domingo, 18 de noviembre de 2018


UN ROCOTO EMPERADOR 

En las mesas peruanas triunfa el señorío del rocoto como si los Apus le hubieran dado el color de piedras preciosas, ya rubí, esmeralda o topacio, cuyo brillo abre el apetito. En las comunidades guardan la chira, su picantísima vena que desafía a los más valientes, animando el cuerpo y el espíritu en tiempos de frío o de escasez en que se muele con hierbas olorosas.
No se sabe a ciencia cierta cuándo se preparó el primer rocoto relleno, plato que desborda picardía a la vez que sabores; y cuyo consumo revela un masoquismo propio de un paladar heroico para resistir el picante, su principal atractivo. Por uno que otro ingrediente se ubica al rocoto relleno emponchado dentro del Qosqo virreinal.

Sobre su origen hay cierto encanto. La leyenda dice que lo sacó de Paqareqtanpu, ‘la posada del amanecer’, uno de los Hermanos Ayar cuando Illa Teqse Wiraqocha los mandó fundar el Qosqo. En su relación el cronista Pedro Cieza de León nombra a y Ayar Kachi como el portador de la sal, Ayar Manko de la papa, Ayar Awka del maíz y Ayar Uchu, como su nombre lo indica, del ají; aunque su domesticación ha de ser de milenios.

Imagen relacionadaAyar Uchu no llegó al valle elegido. En Wanakaure, donde se asentaron unos años, se subió sobre una wank’a o piedra sagrada, de cuyo costado nacía un arco iris, para avizorar el camino. El joven fue castigado por su atrevimiento quedándose como parte de ella. Antes de petrificarse pidió a sus hermanos que lo recordaran en la fiesta del Warachiku en que se probaba la virilidad de los jóvenes.

La illa del uchu o rocoto madre está en el Ukhupacha, la Tierra de Abajo, cuentan los patriarcas de los pueblos de Ampay y Makay, l Valle Sagrado de los  Inkas. Se dedican a su siembra, para que nunca falte unos hombrecitos mágicos, los ukhupacharunachakuna, que cuidan también a los poronqoes o kuyes silvestres,.
´’Todo lo que come la gente andina sea guisado, cocido o asado, no lo comen sin él, al que llaman uchu y los españoles, pimiento de Indias, aunque le llamen ají que es nombre de lenguaje de las Indias de Barlovento,’ escribe el Inka Garcilaso al comentar que es grueso, algo prolongado y sin punta, agregando, ´llámanle rocoto uchu, a diferencia del que se le parece’, y comenta que es tan de su gusto que prohíben comerlo cuando hacen ayuno para que sea más riguroso.

Agrega que “hay otros pimientos largos, delgados como el dedo meñique o merguerite. ‘Estos teníanse por más hidalgos que los pasados y así se gastaba en la Casa Real y en toda la parentela’ ‘Otro pimiento hay, menudo y redondo, ni más ni menos que una guinda, con su pezón o palillo. Dícenle chinchi  uchu y quema mucho más que los otros sin comparación, críase en poca cantidad y por ende es más estimado’.
Garcilaso terminaba diciendo que oyó decir a un español venido de México que era muy bueno para la vista y así comía en las comidas ‘estos pimientos asados’. ‘Generalmente, comentó, todos los viajeros que vienen a España de Indias lo comen de ordinario y lo quieren más que las especies de la India oriental.’
En las fiestas del Imperio Inka donde se ayunaba, como el Inti Raymi, una de las reglas rigurosas era abstenerse de comer ají. Así mismo cuando se hacía consultas a los oráculos en el santuario de Pachakamaq, Lima, los peregrinos ayunaban durante un mes y se suponía que hacían un gran sacrificio al privarse de su picante sazón.

‘Más de una vez he escuchado decir, escribió, que el rocoto es una fruta cuando está niño y que  se podría hacer con él dulce. Tiene que llegar a madurar, hacerse macho para conjurar el masoquismo de quienes buscan con ansias sus cualidades guerreras al mismo tiempo que su aroma. Las matas de rocoto crecen usualmente juntas. Si alguno crece solitario le llaman machurocoto por su increíble fuerza, y es solo para osados, pues produce verdaderos incendios en el paladar.
Por la leyenda su cuna estaría en Paqareqtanpu de donde se extendió a todo el Tawantinsuyu, donde el clima fuera apto para su vigoroso desarrollo. Por lo mismo, es en el Qosqo donde adquiere un carácter sibarítico. El rocoto con un relleno de lujo, carne molida de chancho o  de res, maní tostado y molido, habas verdes, huevo duro, pasas y arrebozado con huevo batido a punto de nieve y otros ingredientes, es un emperador.
Así se le servía hasta la segunda década del siglo XX cuando llegó al Qosqo el capitán Luis Sánchez Cerro antes de la revolución que depuso al presidente Augusto B. Leguía.’ Como el joven militar era mozo de jarana y picantería, cuenta Carmen Guevara, tenía gran preferencia por los rocotos rellenos y una dama cusqueña, muy entendida en cocina, los preparó al horno en su obsequio, llamándole ‘rocoto a la  Sánchez Cerro’, con queso, leche y  huevos, como un divino sufflé.
Alfonsina Barrionuevo

