Lima el único centro de decisiones políticas. Al producirse el movimiento de resistencia anticolonial de José Manuel Ubalde y Gabriel Aguilar, hace pública su posición de protesta contra esa conspiración y reafirma como Presidente de la Audiencia del Cusco su absoluta lealtad con el régimen. Aguilar y Ubalde fueron condenados por  la Real Audiencia y la pena capital se cumplió el 5 de diciembre de 1805.

-¿Qué pasa después con el kuraka de Chinchero para que cambie de actitud. Como si pasara del día a la noche insólitamente?
- Pumakawa llega a gozar del rango militar de Coronel de Infantería Española, jerarquía otorgada el 25 de julio de 1811 por el Virrey Abascal; luego vendría la alta jerarquía de Brigadier, concedido por el mismo monarca Fernando VII, con un sueldo de doscientos escudos de vellón. En setiembre de 1812 ocupó por segunda vez el cargo de Presidente de la Real Audiencia de Cusco.

-Cuando renuncia a las mercedes que reclamaba por sus servicios y demostraciones de amor al Rey ya era un hombre viejo para su época. ¿Prefirió dejar ese barco porque intuyó que se hundiría? Eso desmerece, deslustra al antihéroe.
- Las tendencias a los cambios políticos eran evidentes. La Constitución de Cádiz, promulgada por las Cortes Generales de España en marzo de 1812 fue la más  liberal de su tiempo. Establecía la soberanía en la Nación, la monarquía constitucional, la separación de poderes, sufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, de industria, el derecho de propiedad, abolición de los señoríos. Conocida la existencia de la nueva Constitución de Cádiz, Mateo  Pumakawa, como Presidente de la Audiencia debía cumplir con ciertos protocolos, que en fondo constituyen “ritos de paso” en el ejercicio del poder político, pero los fue posponiendo. Así demostró las contradicciones internas entre su lealtad a la monarquía y su apego a la nobleza india. En aquella lealtad se encuentran las pautas interiorizadas o que se autoimpuso desde cuando heredó de su padre el cacicazgo, no como obligación, sino como parte de lo bueno; mientras tanto, como parte de la estructura del gobierno colonial, estaba totalmente sujeto a las diversas normas emanadas desde el Estado virreinal, las mismas que venían a constituir una prescripción, o sea, la imposición de la voluntad de la autoridad institucional sobre el sujeto. Mateo Pumakawa, Presidente de la Audiencia del Cusco, es la negación de Mateo Pumakawa representante de los Indios Nobles del Cusco a través de la figura del Alférez.

-Dos extremos, ¿no?
- Los conflictos internos expresados en indecisiones fueron debilitando su   autoridad, situación favorable para un cuestionamiento que vino de algunos criollos y a través de memoriales. Su respuesta fue jurar lealtad a la Constitución de Cádiz. Al mismo tiempo reforzó el Regimiento de los Nobles Indígenas, actitud que fue censurada por el Cabildo de Cusco.

-O sea que entendieron su maniobra.
- Su situación políticamente se hizo insoportable. El  26 de abril de 1813, renunció a su cargo y se retiró a sus heredades de Urquillos. El Cabildo constitucional lo acusó de abandonar su puesto. En esas condiciones el 3 de agosto de 1814 estalla la revolución del Cusco y a la cabeza de tal movimiento se puso el Dr. José Angulo. Luego del apresamiento de los miembros de la Audiencia se constituye el Gobierno Interino encabezado por José Angulo, su hermano Vicente y extrañamente el Brigadier Mateo Pumakawa, a los 72 años de edad, deja la opción monárquica y se pone al servicio de la revolución y de la independencia.  En su nueva posición alcanza un triunfo en la batalla de Apacheta el 9 de noviembre y es derrotado meses después en la batalla de Umachiri, el 11 de marzo de 1815;  capturado en Sicuani, es encarcelado,  enjuiciado y ejecutado.

-Realmente incomprensible su actitud de dar un vuelco a sus convicciones para plegarse a la causa patriota. Qué reconocimientos o favores  esperaba obtener de sus nuevos partidarios. A su edad no tenía futuro. Por sus acciones anteriores pareciera más bien que fue traidor a la causa española y por eso murió.
-La reflexión debe continuar. Si rectificó lo hecho su heroísmo no debe ser olvidado.  El 17 de marzo, fue el bicentenario de su ejecución. Eso tampoco se puede negar.