domingo, 14 de junio de 2020


LUCHO REPETTO,

DE LOS CHACHAS AL CAIRO


Hoy, cualquier día, cuando el fuego me convierta en un montoncito de cenizas, derrámenlas en los caminos para que los niños jueguen con ellas… y agregó, pero, cuidado con mis pensamientos.
Dejó de leer y volteó la página para viajar del reino de los chachas venerables, Chachapoyas, al Cairo, Egipto, donde exhiben las fabulosas piezas que acompañaron a los faraones en su último sueño. Allá disfruto del trote en un dromedario y mandó a sus amigos abrazos dromedarios o sea, kilométricos.
Un mediodía Lucho, Luis Repetto Málaga, recordó con cariño sus inicios en la casona señorial del jirón Camaná. En las aulas  con rumor de voces juveniles descollaba el verbo encendido de Mildred Merino de Zela. Apasionada del folklore, ella lo introdujo en el mundo del arte popular que los limeños de esa época se empeñaban en desconocer.  Los artistas  que llegaban de Puno con los hermosos toros vidriados no se atrevían a pasar más allá de la plaza del Porvenir.  
Lucho admiró su insistencia y cruzó tantas veces el zaguán con la imagen de la Virgen Lectora y la escalerita enramada al borde del  patio, que al cabo se quedó. En 1975 cuando los enemigos del arte popular objetaron que se diera el Premio Nacional de Cultura al retablista Joaquín López Antay, Mildred levantó a la intelectualidad también nacional en su defensa. Como una valiente consecuencia en 1979 logró que se inaugurase con el apoyo del historiador José de la Puente Candamo el Museo, entonces de Arte Popular del Instituto Riva Agüero de la PUCP, donde él, según me dijo, comenzó su carrera y encontró un segundo hogar. 

En una Lima rodeada de verdura, sin más chirrido que el de los tranvías, el de Barranco y los urbanitos, desplegó su sed de horizontes buscando los testimonios vivos de la continuidad del arte de otras épocas en manos creadoras. Durante años no se le encontraba mucho en Lima, pues estaba en cualquier parte del país adonde iba en poncho, chalina y sombrero para arrostrar el polvo y el frío de los caminos. En una ocasión cuando se abrió una exposición de homenaje a Doris Gibson, fundadora de la revista ‘Caretas’, no llegó a tiempo porque una lloklla, aluvión, lo retuvo en Recuay, Ancash.
El estirón de Lima de aldea virreinal a urbe populosa remeció su espíritu  con los cambios imperantes en su etapa de modernización. Le tocó asistir contrariado al destrozo/ despedazamiento de los últimos balcones antiguos que tanto quiso proteger el quijote florentino Bruno Roselli y al desalojo de  la Peña Pancho Fierro que albergaba las valiosas piezas de arte popular que Alicia Bustamante recogió peregrinando olvidadas comarcas, par dar paso a un insípido y anónimo edificio de oficinas.
En una entrevista en el 2015, en Pax Televisión con motivo de la muestra ‘Alfonsina Total’, la nostalgia invadió los últimos minutos al hacer un rápido recuerdo de las actividades realizadas por el Museo de Artes y Tradiciones Populares de Riva Agüero en Lima, las provincias y en el exterior; exposiciones itinerantes, mesas redondas y conferencias  que enaltecían los valores culturales de cada lugar, y el incremento de su colección con las  colecciones emblemáticas de Elvira Luza y Arturo Jiménez Borja de máscaras y trajes de danzas tradicionales, de Pablo Macera, Mariano Benites, Guillermo Ugarte Chamorro y Alfonso Respaldiza, entre otras. El Museo mantuvo siempre las puertas abiertas, política que trato de imprimir a los museos que en ciertos días reciben a  visitantes inusuales que quieren sublimar su espíritu con la contemplación de obras de arte perenne, de los antepasados y los nuevos talentos. 

