domingo, 25 de mayo de 2014

LA DESGLACIACION AVANZA               

El  oleaje del mar golpea en las playas pedregosas de La Punta, Callao, Lima. La vista es familiar para sus vecinos. Nadie nota que ha subido de dos a tres centímetros. ¿Se imaginan qué pasaría si llega a sobrepasar siete metros?.
Hace millones de años, los cambios climáticos hicieron desaparecer a los dinosaurios. Hoy, estos cambios hacen pensar, según el metereólogo Mateo Casaverde y otros científicos, que a lo mejor estamos  en la antevíspera del fin de nuestra era.

La declaración es grave y parece exagerada. Los gigantes antediluvianos no fueron causantes de su extinción. Sería lamentable que la Humanidad, con todos los adelantos logrados, pierda sus jardines del paraíso en un tiempo que  está a la vuelta de la esquina. Los países desarrollados que son una minoría, agregan los científicos, son los responsables directos.    
La tierra está  acusando efectos devastadores que no se toman en cuenta. Generalmente por falta de mayor información o por minimizar la noticia de desastres que surgen cuando menos se espera.

Es increíble, pero en el mundo y en el Perú las previsiones son casi nulas.
Cada año se recuerda la necesidad de drenar los ríos que se colmatan en los meses de lluvias y de reforzar las defensas ribereñas, pero los trabajos nunca se realizan a tiempo. Urge reforestar masivamente las cuencas hidrográficas, pero tampoco se hace, hasta que las llokllas o avalanchas nos recuerden esta tarea pendiente.
La preocupación del estudioso Mateo Casaverde, quien fue director del Instituto Geofísico del Perú, viene de observar los nuevos efectos de los cambios climáticos que están aumentando en frecuencia e intensidad.


CALENTAMIENTO GLOBAL

Un artículo del estadounidense Andrew Thomson, de la Universidad de Ohio, precisa que se calculaba un plazo de cincuenta a cien años antes de que el calentamiento global fuese peligroso. Sin embargo, en setiembre del 2,002 comenzaron a adelantarse los pronósticos cuando apareció un “río” de agua dulce en el Océano Atlántico provocado por grandes  masas de hielo polar derretido. Se creia, así mismo, que en un futuro lejano habría inviernos muy frígidos en Norteamérica y Europa. Pero ya se están produciendo. 
En el 2004 el inglés David King, de la oficina del Primer Ministro Tony Blair, expuso que era necesario prepararse ante la catástrofe mundial que se venía perfilando. En la revista “Sciencie” escribió el resultado de sus trabajos y concluyó: “En mi opinión, el cambio climático global es el más severo problema que afronta la humanidad actual.”
        
A su vez Andrew Marshall de la Office of Net Assessment de los Estados Unidos, explicó como el derretimiento de los polos y los glaciares en el mundo generarán el desastre climático global más serio de la historia escrita al cortar a la corriente del Golfo (cálida) su capacidad de mantener alejados a Norteamérica y Europa de un congelamiento permanente, que mantiene en gran forma el equilibrio climàtico global.     
“El derretimiento de los glaciares en el Perú es patente, dice Thomson. En 1954, (un avión) DC3 de TAM se estrelló en el glaciar del Yerupajá. Cuando localizaron el avión siniestrado se veía la punta del timón de cola que desapareció bajo la nieve del glaciar. Pero hace unos años, andinistas descubrieron que en gran parte el hielo se había derretido y los restos del avión estaban expuestos a la vista por primera vez.”

“Si los glaciares de la Cordillera de los Andes continúan perdiendo nieve, agrega Mateo Casaverde, en menos de veinte años, según Thomson, bajarán los caudales del río Santa afectando poblaciones y campos de cultivo”. Otro tanto se puede decir de todos los ríos interandinos. Al respecto tendremos otros desastres naturales como erosiones, deslizamientos, aluviones, por la peculiar orografía de nuestro suelo. Casaverde señala que los problemas se magnifican en el Perú debido a sus 240 cuencas y subcuencas, donde se generan estos fenómenos geológicos.
“Ahora, continúa Thomson se producen incendios forestales en zonas que siempre fueron húmedas en Alaska, huracanes con fuerte frecuencia jamás vista en el Caribe. Incluso, por primera vez en la historia el norte brasileño fue azotado por un huracán.”

Gracias a fotos satelitales de 1973 a 2003 Andrew Marshall ha comprobado objetivamente que el 40% del Polo Norte se ha derretido en sólo 33 años, y que el proceso está más acelerado en la actualidad, con todas sus brutales consecuencias. Paralelamente, en los Andes peruanos, se ha comprobado la pérdida de un 35% de la masa de los glaciares. Es curiosa la posición de los científicos auténticos y los científicos “oficiales” en cuanto a sus declaraciones. En el Polo Sur el desprendimiento del glaciar Larsen A sorprendió a todos. Pero “los oficiales” rápidamente dijeron que no importaba porque había estado conectado al Polo Sur más o menos 10,000 años. Agregaron que el glaciar Larsen B que estaba detrás nunca se derretiría. Pero en el 2003, este glaciar, de aproximadamente 600 km2 de superficie, se rompió y se deslizó hacia el mar. Entonces, “los oficiales” afirmaron que se derretiría en seis meses, pero fueron apenas 35 días, elevando el nivel de las aguas de los océanos del mundo.
Eso no es todo. Otra masa llamada Glaciar de Ross se ha fracturado y elevado el nivel del agua en las costas de los países que están junto al mar. En general, se estima que el nivel de los océanos crecería entre 6 y 7 metros. “Eso sería terrible para La Punta, Callao, Lima,  y también para las islas, puertos y otras ciudades del litoral,” reitera el ingeniero Mateo Casaverde.

De suceder, territorios de la actual Europa del norte quedarían bajo una capa de hielo de varios cientos de espesor; y el norte de los Estados Unidos e Inglaterra pasarían a tener el clima de la actual Siberia.
Al existir, además de la Corriente del Golfo otras corrientes marinas, como la de Humboldt en el Perú, es posible que la costa se tornaría en una selva tropical pero con heladas constantes en la puna. Entre tanto, la Amazonía pasaría a ser un pajonal con algunos lunares verdes en las cuencas de los ríos con origen ecuatorial. El clima del planeta sufriría otros cambios radicales que durarían alrededor de 90,000 años.

