domingo, 13 de septiembre de 2020
domingo, 6 de septiembre de 2020
domingo, 30 de agosto de 2020
VERDE QUE SANA
Isla
Takile en el lago Titiqaqa, Puno, se encuentra en una alta plataforma. Hay que
vencer un puñado de gradas bajando de la lancha para acceder a la población. Antes
de subir una niña suele entregar a los viajeros unas ramitas de la fragante
muña con la indicación de frotarlas entre las manos y aspirar su agradable aroma.
En el techo del mundo, 3,900 metros de altura la muña, (Minthostachys mollis), triplica la energía y
alegra al corazón.
Una
hermosa leyenda, recopilada por el
profesor José Portugal Catacora, asegura que el primer hombre andino fue creado
con el untu, grasa o esencia vital de las plantas, los animales y las piedras. De
allí se origina su intensa relación con el mundo que le rodea y con las plantas
medicinales que le ayudan a superar cualquier malestar físico o espiritual. Su
caminata por los yermos inhóspitos sin fatigarse se facilitaba con la muña.
La
pacha salvia (Salvia offinalis),
cuyas hojas soasadas le servían para combatir dolores reumáticos, la misma que
se conoce con el nombre de ñuqch’u, flor sagrada de los Inkas, que era derramada
sobre sus andas áureas, pasando después a ser sedosa ofrenda para el Señor de
los Temblores, en la procesión de Lunes Santo en el Qosqo.
Sobre la importancia de éstas y otras plantas, el médico huanuqueño Hermilio Valdizán Medrano y el químico farmacéutico-arequipeño Angel Maldonado Alcázar, ambos doctores en sus especialidades, con estudios en Francia e Italia, publicaron el “Diccionario de Medicina Popular Peruana” en las primeras décadas del siglo pasado. En sus páginas aparecía un minucioso registro de muchos especímenes, con sus respectivos dibujos.
En
1995 John Eddowes Villarán, médico psicólogo limeño de abuelo inglés, trabajó veintitrés
esencias florales y siete productos de plantas que combinan efectos curativos.
En 1939, según mencionó, el doctor Edward Bach de Gales, Gran Bretaña, publicó por
primera vez un registro de esencias florales.
Dichas
esencias que tituló “Sistema Kinde”, pertenecen a un grupo importante que ha
sobrevivido a la extinción de especies por su fortaleza ante los cambios
ambientales. Su adaptabilidad para enfrentar situaciones adversas y cambiantes
es aprovechada como terapia para tratar ciertos desequilibrios emocionales
asociados generalmente a malestares físicos. La Organización Mundial de la
Salud (OMS) las considera como medicinas de uso libre.
La
descripción de las virtudes y propiedades de las plantas que maneja John
Eddowes es tan expresiva y jugosa como esas anotaciones que son clásicas.
Así tenemos la manayupa (Desmodium molliculun), conocida también como ‘pata de perro’, ‘amor seco’ o ‘pega pega’, que vive entre 2,000 y
La
yawar chonka, (Oenothera rosea), que
crece en grandes alturas, es famosa porque disipa la tristeza y apaga la pena.
Es buena para enfermedades cardíacas y los problemas circulatorios. Sus flores
tienen pétalos rosados o lilas. Con la infusión de esas flores el corazón
recupera un ritmo sosegado y baja la presión.
El
diente de león o achicoria amarga (Taraxacum
Offinale), tiene hojas dentadas y largas, flores amarillas y frutos en
forma de bolas con pelos sedosos que dispersa el viento. Es una planta diurética, que estimula la
función del hígado y los riñones, combate el exceso del colesterol y reduce la
obesidad. Su esencia floral es muy útil para liberar la tensión y la furia
contenida.
El
lirio naranja, lirio del Perú o lirio de los Inkas (Lilium bulbiferumrum), tiene un follaje de pocas hojas, lanceoladas,
y sus flores ostentan pétalos con marcas o parches de colores. La tradición
popular relaciona a estas flores con los buenos augurios cuando se regalan. Su
uso incrementa la creatividad, despeja los bloqueos mentales, alienta el
optimismo y ayuda a innovar el quehacer personal y profesional.