Ministro de Cultura lamenta el fallecimiento de Luis Repetto ...En su gestión Lucho obtuvo maestrías de museología en Bogotá y Ciudad México que dieron vuelo a su natural disposición para impactar al público con las muestras que se efectuaban dos o tres veces al año. Su organización impecable, secundado por un equipo eficiente, con Claudio Mendoza, cuidaba desde el planeamiento de lo que iba a ir en las siete salas del segundo piso del instituto hasta las invitaciones y catálogos. En sus ambientes los arcángeles de cuellos largos de Hilario Mendívil poblaron de color los grises días invernales, los ch’ullus del Sur generaban una sensación de abrigo y la evocación artesanal de Santa Rosa de Lima un toque de serenidad. En el desarrollo de la cultura peruana, decía, hay dos elementos principales, el mate o calabaza que se presentan sin interrupción desde Caral, 5,000  años, y la cerámica; y un doble hilo conductor a través de nuestro algodón y el pelo de alpaka.
En la sangre de sus padres, él de Huánuco y ella de Arequipa, Lucho hallaba como herencia sentimientos bien definidos por el arte y la tradición de nuestros pueblos.  En sus días de colegial, cuando vivía en la Magdalena, entabló una relación de amistad con la waka Wantili, escenario de sus juegos, donde lo buscaban en las noches con linterna porque le gustaba quedarse en su cueva. En Pueblo Libre, ya estudiante de la Unidad Bartolomé Herrera le atrajeron las ferias artesanales de La Marina donde encontró otras gentes de diferente indumentaria, que hablaban otras lenguas, el qechwa y el aimara, que vendían lindas cosas y despertaron su interés de conocer las tierras de dónde venían. Con el tiempo fue un hombre puente, así se llamaba, que introdujo a los artistas populares en la ciudad.
Presente en muchas Semanas Santas confesaba la emoción que sintió en la capilla del Señor de los Temblores del Qosqo. Subió a su altar para ayudar a bajar la santa efigie y al tocar al magro Cristo a quien aman tanto los cusqueños lo conmovió la fuerza que emanaba de su cuerpo. Las cruces de mayo estuvieron en Riva Agüero, presentes en los retablos de los seguidores de López Antay,  como en las bellas estampas que desplazaron a los cajones de San Marcos, el patrón de los ganaderos. Inspirador del Museo de la Marinera de Trujillo no perdió de vista a los elegantes campeones  y también a las mujeres del campo que podían hacer gala de su destreza bailando con un cántarillo rebosante  de chicha en la cabeza, sin derramar una gota.   
En noches de verano, hermanas de las noches en la waka de su infancia, Lucho  guiaba a grupos en los circuitos que diseñó en el Cementerio Presbítero Maestro. Sabía mucho de los personajes que duermen el sueño eterno en artísticos mausoleos de siglos pasados  y también de ilustres que excepcionalmente están allí enterrados. En el momento final nadie se lleva bienes materiales, Lucho se llevó vivencias de una vida ricamente vivida y tal vez en el último segundo el Taitacha del Qosqo le dio su  bendición.
Alfonsina Barrionuevo

domingo, 7 de junio de 2020


LA FUERZA DE LOS ANDES
Roberto Frisancho, antropólogo por la Universidad de San Antonio Abad del Qosqo y biólogo por la Universidad de Pensilvania, EE.UU., nos proporciona luces notables sobre su especialidad, la altura. Veamos el gran aporte que puede dar este guerrero natural que protege los Andes.
Nacido en el Qosqo, la vida de Roberto Frisancho* arranca de Accha, Paruro, uno de los hermosos pueblos que unen historia y leyenda. Los Hermanos Ayar salieron de Paqareqtanpu para fundar un imperio. 
Doctor Roberto Frisancho y su esposa Hedy
Sin desvincularse del Perú su trabajo en la Universidad de Michigan, donde reside, ha centralizado por varios lustros sus investigaciones, publicaciones y conferencias acerca de la altura, regiones de la Suni y la Puna. En estos meses  marcados por el Covid19 es alentador conocer cómo funcionan sus mecanismos disminuyendo su ataque por la influencia del clima en tierras peruanas y tibetanas, donde el corazón y los pulmones se expanden tratando de capturar el escaso oxígeno del aire. Su último libro trata justamente del cuerpo y tamaño excepcional del cerebro humano en esos lugares donde llueven las estrellas.
Alfonsina Barrionuevo