“De acuerdo con las últimas investigaciones, el cambio climático radical global empezaría a producirse dentro de tres a cinco años y sería muy rápido. La especie humana está advertida por los científicos”, dice Mateo Casaverde. “Tenemos que ser realistas y previsores. Los pronósticos pueden parecer fatales, pero no tienen fines alarmistas. El propósito es obtener una reacción de los gobiernos, si queda tiempo.” Todos estamos advertidos.


Alfonsina Barrionuevo

domingo, 18 de mayo de 2014

LA PROFECIA DEL QORIQENKA


En P’isaq, frente a la soberbia ciudad inka, en un morro elevado sobre el Willkamayu, existe un monolito que tiene la figura de una mujer con el phullu o manta doblado sobre su cabeza. Ella es Inkill Chunpi, la hija del noble Wayllapuma, kuraka de esas tierras, petrificada por su curiosidad.   
Su pueblo estaba asentado en las alturas del gran cerro de las perdices. En  tiempo de lluvias sufría el asedio de los feroces antis y aunque tenía amistad  con los Inkas ellos no podían cruzar el río cuando aumentaba de caudal.

En estas circunstancias nació Inkill Chunpi y Wankar K´uichi, el oráculo del arco iris que estuvo prisionero en uno de los cerros, profetizó que ella resolvería el problema. “Uno de sus pretendientes construiría el puente que necesitaban en una sola noche.”
En efecto  la mano de la hermosa fue  muy solicitada pero apenas se conoció la condición impuesta por el temido Wankar K’uichi los pretendientes desistían.
Sólo un valiente mozo, Asto Rimaq, de origen walla, se atrevió a quedarse.

Lo hizo porque  “su mentor”, un ave increíble llamada Qoriqenka, que sabía hablar, le dijo que el puente se haría solo.
Ambos debían hacer el intento. Bajar hasta el Willkamayu, el río de encrespadas aguas. En su orilla se quedaría Asto Rimaq, y ella, pasando la corriente sin cuidado porque bajaría hasta sus tobillos debía subir el cerro regando lentamente sagradas hojas de coca.
Sin embargo no debía mover la cabeza  pasara lo que debía pasar. Si lo hacía ellos no volverían a verse y no quedaría esperanza para los suyos.
Nada más fácil, pero cuando ella sintió que las rocas se movían  uno y otro lado con un trajín colosal, arrancándose de sus canteras, chocando entre ellas. despidiendo chispas de colores con el fondo del cielo que de negro se tornaba rojo  y así otra vez, mientras haces de rayos lo rasgaban, no puo contenerse y se volvió para mirar. Al momento el movimiento cesó y todo quedó en silencio como antes.
El gigantesco puente no pudo hacerse. Ella se convirtió en piedra, nunca se supo qué le sucedió a Asto Rimaq  y ante la fatalidad el corazón de Waylla Puma se detuvo.

El Qoriqenka no pudo sobreivir a la pérdida de su joven príncipe. Antes de morir pidió que entregaran al Inka reinante tres de sus plumas. La amarilla, según indicó, era símbolo de riqueza; la azul,  sinónimo de sabiduría y la roja, de poder.
Siempre deberían estar juntas. Si las separasen determinarían la caída del Tawantisuyu. Wayna Qhapaq que no lo sabía, porque era un secreto, dividió las plumas que estaban sobre su frente, ceñidas por la maskapaycha entre sus hijos Waskar y Atawallpa”, llegando trágicos días para el imperio.

         


LA CIUDAD DE LAS P’ISAQAS         

A orillas del Willkamayu, el río sagrado que corre por cauces de piedra labrada  domeñando su furia, comienzan las franjas de luz y sombra de los famosos andenes de P’isaq. Una ciudad de leyenda que fue construída en una cresta de roca azul, casi sobre el aire, para avizorar el más hermoso de los valles cusqueños.
Los habitantes de P’isaq, que carecieron de tierras de cultivo, tallaron las laderas del mítico cerro Linle donde vivían patentando una agricultura aérea. En las gigantescas escalinatas que trepaban hasta la ciudad hicieron florecer el maíz más grande y dulce del imperio, las frutas más selectas, las flores más bellas y plantas medicinales diversas.
         
Allí llegaron a tener su asiento los khuyus, gente muy muy belicosa, a quienes los inkas pasaron por las armas, quedando sólo las mujeres y los niños. A Pachakuteq le gustó su paisaje y lo tomó para su panaka.
El lugar ya se llamaba P’isaq por la gran cantidad de perdices o p’isaqas que existían en sus escarpas. Hoy los campesinos han vuelto a llamarle con suma veneración Linle, sin que se pueda explicar el significado de esta palabra.
Henry Georges Squier, el ilustre viajero francés, habla con admiración de este monumento guerrero y afirma que en conjunto es tan notable como Saqsaywaman y comparable solamente  con los fuertes de las colinas de la India.

“En P’isaq, escribía el canónigo Maximiliano Rendón, destacan las murallas ciclópeas de la falda oriental, extensas y grandiosas,  las portadas de piedra que ostentan detalles precisos, de líneas perfectas. los admirables acueductos que conducían, como arterias por  la montaña sagrada, el líquido elemento a todos sus flancos y explanadas.”
“Aún se puede apreciar torres avizoras y bastiones a lo largo de los galayos del monte como nidos de cóndores, acueductos, sifones y alcantarillas, que conducían el agua en un espacio de unos siete kilómetros. Dos ciudades pétreas, un observatorio astronómico, templos magníficos, el intiwatana y la necrópolis en las oquedades de un peñón,  donde colocaban a sus muertos para que protegieran el sueño de los vivos.”

La ciudad inka de P’isaq se encuentra en magnífico estado siendo muy visitada. La ciudad española, fundada en a parte baja, se engalana cuando celebra a la Virgen del Carmen. la iglesia ha sido restaurada y pintada al estilo de las otras iglesias cusqueñas.

Los pueblos aledaños asisten a la fiesta con sus galas y en los últimos años se han formado conjuntos de saqras, qollas, waka wakas, qhapaq negros, qhapaq ch’unchos y otros que bailan en la plaza y acompañan a las imágenes que son dos.
Las santas señoras mellizas fueron encontradas en la pared de una hacienda que estaban desatando para cambiarla. Habían sido colocadas en cajas individuales y estaban intactas. La procesión a medio año puede ser aprovechada para visitar los barrios imperiales de la parte superior y asistir a la misa que es muy concurrida.
Un dato para los turistas. En los domingos hay ferias de artesanías de tejidos y cerámicas propias del lugar. Está a unos treinta kilómetros de Cusco y hay automóviles, combis y omnibuses de transporte.