domingo, 11 de noviembre de 2018


LA CIVILIZACIÓN DEL MAÍZ

Al acceder al valle del Morkill para fundar el Qosqo los Hermanos Ayar cambiaron su emblema. No se sabe por qué fenómeno pasaron de la civilización de la Kinua o Kihura a la civilización del Maíz. A su santuario, el templo de oro, solo entró la hermosa planta con cañas de oro y mazorcas de plata o a la inversa con frutos de oro. Es posible que la Kihura prefiriese las tierras altas donde absorbía la fuerza de los minerales. En cambio la Saramama daba generosamente en los valles tibios donde era dueña y señora.
En la actualidad se conservan en el Qosqo ciertas ceremonias en su homenaje. Al comenzar la cosecha, que tiene lugar en estos meses, el qollana o ‘capitán de la faena’, hace la t’inka o brindis rociando las primeras plantas con chicha. Al mismo tiempo promete al maíz, con la generosidad propia del campo, que llegará a todas las manos, diciendo entre otras palabras:
Saramama, qorihina, qolqehina, llapan waychakuna hamuntin haywarinanchispa. ‘Madre maíz que eres como oro, como plata, te alcanzaremos a todos los pobres cuando vengan.’

Las mujeres separan los t´eqes que son los maíces mellizos, trillizos, cuatrillizos y hasta quintillizos para guardar la cosecha. El gran número de t’eqes, sobre todo pares, es señal de buena suerte. El t’eqe es el maíz reproductor.

Imagen relacionadaCuando los alimentos no están satisfechos del trato que reciben escasean en las despensas. En el Valle Sagrado, muchos campos ahora han sido dedicados a establecimientos turísticos y Saramama contempla espantada que disminuye su espacio. La preocupación de los agricultores denuncia su temor y su pena. ‘¡Hay que guardarle lugar! ¡Que ella no se sienta desterrada! ¡Hay que declarar esas tierras patrimonio de la nación!’
Es de lamentar que se pierda el maíz blanco de gran tamaño, orgullo del Qosqo. No vayamos a quedarnos sólo con su historia. Otras variedades se diversifican como el maíz reventón que se ha multiplicado, según los estudiosos, de acuerdo a las regiones y los pisos ecológicos.
El maíz, hervido como mote apenas cosechado, debió agradar a los paladares de épocas pasadas, tostado como kancha fue grato para niños y adultos, molido se convirtió en el primer pan que se amasó en nuestro continente.
Algunas crónicas de siglo XVI recogieron datos sobre su preparación en el Qosqo. El Inka Garcilaso cita su carácter ritual. ‘Para los sacrificios solemnes, dice, hacían pan de maíz, se llamaba sanqhu y para su comer, no de ordinario, sino de cuando en cuando por vía de regalo, hacían el mismo pan que llaman humint’a; diferenciábase en los nombres no porque el pan fuera diferente, para los sacrificios ceremoniales y el comer simple.”
El padre Bernabé Cobo observa que ‘este cereal se comía ya en forma de bollo o de t’anta (pan), de maíz reventado o pisankalla y de huminta o bollicos a la olla o el mote patasqa que era cocido o reventado’.
 Las  mujeres molían los granos en unas lozas anchas, ‘sería el maran, menciona el amauta Javier Pulgar Vidal, donde los echaban y encima le daban con otra loza, ´el tunan’, a manera de media luna, no redonda sino algo prolongada de tres dedos de ancho). En los cornejales de la media luna ponían las manos y así la traían de canto de una parte a otra sobre el maíz.’

Resultado de imagen para tamal cusqueño saladoEn Julkán, Junín, los Andes Centrales, tierra de zapateros, encontré un panadero que cocía el pan en olla de barro al estilo prehispánico. A fuego lento las pequeñas piezas que cabían en su reducido espacio se iban dorando. Parece que antes le llamaban satanka.
La humint’a, conocida ahora como humita, es pues, la vianda de la cual procede el tamal, la máxima creación de las ‘chef’ cusqueñas hace cientos de años. La humint’a no ha desaparecido porque se sigue haciendo, ya sea dulce o salada. Las diferencias están dadas por los ingredientes comenzando por el maíz, tierno para la humita y seco para el tamal. Con queso si la humita es salada, y con pasas, canela y anís si es dulce.
El tamal, entre tanto, lleva principalmente carne de puerco, ají seco tostado, cebolla aderezada, aceituna y maní tostado. La masa de la humita no necesita ser batida mientras que en el caso del tamal, sobre todo el cusqueño, requiere varias horas de ´frotado’ para estar a punto. La masa está lista cuando queda porosa, oxigenada, con aire flotando entre sus moléculas. Para cocinarla al vapor se coloca una cuchara grande en una panka, envoltura de la mazorca, como un perfumado pañal que se quita con cuidado porque puede romperse. Al centro se colocan los ingredientes anotados y luego  se envuelve como un delicado bebé.