LETALIDAD DEL CORONA VIRUS EN  LA ALTURA
En el Cusco, localizado a una altitud media de 3,300 metros,, ocurrieron  sólo tres muertes. De manera similar en Puno localizado a 3,750 metros,  hay pocas muertes entre los infectados. A propósito, de acuerdo al diario ‘La República’  hasta el 31 de mayo las tasas de mortalidad para las  regiones  situadas por encima de los 3,000 metros está tres veces menor que al nivel del mar. También el diario ‘El Comercio’ del 18 de mayo, indica que  la recuperación de los infectados es mejor en el Cusco que al nivel nacional. Como va esta pandemia es posible que esta diferencia cambie.
El interés de estudiar la interacción de la hipoxia (es decir baja presión barométrica) y la infección del corona virus se debe a que el proceso de adaptación a la altura conlleva cambios  en el sistema cardiovascular. Por ejemplo, si una persona vive en la altura tiene un mayor tamaño del volumen pulmonar, más aún si uno llega a vivir en la altura antes de los 8 años aumenta también el volumen alveolar del pulmón, con lo cual uno extrae mayor cantidad de oxígeno del ambiente. Esta adaptación tiene una gran importancia ya que la letalidad del corona virus se debe a que afecta al pulmón impidiendo la respiración y extracción de oxígeno. El tema de virulencia y mortalidad bajas asociadas con infección de coronavirus, que ocurren en poblaciones que viven en localidades de gran altitud fue remarcado en un artículo  reciente titulado ‘Does de pathogenesis of SARS-CoV-2 virus decrease at high altitud’, publicado en el Journal ‘Respiratory Physiology and Neurobiolgy’ los autores postulan que la adaptación a medioambientes de alturas elevadas, hace que los habitantes locales sean menos susceptibles a los efectos de SARS (CoV19)2*(Cov19), debido a que sus habitantes expuestos de manera crónica a condiciones de hipoxia, expresan una reducción de los receptores ACE2 en sus pulmones. El estudio de poblaciones incluye datos epidemiológicos de la región del Tíbet en China, con poblaciones que viven en un rango de 3,500  a 4,000 metros. Bolivianos y Ecuatorianos que viven a altitudes de un rango entre 2,400 a 4,000 metros sobre el nivel del mar. Los resultados indican que el impacto del coronavirus en la meseta del Tíbet, ha sido dramáticamente más bajo comparado con el resto de China, específicamente sólo 134 casos han sido confirmados en la meseta, incluso en aquellos que desarrollaron condiciones serias, todos se recuperaron y no se observó mortalidad. Igualmente, en las provincias bolivianas localizadas a gran altitud sólo fueron detectados 54 casos de C0vid19, comparado con 140 casos de infectados en provincias de baja altitud. En otras palabras, los promedios de infección a gran altitud son tres veces más bajos comparados con las comunidades de baja altitud. De manera similar en Ecuador, sólo 722 personas con Covid19 fueron reportadas en áreas de gran altitud, comparados con 2,943 casos en las regiones de la costa.
LA MAGIA DEL NEVADO SALKANTAY
En resumen, claramente, la patogénesis del Coronavirus y la prevalencia de infección en el Tíbet y en las regiones alto Andinas, son dramáticamente más bajas que en poblaciones que viven a baja altitud, y que no corresponde a las tendencias globales. Los autores postulan que los mecanismos por debajo de la severidad más baja de la infección por el virus SARS-CoV-2 en poblaciones de altitud elevada, podrían estar  relacionadas a los rayos  ultravioleta (UV) elevados, radiación que ocurre con más intensidad en la altura, y que reduciría el tiempo de vida medio del virus  junto con la hipoxia que reduciría  la expresión de los receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), el cual es el principal blanco para que el virus SARS-CoV-(4) se adhiera y penetre el epitelio pulmonar.
Los investigadores también proponen que la alta radiación solar (UV) en poblaciones de altura reduce la virulencia. Esta posibilidad se basa en  estudios que incluyen exponer el Coronavirus SARS a irradiación UV por 60 minutos y resultó en la destrucción de la infectividad a un nivel indetectable. Sin embargo, la pregunta es, ¿de qué manera estos hallazgos pueden ser aplicados a los humanos? La posibilidad de adaptación a un ambiente de altitud elevada, podría hacer a sus habitantes menos susceptibles a la virulencia del SARS-CoV-2, es un postulado interesante. Esta hipótesis está basada en los hallazgos sobre el nivel de expresión del receptor de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2) en las células pulmonares epiteliales, lo cual puede modular el promedio de infecciones por SARS-CoV-2. Por lo tanto se ha propuesto, que los habitantes de altura (crónicamente expuestos a niveles de hipoxia  tienen niveles reducidos del receptor ACE2. Esta es una posibilidad interesante que debe examinarse considerando las estrategias adaptativas fisiológicas y genéticas de las poblaciones que viven en las grandes alturas en los Andes y en el Tíbet y que son diferentes. Los Andinos de altura muestran volumen pulmonar residual incrementado, ventilación pulmonar disminuida y concentraciones de hemoglobina elevada.  En contraste las  poblaciones del Tíbet están caracterizadas por tener ventilación pulmonar y niveles de concentración de hemoglobina no elevadas, similar a la de poblaciones de baja altitud, y un incremento moderado de volumen pulmonar. Sin embargo, ambas poblaciones Andinas y del Tíbet consiguen un alto nivel de oxigenación tisular. Por lo tanto las adaptaciones fisiológicas que puedan proteger sobre el impacto de la infección del virus COBID-19 deberán ser diferentes entre las poblaciones Andinas y del Tíbet.
En conclusión, es evidente que la frecuencia, patogénesis y mortalidad asociada con el Coronavirus, que ocurre a gran altitud son marcadamente diferentes en poblaciones que viven a baja altitud o cerca al nivel del mar. Esta dramática diferencia está probablemente relacionada con la interacción simbiótica de los procesos adaptativos fisiológicos y  con la radiación ultravioleta elevada de las grandes alturas; todo lo cual, lleva a preguntas que necesitan ser contestadas con investigaciones futuras. Investigaciones que podrían tener un impacto profundo de importancia sobre el entendimiento de la fisiología y patogénesis de este virus. Como ha sido demostrado en una reciente investigación, los anticuerpos derivados de la llama Andina  pueden neutralizar la patogénesis del coronavirus.
Una vez más, la investigación sobre la biología a grandes alturas continúa en contribuir al avance de la ciencia  para el bienestar de la humanidad.