Alfonsina Barrionuevo

martes, 13 de mayo de 2014


LA AMADA DEL SALKANTAY

Una ñusta  o princesa inka enamorada del nevado Salqantay subió hasta sus escarpas venciendo mil dificultades y acarició  sus nieves. 
El Apu, según la leyenda, admiró su valentía y la convirtió en una orquídea (Masdevallia amabilis) que crece a su lado. Su nombre es Wiñay Wayna, “eternamente joven”.
En el enfrentamiento del ejército inka con los rebeldes poqras de Ayacucho, los guerreros imperiales llevaron en sus escudos esta orquídea como insignia imperial. Los otros tenían como símbolo al wamancha o halcón. Su historia fascinó al sabio huarochirano Julio C. Tello, quien pensó que era el nombre adecuado para bautizar al último templo que da acceso al Santuario de Machupiqchu: Wiñay Wayna.








LAS   ORQUÍDEAS DE INKATERRA

En abril del 2006, antes de ascender con Verónica Haaker al Phutukusi, uno de los cerros guardianes de Machupiqchu,  tuvimos el placer de ver jardines de orquídeas de Inkaterra Machupiqchu Pueblo Hotel.  

Entre la neblina y la lluvia, Carmen Soto Vargas,  su bióloga jefe, nos mostró la Wiñay Wayna y nos fue informando con minuciosidad las características en general de estas flores de lujo. Teníamos la suerte de estar en su espacio vital, también recinto de helechos, bromelias,  palmeras y plantas nativas medicinales; aves como los colibríes, los quetzales y el relojero montés; igual que  osos de anteojos que disfrutan un banquete de frutas a diario en sus “suites privadas” o espacios donde se sienten casi libres.

Avizorar al gallito de las rocas, balanceándose como un tizón de fuego en una rama a corta distancia, fue excepcional. Igualmente, contemplar el vuelo de la mariposa alas de cristal o la presencia cerca de los bebederos de ejemplares desconocidos como el colibrí cola de raqueta.
Protegidas por sendos paraguas, ahí recibimos  una clase magistral de la bióloga comenzando desde la protección del entorno. En 1975, José Koechlin, de Inkaterra Asociación,  restauró bosques que habían sido talados por antiguos habitantes con fines agrícolas, y conservó los árboles nativos para recuperar especies de flora y fauna de interés o en peligro de extinción.
Su afán por defender el ecosistema del lugar, uno de los atractivos conexos al  santuario, lo impulsó a dedicar una buena extensión del área que ocupa su hotel con ese noble propósito. La Madre  Naturaleza le respondió con creces. Muchos viajeros llegan de otras partes del mundo exclusivamente para contemplar la diversidad de orquídeas que posee.

Machupiqchu es ideal para descubrir tal riqueza, porque en su bosque de nubes tiene cinco microclimas, desde los 1,800 hasta los 5,000 metros de altura.  Sólo en los jardines del hotel, el biólogo Ricardo Fernández, investigador del Museo de Historia Natural “Javier Prado” de la Universidad Nacional Mayor Nacional de San Marcos, ha registrado de 372 especies de orquídeas nativas, de las cuales muchas son nuevas para la ciencia en variedad, nombre y género.
La idea que se tiene de las orquídeas como una especie de flores grandes  y con colores llamativos, de pétalos alargados y hojas a manera de cintas” no concuerda con la realidad. Algo de eso conocía, pues, en un viaje a Chachapoyas me enseñaron que la mayoría de las especies de orquídeas son de flores diminutas.

Toda una mañana las fuimos viendo con la especialista. Unas muy pequeñas, de pocos milímetros de longitud, que se mecían en las hamacas del aire, o que aparecen como bellísimas miniaturas mimetizadas con  los troncos de los árboles. También dijo que no son parásitas como se cree. Hay terrestres que crecen a nivel del suelo, litofitas sobre piedras y rocas, epifitas abrazadas a los árboles, hemiepifitas que hunden sus raíces en el suelo y trepan en busca de luz, y de extraño gusto como las  saprófitas, que se reproducen sobre materia en descomposición.
Yo pensaba que las orquídeas no tenían fragancia, porque según otra leyenda descienden de una mujer que rechazó al guerrero que la amó desesperadamente, siendo fría y distante. Pero no es así. Con Carmen Soto nos acercamos a una cuya fragancia era exquisita. Unas perfuman el día, nos  explicó, y otras, la noche. En el caso de una tercera variedad  huelen mal, a carroña o pescado putrefacto.

Seguimos enterándonos de intimidades de las orquídeas. No imaginaba que alguna abeja solterona recurriera a beber su néctar insinuante en búsqueda de amor, llevándose además su polen en las patas. Los colibríes también las ayudan en esta fase y en mutuo beneficio. Igualmente  mariposas y hasta moscas. Luego de la polinización se forma el fruto o cápsula que  después de 3 a7 semanas de maduración producirá hasta 4´000,000 de semillas que se irán en alas del viento.
La duración de las flores es variable, entre una vez al año o a lo largo de los 12 meses.

Le pregunté a nuestra anfitriona de los senderos si la orquídea negra es un mito. Contestó que aún no ha sido vista. Por ahora interesan las reales. Una dedicada a Pachakuteq, el gran Inka legislador y urbanista, lleva el nombre científico de  Epidendrum pachakuteqianum, Hágsater & Collantes. Otra, la wakanki (Masdevallia veitchiana), que es muy bella  representa a Machupiqchu. Dos nuevas Epidendrum quispei, sp.nov y Telipogon sp, recordarán por siempre a Moisés Quispe, antes agricultor cocalero de la zona y luego  jardinero apasionado, quien aprendió a identificar, colectar y cultivar las  orquídeas nativas en forma autodidacta, hasta el año 2004 en que fue atrapado por un deslizamiento de tierra.

La Society American Orchid ha premiado otro estreno: la Kefersteinia koechlinnorum, Denise. Lo ha hecho en homenaje a los cuidados que prodiga a su ambiente Denise Guislain de Koechlin y en  consideración a que el jardín de orquídeas de Inkaterra Machupiqchu Pueblo Hotel es el centro de mayor cantidad de especies nativas expuestas al  público en su habitat natural en el mundo.
Sus áreas verdes, además de las circundantes —como las que se encuentran en la ribera del río Alqamayo― constituyen el mayor centro global de conservación in situ de orquídeas y el más grande banco de germoplasma creado para repoblar aquellas que han sido afectadas por factores antrópicos, como la tala, las quemas e incendios que caracterizan al período de estiaje y  el ganado que se come a las orquídeas terrestres como pasto, pisoteando el sustrato que es su hábitat.