El
heliotropo (Heliotropium peruvianum)
tiene flores que siempre miran al sol y lo buscan. Son empleadas para tratar
problemas de huesos y articulaciones, así como afecciones respiratorias.
El
pepino dulce (Municatum Ait), oriundo
del Perú y reproducido en la cerámica prehispánica, posee una esencia floral
que refresca la mente y alivia de preocupaciones, ayudando además a reducir el
estrés.
La
chuchuwaska (Brunfelsia grandiflora),
llamada también “sanango”, “francisquita” y “borrachero”, es una planta
“maestra” de la Amazonía. Su esencia floral ayuda a regular las sensaciones
extremas de frío y calor. Es recomendable usarla tópicamente para la rosácea.
El
molle, (Schinus molle), ‘escobilla’ o
‘árbol de la pimienta’, es analgésico, antiinflamatorio, antibacteriano,
antiespasmódico, astringente, balsámico, diurético y estimulante.
La
hierba del alacrán, (Heliotropium
angiospermun, Murria), también conocida como ‘cola de gato’ y ‘hierba del
sapo’, es útil ante problemas de huesos y artritis, afecciones respiratorias
y picaduras del alacrán. En esencia
floral es una bebida burbujeante que ayuda a relajar la columna vertebral y
mejorar la postura.
La
verbena (Verbena offinalis), ‘hierba
de los hechizos’ , ‘verbena del campo’ o ‘verbena negra’, crece en las ocho
regiones hasta
La
wachuma (Trichochocereaus pachanoi), cuyo nombre popular es San Pedro, es una cactácea
de la costa norte, con espinas pardas y flores blancas. En la medicina
tradicional del norte peruano se usa en ceremonias de curación, por sus efectos
depurativos (purgante y psicoactivo). También es usado en casos de sinusitis,
fiebre alta y problemas de la piel y el cuero cabelludo, entre otros. Su
esencia floral da claridad a la mente y afina la intuición. Los baños del
cactus hervido calman los nervios.
John
Eddowes combina las plantas con esencias Kinde o con diferentes productos,
según los casos que debe tratar.
Para
momentos extremos de la vida o para reducir el estrés cotidiano: yawar chonka,
diente de león, pepino y mariposa roja.
Para
emociones intensas, cuando se llora fácilmente o se está al borde de la
desesperación: mango, yawar chonka y molle.
Para
aclarar mente y ordenar los pensamientos: agerato, jacarandá, ocopa, lirio y
estrella púrpura.
Para
relajar el cuerpo y la mente: Diente de león, verbena y pepino.
Para
conciliar el sueño: extracto de wachuma con colágeno de tuna y aloe, más vitaminas. Aplicar en el cuerpo antes de
acostarse o en momentos de estrés.
Para
desinflamar y regenerar articulaciones, tendones, músculos, huesos cartílagos y
otros: Extracto de molle, matico, chilka y llantén.
Para limpiar los dientes y proteger las encías:
Harina de coca, salvia y arcilla medicinal.
Para dormir: propax, cápsulas naturales.
En resumen, para mantener la salud tenemos una lista
abundante de plantas medicinales. a las que se puede recurrir.
Alfonsina Barrionuevo
domingo, 23 de agosto de 2020
A CUIDAR EL ORO AZUL
En el antiguo Perú el agua bajaba del cielo, de los
nevados y los manantiales cantando dulcemente. Ella bajaba desde las alturas para
dar felicidad a los seres humanos, animales y plantas. La humanidad que no ha
sabido respetarla está arrancando lágrimas de pesar a Mama Yaku, la Madre Agua,
cuyo carácter sagrado se olvida.
¿Nos dejará el más frágil y más importante de los
elementos de la Madre Naturaleza? ¿Podríamos vivir veinticuatro horas sin agua?
La situación es grave.
Para el mundo andino el agua está viva, siente y ahora
sufre. No puede ser de otro modo, porque su contaminación va creciendo en
ciertas cuencas, mientras en otras los ríos ya están muertos, convertidos en oscuros
sudarios interminables.
El agua es bella cuando salta cristalina en las
cascadas y corre traviesamente volteando
los cantos rodados o piedras menudas en los riachuelos.
El agua es ‘oro azul’ cuando está limpia, translúcida.