*Roberto Frisancho Fernandez Baca. Qosqo. Perú.

EVOLUTIONARY ORIGIN OF THE UNIQUE BODY SHAPE AND LARGE AND COMPLEX BRAIN SIZE OF HUMANS

domingo, 31 de mayo de 2020


UN GUERRERO DE ALTURA
Para luchar contra el Covid19

Definitivamente tenemos que convivir con el enemigo, el corona virus. Han pasado sólo meses desde que se presentó en China. La gente está abrumada, es poco tiempo el vencido para pedir que se acostumbre a la gravedad del problema. El gobierno está haciendo lo posible pero cada vez los recursos a los cuales puede acceder, siguen disminuyendo. Falta en las últimas semanas oxígeno para los pacientes de las UCI, los contagiados no dejan de aumentan, mientras sube la desesperación por ir a trabajar.
He estado pensando en que los resultados de la cuenta de contagiados y fallecidos nos da otro camino que puede sumarse a las medidas sanitarias en Lima. Pareciera que la misma naturaleza interviniera con un serio contendor, un recio guerrero,  en el cual no nos hemos fijado, el factor altura.
El Perú tiene el privilegio de contar con la presencia de los Andes que reúnen en su territorio todos los climas de la tierra. En el caso del Covid19 la altura puede ser un recurso inesperado. De algún modo somos testigos de que afecta a la expansión del virus. Entonces, para qué luchar con él solo en el terreno llano de la chala, la costa. Vamos a llevar a los contagiados a un nivel entre 3,500 y 5,000 msm. En Lima capital, ya estamos llegando a un punto de saturación temible. Veamos un espacio que se verá como nuevo,  Lima provincia. Para mencionar algunos sitios a corta distancia, apenas horas, tenemos distritos como Cajatambo, Oyón, Huarochirí, San Cristobal de Rapaz, Santiago de Tuna, y otras localidades con alturas cercanas incluso a una cadena de nevados. Por qué no adaptar hospitales de campaña en esos lugares donde el corona virus perdería fuerza y menguaría sus letales efectos tras unos días de permanencia.  

Cordillera Huayhuash: las puertas del cielo ancashino | Noticias ...
Este movimiento demandaría a no dudarlo inversiones importantes, pero además de los hospitales de campaña habría la probabilidad de que muchas empresas dejen de asentarse solamente en Lima ciudad y amplíen sus centros de trabajo fuera de ella. Si nos preguntamos por qué la capital es punto de atracción para miles de gentes que buscan cada día un futuro mejor. Esa preferencia obedece al hecho de disponer toda clase de servicios a los que puede aspirar cualquier peruano, centros teológicos, universidades, lugares de trabajo, etcetera. Si se desplazara la mira de sus aspiraciones a los puntos señalados modernizando lo antiguo al prodigarle lo nuevo se podría disminuir inclusive la enorme población que se incorpora a Lima para sufrir.

Esta es una opción pensada ayer, ante la pesadilla de los días que corren de encierro. Creo que es una de las tantas que se deben estar formulando frente a los esfuerzos que están haciendo en el mundo. No sé trata de sustentar una hipótesis sobre la cura de  la enfermedad, sino de impedir que siga prosperando en ambientes que son su caldo de cultivo. Sigo esperando como todos que tengamos la suerte de que se produzca el hallazgo de un específico para erradicarlo. Quién sabe sea el momento de poner los ojos en los centros poblados de altura que hay en el Perú donde su tratamiento se lleve a cabo bien. La puna, en cualquier parte del Perú ha sido hasta ahora una reserva para la minería, tal vez mañana esta región pueda ser una reserva para la vida de sus habitantes.

Distrito de Cajatambo - Wikipedia, la enciclopedia libre
Hay otra opción, estamos en una época en que la tecnología ha avanzado enormemente en innumerables aspectos. Hace tiempo que el hombre se ha lanzado a la conquista del espacio. Por qué no pensar en crear en Lima un centro donde se pueda recrear el clima de altura. Puede ser muy costoso. Sin embargo, si se presentan empresas nacionales y transnacionales,  a las cuales les inquiete participar en algo que a simple vista le parece imposible, se podría construir en Lima un hospital donde los pacientes respiren el aire casi sin oxígeno de la altura, que expanda sus pulmones y desaloje al virus en su última etapa, la neumonía.
Todo es factible por parte de la ciencia. Sin opciones por el momento las que estoy poniendo en circulación podrían servir para reflexionar. A principios del siglo pasado la tuberculosis tuvo su dramático asiento en Lima, las personas que padecían su ataque eran enviadas por los médicos a un posible lugar de salvación, la ciudad de Jauja en los Andes centrales.  Qué tenía de especial, pues aire puro de altura, a la vez que una alimentación sana.
Finalmente tengo en mente que el oxígeno pueda ser quizá un factor negativo, un caldo de cultivo, para el corona virus.  Si se le quitara el oxígeno a lo mejor no tendría donde alimentarse como en tiempos pasados la tuberculosis. Después se descubrieron una serie de antibióticos. La altura tiene un oxígeno ralo y la gente que nace y vive en ese nivel tiene un corazón grande por el esfuerzo de funcionar con la pequeña ración que puede capturar y seguramente también los pulmones. Son experiencias conocidas.  
No puedo dejar de pensar, como provinciana, en la necesidad de evitar transformaciones indeseadas en las extraordinarias regiones que tenemos. Se conservan paisajes, tradiciones, costumbres, grupos arqueológicos, monumentos históricos, etcetera en todo el Perú. En cualquier caso debe haber respeto por las poblaciones existentes. No debe pasar lo que ha estado ocurriendo en Chinchero, Qosqo, con el anunciado proyecto de  un aeropuerto internacional. Se han perdido grandes extensiones de cultivos alimenticios, se ha modificado su paisaje, se han puesto en peligro las ciudades a la vera del Valle Sagrado de los Inkas hasta el famoso santuario. En las alturas, si bien hay pobreza, se mantiene como único sustento para la gente que se queda la belleza de su entorno.  Sería muy grave arrasarla para el bien de los que lleguen como atilas.
Alfonsina Barrionuevo