La obra de José Koechlin y su equipo de biólogos, jardineros e intérpretes que trabajan para conservar las maravillas del entorno de Machupiqchu debe ser un ejemplo para otras empresas e instituciones dedicadas al turismo, pero que olvidan   al imán que puede ser la madre naturaleza,   en un país que tiene 84  de las 105 zonas de vida o pisos ecológicos  existentes en el mundo.

 Alfonsina Barrionuevo 


domingo, 4 de mayo de 2014

ALTAR SOLAR

En el Qosqo el altar solar estaba en la Aukaypata, Waqaypata o Plaza mayor. Un solo  cronista, de los que he revisado hasta ahora, lo nombra. Una gran piedra toda forrada de oro con una “teta”, que en las mañanas o tardes de lluvia era cubierta con toldos de paja, entretejida de tal forma que no pasaba el agua.

La teta me intrigaba. A qué llamaba “teta” el soldado testigo, Investigando  di con el clavo. La piedra era un intiwatana y la tal protuberancia el gnomo donde se apoyaba la figura del sol, una esfera de oro colocada sobre una especie de asiento-soporte de tres patas. Intiwatana o ushnu que da lo mismo.
El mismo soldado curioso adviritió que tal asiento estaba cubierto de diminutas plumas tornasoladas, de esos pajaritos que llaman pájaros tomines o picaflores, diminutos, plumas que le daban un efecto tornasolado y que se usaban sólo para la bola o bolo del sol.
Un descubrimiento que me llenó de regocijo al escribir mi libro “Templos Sagrados de Machupiqchu” y que comparto con Uds.



USHNU JUNTO AL CIELO  

Las auroras siguen pasando sus finas  manos de aire sobre la piedra tallada con primor, en los mediodías el sol siembra sus semillas de oro para hacerlas florecer y el arco iris hace flamear como antes sus banderas de colores. Los Inkas se alejaron un día por el camino del tiempo pero quedó el ushnu grandioso como huella de su presencia, comunicándose por escalinatas con una enorme plaza, como en Vilkaswaman, Ayacucho.

Fernando Moscoso admiró el altar pétreo en un espacio sagrado. El incansable periodista descubrió el lugar en uno de sus recorridos. La minería es su mundo y su pasión. Así encontró Kuranba, en la comunidad de los Kallaspuqyu, distrito de Huancarama, provincia de Andahuaylas,  Apurímac.
Hemos quedado en visitar alguna vez  uno de esos centros donde hace unos 10,000 años los antepasados prehistóricos extraían minerales no metálicos como cuarzo, riolita, toba, cuarcita y calcedonia entre otros para fabricar puntas de lanza destinada a la caza, pesca y recolección. En su época demasiado temprana la minería no era ni el atisbo de un sueño. Se dio cuando aprendieron a manejar la flor de fuego unos 6,000 años después.
Los Chankas, que según la leyenda salieron de la laguna de Choklloqocha con Wank’as y Wank’awillkas,  queriendo conquistar a los Inkas cuando tomaron fuerza, destruyeron los asentamientos de la cultura local de Kuranba sin entender su avance en tecnología metalúrgica y avanzaron por uno y otro lado en desatados huracanes de muerte. Ellos jamás renunciaron a su salvaje libertad y cuando fueron sojuzgados prefirieron desaparecer atravesando el territorio hasta sus ignotas cabeceras.
Moscoso, comunicador y fotógrafo, experto investigador de rastros mineros, encontró una tradición importante en Kuranba, donde quedan todavía cantidad de escorias y otros residuos de metal. Descubrió también que usaron cuernos de animales para extraer los minerales, “quimbaletes” para la molienda y wayras, “hornos que atizaba el viento con la fuerza de sus pulmones en la altura de los cerros”, para la fundición.

Los Inkas que tomaron el lugar, escribe, lo implementaron con una serie de construcciones. En los alrededores se ubican más de 69 recintos, con calles y escalinatas, además de una fachada principal hacia la plaza central de planta cuadrangular.  Así mismo en la pampa adyacente quedan restos de un conjunto de habitaciones, construídas posiblemente para los trabajadores con piedras calizas de diferentes tamaños -algunas en forma de cuñas- unidas con mortero de barro
Una densa vegetación cubre en parte  el grupo arqueológico que ha sufrido depredación por pobladores actuales que han usado piedras de sus muros para sus viviendas. La escasa enseñanza de nuestra historia, tan rica y vasta, minimiza la urgencia de resguardar estas obras del pasado que se están convirtiendo lentamente en una atracción turística que puede rendir dividendos a los pobladores. La sola vista del ushnu es impresionante y no se sabe aún si en  Cusco existen otros.       

Los Inkas usaron mucho oro en sus templos y mansiones sin que se conozca hasta dónde llegaron en sus técnicas, pues, los españoles se llevaron todo lo que encontraron y el resto fue ocultado por los cusqueños cuando advirtieron que eran objeto de su codicia. Lo más notorio es el empleo de la piedra como  principal material y en eso sus talladores y arquitectos fueron eximios maestros. Su esfuerzo por articular las regiones no les dio tiempo para dedicarse a la orfebrería como los moche, por ejemplo, cuyos orfebres dominaron el arte de fundir el oro y la plata, martillar, laminar, recortar, calar, embutir, repujar,  cincelar, engastar y hasta soldar las piezas entre otras exquisiteces. Cuando quisieron adornar sus espacios sagrados se llevaron a orfebres norteños para ese trabajo, aunque fue en sus últimas décadas. El arribo de Francisco Pizarro no les dio tiempo para embellecer la ciudad que “fue yema y corazón de un Imperio”.
Sin embargo, lugares como Kuranba, indican un quehacer de la minería dedicada a los metales -oro, plata, cobre y otras aleaciones- con una infraestructura de más o menos 500 hornos con fines religiosos y suntuarios de los señores del Tawantinsuyu.
Los hornos metalúrgicos, explica Fernando Moscoso, tienen una ubicación extraordinaria, orientados hacia las fuertes corrientes de vientos procedentes de los valles interandinos. Su vista en las noches debió ser magnífica por el fuego al rojo vivo derritiendo el contenido de los crisoles. Los mineros  disponían de un buen abastecimiento de leña en los bosques cercanos donde abunda mucho la chillka, apreciada por su alto contenido de resina, elemento indispensable para atizar los hornos.