Este mundo civilizado recién parece enterarse de su
valor. Los diamantes palidecen a su lado, pues ella es invalorable. Los
antiguos peruanos llamaban Mama Qocha –‘Madre Mar’- al Océano Pacífico, porque
alberga vida en sus entrañas. Alguna relación tiene. ¿No dicen que las
estrellas de la Vía Láctea entran al mar y flotan por canales ocultos volviendo
a aflorar para la ceremonia del yarqa
aspiy, la limpieza de las acequias?
El agua nos ha preocupado siempre. Ha sido compañera
en los viajes por lugares distantes, donde calmaba nuestra sed sin temor a la
contaminación generada por la ciudad y a hemos sentido correr por nuestras
arterias. ¿Qué haríamos si ella nos falta, siendo parte del cuerpo de todos los seres vivientes?
Proyecciones a mediados de la segunda mitad del siglo
anterior indicaban catástrofes climáticas si las grandes empresas no hacían un buen
manejo del medio ambiente. Diversos especialistas lanzaron advertencias que
caían en saco roto. Recuerdo al brasileño Josué de Castro, autor de una famosa
obra ‘La Geografía del Hambre’, cuando me dijo en una entrevista sobre la explosión
demográfica: ‘La gente no se morirá de hambre, primero morirá de sed’. Parecía
que su comentario se haría realidad en un larguísimo plazo, pero estamos en las
vísperas, viendo las consecuencias.
En el Perú nos sentíamos orgullosos de nuestras
cadenas de nevados, majestuosos, impolutos. Más, su eternidad ha sido rota. En las
comunidades de Quispicanchis, Qosqo, la gente se pregunta por qué está
cambiando el nevado Qolqepunku, ‘la puerta de plata por donde entraban las
energías cósmicas. Una noche la Qoyllur no encontrará glaciares que irradiar y
ya no será Qoyllur Rit’i, nieve que sacralizada una estrella. Aquella que era
recibida por los peregrinos con unción para “limpiar” su espíritu.
En la reunión de expertos en Valencia, España,
dieciocho ganadores del premio Nobel instaron a la comunidad internacional a
tomar medidas para afrontar la inminente falta de agua en el mundo. Consideran
que el agua dulce alcanza sólo a un 0.35 % en el planeta, el resto es agua
salada y hielo. Se trata de -un bien precioso- y al mismo tiempo un recurso
escaso y mal distribuido entre una población que crece con un ritmo de 100
millones de nuevos habitantes por año. Miles consiguen dificultosamente unos
cuantos litros fangosos para sus familias, haciendo diariamente penosas
caminatas en su busca.
El problema se percibe en los cinco continentes por el
deshielo creciente, el aumento de las inundaciones y la gravedad de las
sequías. El tema conmovió a Europa en la Expo Zaragoza del 2008. La revista alemana “Deutschland” la llamó
con acierto ‘El Oro Azul’ y mencionó que más de 50 países -un tercio de los
6,600 millones de personas que poblaban el planeta- ya sufrían de aguda escasez hídrica.
‘Según datos del Instituto de Investigaciones de los
Impactos del Clima, de Potsdam-decía el articulista alemán- la escasez de agua
dulce se agudizará con el cambio climático, que afecta su ciclo y
particularmente a una de sus fuentes: las lluvias. De acuerdo con los modelos
de los investigadores del clima, mucho parece indicar que el volumen de lluvias
disminuye. Allí donde ya llueve poco, en el futuro lloverá menos. Por el
contrario, donde ahora llueve mucho, lloverá más. El peligro de sequías
extremas, inundaciones y tempestades aumentará. Otras causas de la escasez de
agua son el crecimiento de la población, la urbanización y la industria. En los
últimos cien años el consumo mundial de agua casi se ha multiplicado por diez.”
Pero no sólo se necesita agua potable para los seres
humanos. También el agro y la industria dependen de este crucial recurso. Sólo
la agricultura consume más de dos tercios del agua y en el Perú se desperdicia
en los cultivos de arroz y caña de azúcar, que requieren mucho líquido y
tienden a desertificar la costa; mientras que en otras regiones los bosques de
eucalipto beben agua de más, introduciendo sus raíces hasta llegar a las napas
freáticas.