lunes, 25 de mayo de 2020

EL SEÑOR ROCOTO


En las mesas peruanas triunfa el señorío del rocoto (Capsicun pubescens ) como si los Apus le hubieran dado el color de piedras preciosas,  rubí, esmeralda o topacio, cuyo brillo abre el apetito. Su origen se confunde con el del ají que aparece a lo largo de milenios. La leyenda dice que cada uno de los Hermanos Ayar llevó un alimento precioso de Paqareqtanpu, ‘la posada del amanecer’ cuando Illa Teqse Wiraqocha los mandó fundar el Qosqo. El cronista Pedro Cieza de León nombra a Ayar Uchu como el portador del ají, Ayar Manko de la papa, Ayar Awka del maíz y Ayar Kachi de la sal.

Ayar Uchu no llegó al valle elegido. En Wanakaure por donde pasaron se subió a una wanka, piedra sagrada de cuyo costado nacía un arco iris. El joven fue castigado por su atrevimiento quedándose como parte de ella. Antes de petrificarse pidió a sus hermanos que lo recordaran en la fiesta del Warachiku dedicada a los jóvenes.
La illa o madre del rocoto tiene su morada en el Ukhupacha,  la tierra  o ‘mundo de abajo’. Los patriarcas de los pueblos de Ampay y Makay, Valle Sagrado de los  Inkas, cuentan que allí unos hombrecitos mágicos, los ukhupacharunachakuna, quienes cuidan también a los poronqoes o cuyes silvestres, se dedican a su siembra.

El Inka Garcilaso escribe que todo lo que come la gente de Perú se adereza con el uchu, ‘sea guisado, cocido o asado, al que los españoles llaman pimiento de Indias, aunque le digan ají en el lenguaje de las Indias de Barlovento’. Según comenta es grueso, algo prolongado y sin punta, diciendo que lo nombran como rocoto uchú.
Añade que ‘hay otros pimientos largos, delgados como el dedo meñique o merguerite. ‘Estos teníanse por más hidalgos que los pasados y así se gastaba en la Casa Real y en toda la parentela.’ ‘Hay otro pimiento, menudo y redondo, ni más ni menos que una guinda, con su pezón o palillo. Dícenle chinchi uchu y quema mucho más que los otros sin comparación, críase en poca cantidad y por ende es más estimado’. Nuestro cronista se queda corto. A la fecha se han contabilizado alrededor de doscientas cincuenta especies picantes y fragantes.

El Inka Garcilaso oyó decir a un español que era muy bueno para la vista y así  lo comían soasados. ‘Generalmente, cuanta gente llega de Indias es aficionado al uchú y  lo consumen de ordinario más que las especies de la India oriental’.
En las fiestas del imperio de los  Inkas cuando se ayunaba, como el Inti Raymi, una de las reglas rigurosas era abstenerse de comer ají. Así mismo cuando se hacía consultas a los oráculos en el santuario de Pachakamaq, Lima, los peregrinos ayunaban durante un mes y se suponía que hacían un gran sacrificio al privarse de su picante sazón.

Siendo llamado ayar uchu el rocoto adulto, esa nominación podría destacarlo de las otras variedades del mismo apellido. Más de una vez he escuchado decir que el rocoto es una fruta semi dulce en su juventud que hasta se puede preparar en dulce. Tiene que madurar para criar fuerza y provocar incendios en el paladar de quienes buscan con ansias sus cualidades guerreras. Las matas de rocoto crecen usualmente en la misma huerta. Si alguno crece solitario le llaman machurocoto porque cuadruplica  su picor.
Historia de la Gastronomía Peruana: *El Rocoto Relleno con Lomo
Por la leyenda su cuna sería Paqareqtanpu habiéndose extendido en todo el Tawantinsuyu, donde el clima fue apto para su vigoroso desarrollo. Por lo mismo, es en el Qosqo donde adquiere un carácter sibarítico. El rocoto con un relleno de lujo, carne molida de chancho o  de res, maní tostado y molido, habas verdes, huevo duro, pasas y arrebozado con huevo batido a punto de nieve y otros ingredientes es un emperador.