Agrega que los terrenos de las comunidades de Panpamarka e Iskawaka (Aimaraes) fueron yacimientos mineros donde había vetas de oro, plata, zinc y cobre. Años más tarde, en 1560, durante el mandato del Virrey Andrés Hurtado de Mendoza, se descubrieron minas de azogue en Huancavelica, que pertenecía por entonces a lo que hoy es Apurímac. El interés delos españoles dio lugar a que se establecieran en Andahuaylas 6 Corregimientos y en Abancay un Corregimiento con 23 Repartimientos a fin de proveer mitayos a los explotadores del mercurio.  El resto es historia virreinal y los fines completamente diferentes. Una nueva etapa  que fue trágica en la minería peruana.


Alfonsina Barrionuevo

domingo, 27 de abril de 2014

 PAPA JUAN PABLO II

Millones de personas tendrán recuerdos del Papa Juan Pablo II y se sentirán bendecidos como yo de haber estado cerca a él.
El primero de febrero de 1985 fue un día inolvidable para mí. Logré entrar a las tres de la tarde a la Basílica Catedral de Lima, Perú, por la puerta que da al jirón Carabaya con mi fotógrafo, me parece que fue Víctor Manrique. Tendría que esperar dos horas a oscuras en el interior pero valía la pena. A las cinco de la tarde el Papa estaría allí por primera vez. 

Entre tanto las monjas de los monasterios de la ciudad se estuvieron colocando en la Plaza y también los frailes de las órdenes religiosas. Aquella era una tarde de fiesta espiritual.
A la hora exacta la gran puerta giró sobre sus goznes y el Papa que entró seguramente por el Patio de los Naranjos, apareció y se colocó esperando el momento exacto para salir.
Al verle la emoción me embargó y cuando me aproximé rápidamente para saludarlo y pronunciar algunas palabras de bienvenida un encargado de seguridad me detuvo. Yo estaba apenas a un metro y el Papa se sorprendió al verme. Pero, ya debía salir y no me dejaron ver ni siquiera  la ceremonia.
Cuando al fin pude caminar libremente ya no estaba. Las monjitas abordaban pequeñas camionetas y en la noche oscura muchas se equivocaron y amanecieron en otros monasterios. En las primeras horas se generó un ir y venir de vehículos llevándolas de uno a otro lado. Ellas salieron por única vez  porque eran de clausura.

Los momentos vividos fueron de intensa alegría. Nunca más estaría tan cerca del gigante bondadoso pero seguí sus visitas en el Perú que fueron grandiosas y sus viajes.
El Arzobispo de Cusco debía recibirle al pie de la escalera de su avión cuando llegara a la Capital Imperial. Estuvo en Lima y no iba volver a tiempo. No consiguió pasaje y finalmente contrató una avioneta. El día estaba oscuro, con nubes muy preñadas. El piloto le dijo que irían por Arequipa para aterrizar si el  tiempo no mejoraba. Me contó que casi lloraba. Al fin sobrevolaron Cusco pero sin suerte. El piloto tenía gasolina sólo para volver. Bajar sin ver los cerros sería una locura. El Monseñor miró hacia Paucartambo y distinguió una apertura de luz. Fueron hacia allá y entraron. La preocupación impidió que vieran el avión del Papa que siguió a la avioneta, como si fuera su guía,  y se metió por el mismo lugar.
Monseñor tuvo escaso tiempo para correr y esperar al pie de la nave a la suprema cabeza de la Iglesia.

Un sueño que vivimos y que queda indeleble en la memoria. No sé de un Papa que haya sido tan querido como Juan Pablo II. Su espíritu de solidaridad, su cariño y humanidad no serán olvidados.

Hoy está en los altares, pero antes ingresó al corazón de las gentes del mundo, como un verdadero seguidor y servidor de Cristo.  


SHAKESPEARE EN GORGOR
                                        
De haber tenido una máquina de tiempo para llegar hasta Gorgor, Cajatambo, Lima, a 3,704 metros sobre el nivel del mar,  Shakespeare hubiera enredado su pluma en las pestañas de sus hermosas Pallas. No habría encontrado las cortesanas que reían o lloraban con sus dramas, pero algo hubiera hecho para enlazar la trágica historia de Waskar y Atawallpa con las doncellas de la Inmaculada Concepción.   
      
Todo hubiera sido una novedad para él desde la aparición del valle en el lecho de una antiquísima laguna. Bien ubicado en uno de sus cerros más altos hubiera observado obnubilado cómo iban desapareciendo sus aguas, absorbidas desde las profundidades, haciendo al final “glub”, “glub”, “glub”,  y luego “gor”, “gor”,”gor”. Por ese último sonido, producido como por una cañita colosal,  el lugar recibió el nombre de Gorgor.
Shakespeare no imaginó ni en sueños que existía tal lugar. La historia de este pueblo, casi inédito de los Andes limeños, me fue relatada, mientras tomaba sol en su pequeña plaza, por la gente  mayor que bajó de sus estancias para la fiesta de la Virgen. Sus antepasados presenciaron la desaparición  de la laguna esperando que su lecho se secara para sembrar una variedad de especies alimenticias.

Mucho después, los españoles fundaron en el sitio una villa el día de la Inmaculada Concepción, cuya  fiesta se celebra entre el 8  y el 11 de diciembre. El turista audaz que logre llegar después de aventura y media debe llevar  su mochila y su bolsa de dormir si quiere presenciar viejas costumbres de dos tiempos.
Para vivirla tomé en las afueras de Lima un ómnibus que me llevó hasta Barranca donde abordamos al vuelo, con Graciela Espinoza que me esperaba, otro que iba por un desvío hasta Gorgor. Fueron unas doce horas de viaje por una trocha con restaurantes de comida fría porque hay muy poca leña, por lo que es recomendable llevarse unos panes con queso, una gaseosa y una fruta.