Los llakuases que habitaron la parte alta de Canta, Lima,
querían mucho al agua y -según una hermosa leyenda- cuando se fueron, sus
guerreros se transformaron en estelas líticas, para cuidar la laguna y los
canales de riego que beneficiaban los
campos de cultivo.
En
la Expo Zaragoza, adelantándose a lo que estaba previsto para dentro de unos 50
años, lapso que fatalmente se acorta, se exhibieron diversas técnicas para
racionalizar el manejo del agua. Por ejemplo, emplear los rayos ultravioleta
para purificarla. El agua fluye por un
recipiente con una fuente de luz ultravioleta en su interior y su energía destruye
la estructura celular de las bacterias. El agua de lluvia que corre por
las calles o por terrenos industriales contiene partículas contaminantes, pero
puede ser interceptada y filtrada en el momento de caer. En casos de
emergencia, como catástrofes, hay equipos que
filtran el agua y la purifican
para los damnificados.
El Perú como todos los países
del mundo está viviendo la emergencia del COV19. Apenas se pueda controlar será
necesario volver al tema del agua por la vida de todos. Acaba de fragmentarse
la última planicie de hielo del Polo Norte.
Alfonsina
Barrionuevo
domingo, 16 de agosto de 2020
LA TIERRA QUE SE ENOJA
En el mundo andino la Pachamama era
muy amada porque era madre. Nadie hubiera pensado que pudiera castigar. Para
eso existía Pachatira, la Pachatierra que mostraba su enojo cuando la gente se
olvidaba de dar y agradecer a la Pachamama sus bondades. Ella surgía para reclamar
a los agricultores sus descuidos y olvidos. La descubrió José de Acosta, fraile
jesuita a quien le interesaba la naturaleza. Es el único cronista que advierte
lo que puede sobrevenir en esos casos en que la Pachamama no podía cumplir con
su hermosa misión en la producción de frutos.
Los khipukamayuq llevaban cuenta rigurosa de los desastres que podían sufrir los cultivos y la gente de campo. Acosta estuvo muy poco tiempo en el Qosqo pero se enteró que al sobrevenir una chirapa onqoy, ‘lluvia con sol’, sus pobladores podían enfermar; si la tierra se enojaba, pacha makaska, hundía los sembríos golpeando sus raíces; en caso de ponerse furiosa, pacha wakamakaska, abría heridas en los surcos y tenían que dejarlos sin sembrar por un tiempo; ensuciar o contaminar un manantial provocaba su maldición, puqyuq tapiasan, o se marchitaban las plantas de maíz y papa, mamasara o mamaaqsu akoyaurmachiskan onqoykuna. La magnitud del maltrato ocasionaba un qhapaq onqoy, una calamidad mayor como la sequía y las inundaciones. Todos tenían cuidado de no provocarlas.
El fraile Pablo José de Arriaga
observó que se preocupaban si hallaban en la cosecha dos mazorcas o dos papas
unidas de manera irregular o unas okas demasiado grandes. Los malos augurios
exigían mayores cuidados y demandar la protección de las wakas a las cuales
invocaban ayunando y haciendo sacrificios de animales.
En casos especiales las estrellas
dibujaban sus mensajes en el agua y el fuego advertía los peligros en sus
flamas. Las peticiones se hacían sin esperar respuesta. Bastaba el hecho de
consultar para crear un enlace con el viento, el granizo, la montaña o las
constelaciones. Las ofrendas que mandaban hacer los kurakas en miniaturas de sí
mismos en oro y plata se enterraban en las wakas; el resto se quemaba, ya
fueran finísimos tejidos, brazadas de flores, conchas de la mar o panojas de
kihura o kinoa real.
Sería muy largo analizar las trescientas cincuenta wakas dispuestas en cuarenta y dos seqes que recopiló Juan Polo de Ondegardo entre 1559 y 1561 en el Qosqo. El jurista español recibió una excelente información de los khipukamayuq, lo difícil para él debió ser lidiar con el idioma qechwa que aprendió a hablar, pero cuyas palabras mal escuchadas y peor escritas se convirtieron en un increíble conjunto de acertijos. Su gran número sirvió para entender una que otra característica, sobre todo geográfica.