Así se le servía hasta la segunda década del siglo XX cuando llegó al Qosqo el capitán Luis Sánchez Cerro. Como el joven militar era mozo de jarana y picantería, cuenta Carmen Guevara, una dama cusqueña inventaron un nuevo plato en su obsequio, ‘rocotos a la Sánchez Cerro’,  horno con queso, leche y  huevos, como un ‘soufflé’.

El rocoto es pieza principal en el tradicional chiri uchu, llaqway uchu o altar uchu de los Corpus cusqueños y adorno de los famosos adobos de chancho de la ciudad imperial  Se le pone en el caldo donde terminan de hervir las carnes embriagadas en chicha desde el día anterior para enriquecer su sabor. 
        
¡Primicias de nuestra mesa!

Alfonsina Barrionuevo

domingo, 17 de mayo de 2020


PERSONAJES MÁGICOS DEL ANDE

¡Buenos días, deseando que tengan un buen domingo!

He publicado varios cuentos infantiles a base de la tradición oral y creo que pueden ser interesantes para todos. Las historias son lindas y pertenecen a diversas regiones de nuestro país. Describen sus pueblos, tradiciones, costumbres, vestuarios, etcétera. En mis archivos quedarán inéditas una infinidad que recogí en los caminos recorridos. Paciencia, al menos ésta de la serie de ‘Personajes Mágicos del Ande’, de Junín, ya fue lectura de muchos niños. Los dibujos son de Ricardo Pachas, ilustrador de mis trabajos. No están todos, los que aparecen son una referencia. 

LOS HERMANOS AYANTUPA

- Mis hijos, Asa, Lunto y Wayra serán el orgullo de Chupaka -,  solía decir la Madre  Tiempo,  curandera del pueblo.     
- Ellos son muy haraganes. Se pasan jugando todo el día -observaban las vecinas.
-Todavía son niños-, afirmaba en tono de disculpa. Los quería tanto que se equivocó.                           
- Asa, ayúdame a recoger huevos de perdiz en el campo -, pidió una mañana a la niña cuando creció.
- ¡Ay, madre, tú puedes hacerlo sola! Conoces muy bien los nidos de las perdices.
 Tienes razón – le respondió y no insistió.               
-Muchachos, vayan al bosque a recoger leña -, ordenó otro día a Lunto y a Wayra.                           
-Estamos ocupados jugando. ¡Hazlo tú! –fue su despreocupada respuesta.                                                                                                        
-Bueno, yo iré. La próxima vez lo harán ustedes. Ya no soy tan fuerte, –aceptó con una sonrisa indulgente.      
                                                                                       
Asa era muy bonita y trenzaba sus cabellos frente al espejo de los manantiales. Al terminar los amarraba con cintas multicolores que había tejido su madre. Después se ponía a bailar, mientras los pajaritos le hacían ronda. Así se pasaba el día.
-Me parece que ustedes podrían ayudar alguna vez a vuestra madre -, comentó a los chicos una amiguita que pasaba con su oveja.
-Ella no nos necesita. Ven. Nos gustaría jugar contigo. Ataremos tu oveja a un árbol.                            
-No -, contestó ella -. Mis padres me esperan.

Una tarde la Madre Tiempo tropezó en un canal de riego y se torció un tobillo.                        
–Me duele mucho -, se dijo entre lágrimas  -.Pero regresaré a mi casa como pueda. Cuando lleguen mis hijos gozaré de su cariño y sus atenciones.

 Al mediodía  ellos aparecieron muy alegres.                                                                                 
-¡Hola, madre! ¡Tenemos hambre! ¿Dónde está nuestra comida?-, reclamaron viendo la mesa vacía.               
-Me caí y me duele el tobillo,  descansaré mientras ustedes preparan una rica sopa.                   
Los tres se mostraron insensibles.
-Tonterías, madre -. ¡Levántate y cocina! Volveremos!                      
                                                                                   
Lágrimas amargas inundaron los ojos de la mujer. Apoyándose en un bastón preparó los alimentos. Indignada colocó en la olla unas hierbas mágicas. Había decidido castigarlos.                                                  
-¡Ya está! -, los llamó -. ¿Es que nunca me ayudarán?
-Te quejas por gusto, madre – fue su respuesta.