Creo que  por esos parajes se va como una cabra montés hasta vencer los 3,074 metros de altura. El camino alterna la visión del árido paisaje de los cerros con calvicie de la chala o costa hasta los cerros de la yunga y la qechwa con melenas de verdor. Una buena parte se sube sin contratiempos pero hay sectores donde puede pasar cualquier cosa, que suban más pasajeros con una miscelánea de carga de todos los olores o sacos de veinte kilos y más.
Un zigzag y se llega a una graciosa placita que coquetea todos los días con los cerros de Gorgorhirka, Mahanka, Kuntursenqa y Shanuk.
Los antiguos señores de la región vivieron en las partes altas. Por eso se conservan viviendas, templos y tumbas, alrededor de Siskay.
El asiento principal habría funcionado como una pequeña metrópoli me explicó Faustino Espinoza Alvarado. Ubicada prácticamente en un mirador se podía controlar a los que llegaban. Las comunidades tienen respeto por estos restos donde sus antepasados duermen un sueño milenario. Siskay,  Wankashrakay y Kukushuk están a unos 3 o 4 horas de camino a pie.
Para asistir a la fiesta lo primero es buscar alojamiento el cual se consigue gracias a la hospitalidad  que brindan los pobladores. Hay buenas camas y abrigadoras frazadas, pero como los hijos y los nietos vuelven para rendir homenaje a la Virgen, es mejor asegurarse y llevar una bolsa de dormir.
Sobre la imagen de la Virgen dicen que fue hecha por los ángeles. Llegó como una simple mortal aunque extrañó a todos su singular belleza.

Cuando atardecía prometía volver al día siguiente que tenía su casa por allí atrás. Hasta que, finalmente, declaró que quería vivir en Gorgor y pidió que le hicieran una grande.
Ella llevó bienestar al pueblo y decidieron ayudarla. Cuando terminaron la construcción volvió. A los dos días tocaron la puerta para ver qué necesitaba y como no abría entraron. Se asombraron cuando vieron que era una imagen de pasta. Lo mismo pasó con la Virgen de Manás, una localidad cercana.

Para “su adorno” las familias crearon la danza de las pallas con reminiscencias inkas y una colorida evocación de la conquista. La trágica captura y  muerte al mismo tiempo –adecuando la historia a su imaginación- de Waskar y Atawallpa a manos de los “vasallos” que entraron a caballo.
Así nombran a Pizarro, “Candia”, Soto, Sánchez de Cuellar,  el padre dominico Valverde y al Felipillo. Los detalles del drama corrieron esa vez a cargo del mayordomo Elías Arce Ventosilla.

El traje de las pallas evoca fastos de dos mundos. Faldas amplias de seda, blusa de gran pechera, collares de perlas y cuentas de color, mantas que abrochan con prendedores que antes eran de plata fina, pañuelos sobre la cabeza y sombreros adornados con hileras de perlas. Lo más resaltante son su cuellos altos o remangas de tres tamaños, muy almidonados, cortados en abanico y levantados como pétalos, parecidos a los que usaba la reina Isabel de Inglaterra. 

A la hora del almuerzo el pueblo pasa por la casa del mayordoma donde se sirve el pari,  un plato que recuerda tiempos de otra edad. Las chef gorgorinas lo preparan con carnes de res, oveja, gallina, kuye que hierven separadas con diferentes hierbas y  se juntan al final con papa seca. Sus sabores son un secreto y la sorpresa es oir el “glu”, “glu”, “glu” o “gor”, “gor” “gor”, que hacen al ser puestas en el plato piedras de río calentadas al rojo vivo. Para beber hacen  salud con sendos vasos de chicha de jora, de maní o el famoso clarillo de cebada.
Para vivir con ganas la fiesta, las representaciones y dar un paseo a sus grupos arqueológicos hay que quedarse por lo menos unos cuatro días y volver con la sensación de haber estado en otro tiempo.

Alfonsina Barrionuevo

sábado, 19 de abril de 2014

DOMINGO DE GLORIA
Madrugadas blancas. Músicas celestiales. Los Cristos gloriosos. Los he visto en Ayacucho y Catacaos, Piura. La gente se vuelca a las plazas y los siguen durante horas.
En Ayacucho una pirámide de velas alumbran el paso del Señor cuando todavía es de noche.
Arden los chamizos para calentar el ambiente. Un mecanismo ingenioso oculta la imagen para que las andas puedan salir de la Catedral y para que pueda volver a ingresar.
En Catacaos los cargadores se reemplazan casi toda la noche porque avanzan tres pasos y retroceden dos.
Hay roscas de miel que se invita a las personas que se parecen a queridos difuntos y que puedan saborearlas en su nombre.
No quiero preguntarme si después de estas adorables expresiones de amor los devotos serán mejores. Basta con gozar la tradición y esperar que se repita. Cada domingo de Resurrección podría simbolizar levantar el espíritu y encontrar más ánimo para seguir viviendo .


                         



CRISTOS TELÚRICOS
¿Puede ser el viento, escultor?, ¿el agua?, ¿la lluvia?, ¿el granizo?, ¿el rayo?.  En nuestros Andes muchas imágenes sacras son obra de las fuerzas telúricas en espacios que crean para protegerlas. En ellas lo mágico y lo divino se unen, produciendo un sincretismo que atañe a la hechura o conservación de las tallas.
En Ollantaytambo, Cusco, las burbujas de un manantial pulen con delicadeza una Cruz. Cuando el madero está listo, el milagroso Señor de Choqeqilqa, un Cristo pintado en él, llama la atención de Jainos, un humilde campesino, quien lo saca afuera y comunica a los pobladores el prodigio.
En  un bosque de Huaraz, Ancash, la gente de los alrededores siente un ruido ronco, como si alguien estuviera aserrando un árbol. El fenómeno se repite varias veces y cuando intentan sorprender al misterioso leñador, sólo sienten al viento agitando las ramas de los árboles. Un día, en que el ruido sube sus decibeles, corren hacia el lugar, impulsados por una fuerza interna, y encuentran un árbol patriarca partido en dos y en el centro, emergiendo de su corteza, un santo Cristo  surgido en una indiscutible  “soledad”.
En Ocongate el Crucificado de Tayankani se llama así porque se presenta sangrante en un espinoso árbol de tayanka.   Más arriba, en un farallón de la panpa de Sinaqara, frente a Qolqepunku, el nevado de la puerta de plata, el Señor de la Rinconada o Qoyllur Rit'i es diseñado por las manos del rayo y el granizo.
Otro es “cincelado” por un manante, que se volcaba tiernamente, sin cesar,  dibujando su cuerpo en una ladera vertical de un cerro en Muruhuay, Junín. Muchos, dicen, tuvieron la suerte de coger unas gotas de esa agua bendita y curaron sus males.  Hoy tiene un gran santuario que cobija a sus fieles y al mismo tiempo los aleja, mientras el agua se desliza sin volver a tocarlo,  por otro rumbo. 
En Santa Clara, Lima, las monjas contemplan asombradas como la imagen de un artista, que no podían comprar por su pobreza, decidió quedarse en su monasterio. Su cruz  volvió a ser un árbol y extendió sus raíces por el piso del locutorio. A la par sus brazos se alargaron, convertidos en ramas, que se estiraban agitadas por un viento sobrenatural. Empavorecido, ante la voluntad divina tan extraordinariamente revelada, el tallador se retiró dejando su obra a la comunidad que hasta ahora la conserva. 