A Toledo no le sirvió porque era
demasiado pretender que pudiera arremeter contra ellas. Al ser demolidas en su
totalidad para apropiarse de sus tesoros los españoles crearon la fantasía de
que las wakas volaban y continuaban promoviendo idolatrías y supersticiones
desde el aire. Cuando el virrey visitó el Qosqo entre 1570 y 1572 la ciudad ya
había sido modificada. Los nombres auténticos de las wakas quedarán ocultos
hasta que un qechwista interesado en la historia inka pueda descifrarlos. El
jurista anotó sus nombres pero cometió muchos errores. Escribió por ejemplo
para un manantial, Canchapacha, indescifrable; cuando era en realidad
K’anchariq paqcha*, ‘cascada luminosa’.
El Inka era centro de ese universo que
debía funcionar conforme a sus deseos. Por fortuna para el Qosqo Pachakuti fue,
a la par que eximio estadista y urbanista, un hombre excepcional.
Un khipu imperial debió guardar
asimismo la fabulosa experiencia que tuvo el Inka, cuando era muy joven y se llamaba Kusi
Yupanki, al ser llevado a Machupiqchu, el cerro viejo, donde se convirtió en
vaso comunicante de las fuerzas cósmicas y terrígenas. La montaña lo llamó y
fue sólo, atravesando las aguas turbulentas del Willkamayu, el río que nace en
una lágrima solar. El jefe de su ejército estuvo preocupado por su integridad
física pero se tranquilizó al ver que las aguas empujaron mansamente su balsa y
que la espesura se abrió para que pudiera llegar a la cumbre donde ambas
fuerzas lo encriptaron para transmitirle su energía. Pensando en las
circunstancias extrañas que confluyeron en ese momento entendió que debía
contar con la admiración del pueblo y la creación de un espacio mágico de wakas
fue la mejor idea para lograr ese propósito.
La ciudad puma en su cabeza, cuerpo y
cola tenía una infinidad de wakas que favorecían la vida de sus habitantes de la ciudad sagrada y del Imperio.
domingo, 9 de agosto de 2020
LOS CAMÉLIDOS DE RUTTI
Rutti, así a secas, es un artista de los
metales. Lo ubiqué para una entrevista en una factoría dando forma a sus sueños
con un soplete. Me pareció de lo más exótico. Un wanka soñador. En 1980
llegaban muchos a Lima en el ferrocarril del Centro y los limeños aseguraban
que apenas bajaban de los vagones se ponían a hacer negocios. Para ellos no era
difícil vender piedras cuando se acababan sus productos.
Un día su voz tronó en el teléfono. Se iba a
Berlín, Alemania, para trabajar con su soplete y su visera. Me pareció
fantástico y acerté a desearle mucha suerte.
Allá, parecía haberse perdido. Hasta que reapareció,
entre años que iban volteando las páginas de su vida.
En uno de sus tantos regresos trajo un proyecto
interesante. Rendir homenaje a los camélidos en el Valle del Mantaro. Me contó
que no había podido dormir largos meses pensando cuánto se merecían estar
cincelados a gran tamaño en un lugar como Ticlio, Junín. Me preguntó qué me
parecía y estuve de acuerdo. Las preciosas fibras de la vikuña y la alpaka fueron
muy apreciadas entre las culturas que florecieron en nuestro territorio.
En Tanta, Yauyos, por ejemplo, llameros y
alpakeros siguen tejiendo con su fibra, en la parte más alta del Ande, piezas de
tela que sirven para hacer ternos. También hermosas mantas de flores, chalinas,
ch’ullus, ch’uspas y sogas. Cuando tienen una buena cantidad acumulada van
bajando desde sus alturas,
Cuando los españoles terminaron de arrancar
las planchas de oro y plata que adornaban los templos y las mansiones de los
señores del antiguo Perú, comenzó la explotación de una serie de productos.