-Este guiso está sabroso –alabó Asa -. Pero, tiene algo. Mi cuerpo se deshace. ¿Qué nos has hecho madre? ¡Me siento helada! No veo mis manos.              
-¡Ahhh…¡Me voy! Tengo miedo –gritó Wayra, levantándose mientras sus piernas se convertían en viento.                                                                                
-¡Nos has encantado, devuélvenos nuestra forma!- exigió Lunto al sentir que se quebraba en mil pedazos. Quiso darle un puntapié a su madre y no pudo porque se transformó en granizo y quedó cojo. Por eso camina dando saltos.
*La Madre Tiempo confía en que sus hijos aprenderán la lección. Entonces el hechizo se hará trizas y recobrarán su forma humana.

Alfonsina Barrionuevo

domingo, 10 de mayo de 2020


POR UN MUNDO MEJOR

Esta mañana amanecí con los ojos húmedos y una sensación de orfandad en el aire. La vida detenida en el borde del balcón en una quietud insoportable. ¿La sintió así César Vallejo cuando escribió los ‘heraldos negros’? Tanto dolor en esta tierra en que vivimos que no se puede entender. Un toque de soledad poblando las pestañas en un domingo de mayo del 2020. Un año que se inició prometedor, a punto de alumbrar infinidad de proyectos, que nos sacude porque cambió de rumbo sin razón aparente.    

Nos toca resistir el desfile de los días vacíos que abruman, blindando el espíritu de valor ante el embate de la adversidad. No dejar que prospere el accionar de un irritado Hefesto, el herrero de pies irregulares de las deidades griegas, que nos tuerce la alegría en su yunque.

Al verme sumamente contristada el molle que plante en el jardín de la calle, para recordarme los cielos azules del Qosqo, me conforta moviendo sus ramas. Lo sacrifiqué al traerlo. Hijo de alturas solo produce allí uvillas rosadas y alberga nidos de pajaritos que alimenta. No lo sabía y de saberlo no lo hubiera devuelto porque me enlaza con el tiempo que se fue.
Un atisbo de sol y la congoja se esfuma como una pompa de jabón. No era yo, retrayendo un mal recuerdo desde una loma de años tempranos. Me gustaba mojarme en la lluvia, corriendo por la avenida Sol, sabiendo que mi madre tendría siempre para mí un vaso de leche caliente. Escribo, mientras una avecita se columpia en el molle. El sentimiento quizá  llegó de miles que reclaman amor toda su vida, porque el duende de sus años enanos se ausentó muy pronto. Qué pena, me habría gustado hacer que Martina Malma, de Huaro, les enseñara a jugar con los mankap’aki, vientecillos menudos que tornean sus ollitas en las playas de arena de los ríos.  

Cuando crecí tuve a Vida, mi hija, almorzando con su conejo de patas largas como sus orejas, tan grande como ella. Aún no sabía caminar pero compartían la misma zanahoria. Bugs fue reprendido cuando ella cortó una de sus trenzas azabache para que él la usara de barba.
En mi cofre guardo las tarjetas a plumón de Kukuli por el Día de la Madre. Historia familiar envasada en plural porque se sentía portavoz de su padre, de su hermana, de Victoria Cano y su guagüita Wayta María, de Miski y Ususi, las perritas graficadas por sus huellas, los canarios y la mosca Ruperta. Ocioso agregar que había cambios de acuerdo al tiempo, tacos aguja, a la moda, minifalda, al lugar y al material, alternando la gracia de sus dibujos con palabras entre jocosas y tiernas de su cosecha. 

En años primariosos aprendieron a vencer el vértigo de los caminos, apegadas a curvas polvorientas y al filo de los abismos en un VW escarabajo. Viajes memorables, dejando los zapatos en la puerta del santuario del Señor de Huamantanga, porque era de rigor saludarlo descalzas, asistiendo después a una pieza de teatro europeo, ‘El Cerco de Roma’, en el Ande limeño, actuado por todo el pueblo; rodando hasta Caraz, donde está el nevado más hermoso del mundo, el Alpamayo, elegido en un concurso internacional de fotografías, y saboreando dulzuras de sus cajas cuarteadas donde el de cidra era un rey; arribando a la fiesta de la Candelaria, en una esquina linda del lago Titiqaqa, para avivar el alma con el alborozo de las morenadas, los tundiques, las wakawakas, las llameradas, los kallawayus y muchos más; o volar a Iquitos para entrar en su entraña y convocar al sueño, gozando la experiencia de dormir entre sus árboles patriarcas, bajo el ojo vigilante de una lechuza campanario.
Un tiempo feliz. Tuvo razón Jorge Manrique al decir que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’. Sin nada que estruje el corazón con un anuncio preocupante, justo en un domingo de mayo.