En el cataclismo de 1746, que castigó Lima y el Callao, el mar envolvió en sus olas una nave y la empujó tierra adentro. En su bodega, que resultó inundada, transportaba la efigie de un Cristo Pobre, hecho en España por el famoso Montañés. Su dueño entendió que había de por medio una voluntad del cielo y la entregó  a los pobladores. Puede verse en Santa Rosa, barrio primitivo de pescadores, que fue favorecido con el precioso regalo. Llegó a sus manos con una advertencia. No apenarle nunca con graves excesos, porque entonces una lágrima suya de dolor, arrastraría al Callao a sus abismos.

Sus aguas protegieron también a otro Cristo. Al Señor de Luren que fue rescatado de un naufragio. Se pensaba que había sufrido deterioro y lo vendieron, en una caja sin abrir, al cura Madrigal de Ica. El párroco no podía pagar por una buena imagen y se conformó con una de segunda, que se llevó entre gallos y medianoche. Al volver a su destino su alegría se tornó en llanto al descubrir que estaba intacto,  respetado por Mamaqocha, la madre mar. 
En un monasterio de Cajamarca una monja sintió golpes reiterados en la gruesa pared de adobe de su celda. Al repetirse, la madre superiora ordenó que se abra y encontraron conmovidas un Nazareno de finísima factura, quien así pidió entrar a sus altares.

En Julkamarka, Ayacucho, ángeles escultores se desprendieron de la curva de los caminos se encargaron de su talla.  El sacerdote que los contrató sin conocer su identidad celestial es nombrado canónigo de Huamanga y sale a medianoche, bajo una lluvia intensa para evitar la protesta de los pobladores, y el cielo cubre la comitiva con un toldo de aire que no permite pasar una sola gota de lluvia, hasta que llegan a la iglesia de Santa Clara que lo alberga por su decisión.
En Kayara, otra efigie fue enterrada, para salvarla del odio de sus enemigos, y allí esperó su rescate sin destruirse. La Pachamama, madre tierra, lo acogió en sus brazos como su hijo, preservando al Cristo de la humedad. Quince años después reveló que estaba allí a un arriero que descansó en el lugar  y lo devuelve sin huellas de maltrato.
El nevado Sarasara participó también en la hechura de esculturas sacras y trabajó, en su corazón, enorme como un taller, a la Virgen de las Nieves, que encuentran en su glaciar un día de tormenta. La naturaleza está presente en muchos prodigios según la tradición oral que indica su incorporación al mágico mundo andino.

La luna convierte las lágrimas de la Dolorosa, que camina por los campos buscando a su amado Hijo, en las flores de la waq'ankilla, como si fuera su propio llanto. El arco iris crea para El con sus colores una flor encendida, la preciosa k'uichi t'ika, de pétalos encendidos. Otra, la flor del ñuqchu, muestra al abrirse una pequeña campanilla que resbala como una gota de sangre por el rostro del Señor de los Temblores, el muy querido Taitacha de Cusco. En su corola, sus pistilos aparecen dispuestos en forma de una cruz. Otra flor de Semana Santa recibe el nombre de “corona de Cristo”  porque la lleva entretejida sobre sus pétalos. Las “aromas”, unas flores amarillas, que eran distintivo de Lima y de Abancay, Apurímac, se siguen colocando sobre la cabeza del Señor de Ramos en Surco. Es el amankay andino que perfuma sus rizos.

Estos señores y otros pertenecen a las ciudades y pueblos del Perú que tienen Semanas Santas inolvidables, por la unción que se respira con su presencia. En mañanas de manos tejedoras que hacen cruces de encaje con palmas, con el regocijo de bronces que sueltan sus repiques en alas del viento o el silencioso viernes santero que crece con el pasajero graznar de las matracas. Arenales que extienden hasta el mar sus lenguas áridas y sedientas, por donde caminó alguna vez la Dolorosa, levantando neblinas para defender a  sus gentes  de los ataques aviesos. Y cielos de altura, con pendones de nubes, que se levantan ciñendo las andas de los Señores triunfantes de Resurrección.
Cocidos de toronjil, manzanilla y romero  perfuman los pies de los Crucificados que pasan sobre alfombras que se tejen con pétalos de keyserina, arrayán, retama, geranios, claveles y airampos. Naturaleza que se tiende a sus pies participando de su Pasión en el intento más grande que haya hecho un hombre, el Hijo de Dios, para salvar a la Humanidad  de sus cuitas.

Alfonsina Barrionuevo


domingo, 13 de abril de 2014

DOMINGO DE RAMOS

Una visión bíblica en Ayacucho cuando la ciudad era pequeña y llena de sueños. Las huamanguinas le daban elegancia con sus trajes y rebozos de estreno. Todavía podían caminar con los choclos de oro y perlas en las orejas y uno más grande abrochando la manta sobre la blusa de seda.
Al atardecer el sol arrojaba sobre ellas y los acompañantes de las cofradías sus reflejos dorados. Todos llevaban palmas y las agitaban al paso del Cristo que salía de la Catedral en su pollina para dar una vuelta por la ciudad.
Era el inicio de  la Semana Santa. 

El día Martes Santo saldría el Señor del Huerto. El Miércoles, el Nazareno de Julcamarca del santuario de las clarisas, el Jueves era la visita a los monumentos a la Eucaristía, y el Sábado con el Domingo, de madrugada, el Señor de la Resurrección.
Nada será igual a esa Semana Santa  que me hizo llamar a Ayacucho “la Sevilla de Perú”. Puro fervor, unción e incienso flotando en el aire. Unos días para pensar en el recorrido del Calvario en una ciudad tranquila, sumergida en la paz, evocando el martirio del Cristo.

Una de las Semanas santas de Perú que tienen un encanto singular, la gracia de la fe.



ALIMENTOS QUE CAMBIARON AL MUNDO

Hace más de cuatro siglos que le crecieron alas a la papa para salvar del hambre al Viejo Mundo. Al llegar a las ollas europeas les ayudó a vivir. Ahora está en la mesa de la Humanidad entera como una estrella comestible. 