Entre ellos los tejidos de fibra de algodón y de alpaka. No se sabe si también
hicieron trabajar la de llama aunque, según los estudios de
Es posible que durante el virreinato el
vellón de la llama ese precioso vellón perdiera su suavidad por la técnica que
emplearon como si fuera una oveja. El corte reiterado dio lugar a que la fibra
se engrosara perdiendo su calidad. No sería extraño que la fibra de la alpaka
haya rebajado igualmente su textura. En otros tiempos se dejaba que los
camélidos se liberasen de su pelo. Cuando crecía mucho se les iba cayendo o,
según dice Norma Velásquez, especialista en tejidos de alpaka, se les llevaba a
cardales para una esquila natural.
Los camélidos, explican las leyendas, fueron un precioso regalo enviado del Ukhu Pacha, el mundo de abajo, al Kay Pacha, el mundo de arriba, cuando la tierra estaba en reposo. Ya no existían los animales gigantescos que la poblaron durante millones de años. Se ignora si había un probable parentesco con los camellos de donde viene el nombre de camélidos. No sería extraño que hubiera más de un trabajo sobre el particular. En las últimas décadas se menciona a las unas antecesoras prehistóricas, las paleollamas.
No se debe olvidar que nuestro continente
estuvo separado de los otros por los Océanos Pacífico y Atlántico, que hacían
imposible los contactos. No es posible que sucediera algo antes porque se
trataría de millones de años.
Se especula que el diluvio universal se
repitió varias veces. En una de ellas las alpakas, ‘que entonces hablaban’,
leyeron en las estrellas noticias del fenómeno que se avecinaba y advirtieron a
su pastor del mensaje cósmico para que se salvara con su familia.
En los señoríos norteños las llamas eran de gran alzada y suficientemente fuertes para trasladar sobre su lomo a discapacitados como aparece en una vasija de arcilla y también en plata. El habitat de los camélidos, en general, no fue la puna sino que acostumbraban moverse, de acuerdo a los fríos y tempestades de un piso a otro de la cordillera, llegando en ocasiones hasta las orillas del mar.
Al llegar las ovejas se pensó en poblar con
ellas las zonas altoandinas pero no se pudieron aclimatar. Las bajaron entonces
a niveles menos duros y los camélidos
fueron obligados a quedarse en alturas inhóspitas, quebrándose la libertad de
su tránsito entre una región y otra. Actualmente cientos de crías mueren porque no logran resistir el
descenso de la temperatura en los meses de invierno.
Volviendo a Rutti apruebo su entusiasmo, su
afán de un proyecto de gran envergadura, sus impromptus de energía después de
superar un cáncer. Recién me ha recordado que se llama Raúl pero le basta su apellido
para firmar sus obras de sólida presencia. Sus manos hablan por él y los testimonios
de su arte que están en Bélgica, Holanda, Francia, España, Italia y Alemania,
no necesitan traducción.
Abrió los ojos en Karwapaqcha, un anexo de
Chupuro, y desde pequeño vio llegar y partir “puntas de llamas” para el
tradicional mercado de trueque que aún se acostumbra en lugares donde no hay
carretera. Quién sabe ellas han emergido de la memoria de su niñez para
reclamarle su presencia.
Su proyecto no trata sólo de un monumento
sino de un complejo semejante a lo que es la Torre Eiffel de París, con
escaleras mecánicas interiores, ascensores, módulos, restaurantes y todo lo que
puede caber en el cuerpo de la llama, -en estado de gestación como aparece en
una pintura rupestre de las alturas de Yauyos y Jauja-, y en su cabeza, donde
habrá oficinas para registrar las fluctuaciones del clima, sus ojos se
convertirán en miradores. El trabajo si lo hace demandará un equipo de profesionales con Rutti que es un artista de grandes proyectos. Un ejemplo de lo que es la fuerza wanka!
Alfonsina
Barrionuevo
domingo, 2 de agosto de 2020
Esta crónica
de Sámano-Xerez, mencionada por María Rostworowski, descubre ‘el camino’ de los
chincha) que habrían sido famosos navegantes y mercaderes. La gran vía que podría
recibir el nombre de la ‘Ruta del Mullu’ o del Spondylus’, en homenaje a la
bellísima concha marina. Su color naranja unió a millones de habitantes del
antiguo Perú.
Por el siglo
XIV el reino chincha, según figura en un curioso documento, contaba con unos
seis mil mercaderes que se hacían a