Alfonsina Barrionuevo

P.D. Seguimos con la cuarentena. La naturaleza en dos meses ha recobrado esplendor y nos está dando una lección. En ella hay un acercamiento, he visto en el celular unos cóndores posándose en el antepecho de una ventana. Creo que no nos damos cuenta. Si ella fuera como nosotros, podríamos imaginar a la inversa, cómo se verían, los loros con una mascarilla, los pelícanos con otras grandotas, la jirafa con una que parecería una banderita, al hipopótamo pateando la suya, las liebres, las viskachas y hasta los perros  en la primera fase. En la siguiente ya no estarían. Así sería de fatal para el planeta si no lo cuidamos. ¡Debemos desear un  mundo mejor!

domingo, 3 de mayo de 2020


UKHUKUS NO IRAN A QOYLLUR RIT’I

Los ukhukus de Qoyllur Rit’i hicieron noticia en Facebook al bajar a San Jerónimo, un pueblo cusqueño. En la pantalla aparecieron con sus luengas túnicas y sus máscaras pasamontaña blandiendo un zurriago para devolver al encierro de sus casas a los remisos al aislamiento por el covid19. Hermosa actitud de estos personajes de origen mítico, mitad hombres y mitad osos, ayudando a la policía. Parecerá increíble pero la gente que va en peregrinaje al Qolqepunku, el Nevado de la Estrella, les obedecieron. Había una conexión entre ellos. Si vinieran a Lima los irresponsables los mirarían con curiosidad y ante la amenaza de sus látigos de cuero responderían con violencia.
Los ukhukus de San Jerónimo forman parte de una nación numerosa que acude una vez al año a la famosa planicie de Ocongate para guardar el orden y tomar parte en actividades rituales de origen inka: los pedidos al cerro, el sembrío de viviendas en miniatura, la feria de los sortilegios, la ascensión al nevado, los baños lustrales y muchas más que  son secretas.


La primera vez los vi en papel fotográfico. Víctor Chambi, hijo de don Martín, el prestigioso fotógrafo, me entregó en el siglo pasado unas fotografías de Qoyllur Rit’i y datos del peregrinaje para que los publicara. Entre ellos estaba el ukhuku. Después los vi personalmente en la hoyada de Sinaq’ara, inmersos entre otras naciones de muchos pueblos, los cóndores de Calca, los majeños de Paucartambo, los qhapaq y q’arachunchos de Mandor, los saqsas de Acomayo, que evolucionaban en su paisaje limpio, de crestas de nieve y cerros. Una asistencia de más de cien mil peregrinos de los departamentos del sur y también de Chile y Bolivia, incluyendo a los devotos del Señor de la Rinconada, el   Cristo del milagro que se imprimió en una roca, el cual  tiene hoy su santuario.. 

La historia del ukhuku es inexplicable. Hijo de un ukhumari, se supone un gigantesco oso de anteojos y una doncella, tiene los atributos de sus padres y a veces entra a las poblaciones cuando están de fiesta. El origen del tema proviene de la aparición de estos osos en las haciendas  para robar 'choclos' en época de cosecha. La fantasía popular los convierte en una terrible bestia que rapta mujeres. Antes, según me dijeron, llevaba una túnica hecha con pieles peludas de oso, una máscara negra de lana pasamontaña que ocultaba su rostro, un airón de fibra de alpaka sobre la cabeza a manera de melena y colgando del cuello un muñeco parecido a él que era su almita. Ah, también un phuru que hacía resonar. La fotografía de mi libro de Machupiqchu es de uno que asistió a la fiesta. A  veces hacen comentarios ingenios con una voz de falsete para no ser reconocidos. 


Ukhuku     Foto: José Alvarez Blas
Libro: EL APU DE LAS NIEVES
En ningún momento se quitan su wakolo, la máscara pasamontaña, pero deben ser hombres robustos. Quién sabe en su elección se considere una buena edad, pues entre sus obligaciones estaba trepar al nevado de Qolqepunku para intervenir en juegos rituales de competencia y romper bloques de hielo que cargaban en la espalda. La nieve distribuida a los peregrinos tenía las virtudes que las estrellas que habían irradiado al nevado, impregnándolo de poderes.
Este año es posible que el peregrinaje a Qoyllur Rit’i no se realice por el covid19. Debe haber un gran movimiento entre las ‘naciones, así las llaman, para solucionar los problemas derivados del aislamiento. Los turistas y curiosos que abundaban en Ocongate no estarán, lo cual les gustará si lo realizan en otro mes del año. Los q’eros suelen hacer su travesía por los meses de setiembre u octubre para hacer sus actividades privadas. Tal vez los Andes se moverán para que sus hijos reciban los dones celestes. La última vez que estuve con un equipo de televisión fue impactante como siempre, pero me descuidé y terminé con una neumonía. Me parece estar viendo a un grupo que llevaba una gran cruz de madera tosca, de cuyos brazos pendían unas túnicas vacías, seguramente de ukhukus que ya no tenían faz, ni manos, ni pies. Hace un tiempo los ukhukus impusieron la última regla. Observaron que el Qolqe Punku perdía nieve y con mucho pesar decidieron no volver a subir. Respetarían hasta donde pudieran la eternidad de sus glaciares. El día en que desaparecieran su presencia ya no tendría sentido. ¿La cruz con las túnicas vacías quería decir eso? No lo quise saber.

Alfonsina Barrionuevo