Lo mismo es con la quinua,  otra contribución incomparable de Perú.
Ambas especies alimenticias proceden  del Altiplano, en torno del Titiqaqa, el lago del “puma de piedra”,  cuyos antiguos habitantes las  domesticaron para el pasado,  presente  y el futuro del planeta.
Antonio Brack Egg, doctor en Ciencias Naturales, destaca su importancia en el libro: “Recursos genéticos de Perú que  cambiaron al mundo”. Aporte que enaltece al genio creador de los peruanos prehispánicos. “En las cuevas de “La Paloma” en Chilca, Lima, y en otras partes —dice Brack— se han hallado restos de alimentos con una antigüedad de miles de años.”

Nacido en Villa Rica, Oxapampa, lo arroparon en su cuna montes y ríos caudalosos, imprimiéndole su sello. En su interior nunca dejó de ser el niño khalapata (pies descalzos) que  jugaba con los  yanesha en Villa Rica. Ni cuando se fue a estudiar la secundaria en Huancayo, estrenando zapatos que le ampollaban los pies; ni cuando se doctoró como ecólogo en una universidad alemana; ni cuando le clavó los colmillos en la muñeca una víbora loromachakuy y él se abrió la herida con un cuchillo para chupar y escupir su veneno, ni cuando asumió el difícil cargo de primer Ministro del Ambiente en la historia del país.
En su corazón Antonio Brack lleva tatuada la historia de ese niño montaraz, acostumbrado a la libertad en bosques de ramajes ondulantes  cargados de loros gritones.  Lo demás parte de allí para adelante, porque él mismo es un cedro añoso y sabio.
Su visión de Perú se levanta  del paraíso de su infancia. “El hambre no existe en el campo” —sentencia— “La gente es pobre cuando sólo tiene arroz y fideo en la ciudad”.

“La Amazonía –agrega con orgullo- es la región con mayor variedad de frutales, unas 507 especies exclusivas, que  necesitan ser estudiadas y desarrolladas para llegar a los mercados del mundo, ávidos de nuevos olores y sabores.

Nuestro estudioso es muy conciente de la amenaza de extinción que se cierne sobre varias especies peruanas. “Los estudiantes de hoy ignoran cómo se llama un árbol que está en  el Escudo Nacional. La quina, que hoy se cultiva en África, mientras aquí se asiste con indiferencia  a su inminente desaparición. Su corteza curó de la malaria o paludismo a la esposa del virrey Conde de Chinchón en 1638. Los jesuítas la probaron en su pequeño hospital y los palúdicos se curaron. Su uso se extendió y en el siglo XIX se extrajo la quinina, un alcaloide que benefició a millones de enfermos, sin  conocerse que era de Perú.”

Antonio Brack Egg nombra risueño al tomate, otro recurso que hemos dado al mundo. “No es posible imaginar las pastas italianas sin su salsa. Este fruto deriva de especies andinas y fue llevado a Centro América y México en el siglo XVI. Cuando llegó a Europa, le llamaron curiosamente “pommed’amour (manzana de amor) y  “pomo d’oro” (manzana de oro) El tomate es fuente de vitaminas,  como las B1, B2, B5 y C, y también de carotenoides, como el licopeno, que baja la inflamación de la próstata en los hombres; además de hidratos de carbono y de azúcares simples. Su identidad siempre será peruana aunque se produzca en Estados Unidos, India, Turquía, Egipto, Italia, España, Irán y Brasil. No olvidemos al sachatomate o tomate de árbol para un dulce notable”.

“Otro regalo fragante de la Amazonía es el cacao, agrega. En mi niñez comíamos su pulpa blanca con deleite. Mi mamá tostaba el cacao  y preparaba chocolate con chancaca ciento por ciento puro. Su nombre científico de Theobroma, “manjar de los dioses”, haciendo alusión a su sabor y aroma. En Austria y Bélgica es considerado una golosina “que produce una sensación de felicidad”. Tenemos numerosos cacaos  y estamos recuperando un cacao de fantasía, el cacao porcelana, que se creía extinto en las vertientes de Piura.”
“Otro recurso  importante que salió de nuestras fronteras es el frijol, purutu, poroto o judía”, rememora el estudioso. “Los centros de domesticación están en el Perú y México. Nuestra variedad más característica es la ñuña, numia o frijol reventón, que se come tostado, como pop corn. Las vainitas verdes son para ensaladas. El frijol forma parte de platos de fondo y los hay de diferentes tamaños y colores. El frijol colado es amado por los niños en Ica como un postre de lujo.  En las culturas antiguas aparece en las cerámicas y, según parece,  fue usado en el norte para las artes adivinatorias.”

En los valles secos de  Ayacucho, Huancavelica, Ancash, Apurímac y Arequipa las  tunas se prenden en sus orejas  alegres zarcillos. “Sus frutos blancos, amarillos, rojos y morados son invitadores”, resalta. “En tiempo de calor, una tuna heladita es refrescante. El Perú es el primer productor de la cochinilla, que es huésped de la tuna y da el carmín que se da color al “Campari”, a lápices labiales y tejidos”.

Los recursos genéticos de Perú que cambiaron al mundo son numerosos y el Dr. Brack Egg menciona a los ajíes (Capsicum) de sensacionales picores que dan un toque aromático a las comidas. Se trata de un abanico de tamaños y cromos, ají escabeche, cerezo, ají dulce amazónico, limo, charapita,  panka, pukunuchu, muruku, bombillo y saqrasillu, además de varios aún  silvestres. Hay uno que es propio del Ande: el rocoto. “El Inka Garcilaso, anota, decía que es el condimento más usado por la gente de mi tierra en guiso, cocinado o asado.”
Sus recorridos por las trochas de la Amazonía, los caminos del Perú, las ciudades de medio mundo y la Antártida, serán un gran atractivo en sus memorias. La quinina le quitó dos veces la tembladera del chukchu o paludismo; resistió al sarampión como un  guerrero y,  a los cinco años de edad, se tragó una aguja que se la extrajeron de la vejiga treinta años después.

Siendo estudiante, la TBC lo atacó, “porque si en Lima no tienes plata, robas o pides limosna,  te mueres de hambre”. Y pasando los cuarenta le dio un aneurisma abdominal que necesitó de doce centímetros de aorta de teflón para "reencaucharlo".

 “Soy un sobreviviente de cuanto he vivido”, finaliza nuestro ilustre personaje, y agrega: “Por eso, incluso, no acepto que  periodistas jóvenes me cuestionen sin haber salido de Lima  por problemas mineros que desconocen. Son opinólogos sin sustento de la realidad”.

Alfonsina Barrionuevo