MAESTRA VIDA
El jueves ocho un lindo grupo de profesionales recibió un grado de maestría en la Universidad Tecnológica del Perú. Entre ellos estuvo mi hija Vida, arquitecta y profesora de la Universidad Privada del  Norte y del Instituto Toulouse Lautrec. El acto fue simpático y significó para todos largas horas de volver a  aulas para seguir aprendiendo, con el deseo de dar más y mejores conocimientos a sus alumnos en muchos centros de estudios superiores.
Para mí, un motivo de Vida para alegrarme la vida.

Alfonsina Barrionuevo


domingo, 4 de noviembre de 2018


JOYAS DE LA TIERRA 

El 6 de noviembre del 2008 se inauguró en  Lima el Museo de Minerales “Andrés del Castillo“. Algo así como abrir las formidables puertas del Ande para mostrar sus inéditos tesoros. En el tráfago de la vida citadina fue recrear un oasis de paz. Afuera la ruidosa maquinaria mecánica del siglo que vivimos, adentro una invitación a la serenidad de su mundo subterráneo.

Resultado de imagen para museo de los minerales andrés del castilloEn emotivo homenaje a la memoria de su hijo, fallecido en plena juventud al caer su helicóptero, el ingeniero Guido del Castillo decidió compartir con miles de visitantes su colección de maravillas peruanas que no serían vistas de otro modo. Si alguien quisiera apreciarlas por su cuenta tendría que vencer alturas, remover las entrañas de los Apus y ganar distancias entre ellos. Sus hermosos cristales no sólo están ocultos sino dispersos a lo largo de nuestro territorio.
Penetrar en las galerías de las minas, prácticamente inaccesibles,  supone una dura experiencia. Lo puedo aseverar por haberlo vivido personalmente cuando ingresé a la mina de Quiruvilca, La Libertad, sin saber nada de geodas que escondieran soberbias esculturas  en la oscuridad.
Tales joyas podrían ser siderales si se piensa que nuestro planeta hubiera sido en un principio, como aseguran los científicos, una bola de fuego dando vueltas en el espacio hasta que se le enfrió la superficie llenándose de agua. La megamasa que cayó después al irse moviendo y fragmentando dio como resultado cinco continentes. Mucho tuvo que ver el horno ardiente de su núcleo en la creación de las vetas que fueron transportadas de los arcanos.
En una etapa posterior irrumpieron las cadenas de montañas con su cargamento de minerales. Los volcanes terrestres y submarinos por donde desfogaba su fuerza participaron en este proceso con la marca de la madre naturaleza. Sus obras superan la imaginación más desbordante. Los humanos tenemos que reconocer sus dotes de maestra del tiempo y de la vida.

Resultado de imagen para museo de los minerales andrés del castilloEn las salas del museo y en las páginas del libro “Joyas de la Tierra”, del ingeniero del Castillo, las preciosas obras que generó impresionan por sus formas diferentes,  equilibrio, colores y brillo. Verlas físicamente representa un aprendizaje de algo muy antiguo, misterioso y muy nuevo a la vez. La información sobre su historia y sus valores es interesante y amena.  Los geólogos César Cánepa y Alberto Manrique hacen una excelente descripción de los minerales cristalizados, su clasificación que es numerosa y  su ubicación en distintos yacimientos. Hace unos 3,500 años, dicen, se habría comenzado a martillar el oro en nuestro país. El primer aurífice fue oriundo de Andahuaylas y sostenía aún en sus manos unos discos del rico metal.
Los orfebres prehispánicos que querían trabajar las pepitas de oro halladas en los ríos advirtieron que no alcanzarían la temperatura requerida e inventaron una técnica metalúrgica para que la plata o el cobre lo arrastraran aunque tuvieran un grado menor de calor. Vestigios cerámicos autentican que en los cerros del Sur, cercanos al Qosqo, existieron unas pequeñas hornillas conocidas como  qoriwayrachinas, que eran accionadas  por el viento para licuar ciertos minerales. La leyenda colabora cuando reseña que Saantía (Sandia), hija de Wiraqocha y Kullawa, lloró anto al ser raptada por el jefe de los chayos que sus lágrimas convertidas en pepitas de plata caían en el altiplano qolla.
Me encantó enterarme que una de los joyas más admiradas del museo es una rodocrosita de color rojo intenso a rosa, una reina hallada en la mina de Pasto Bueno, Ancash. Otra, un tungsteno de calcio, ejemplar único en el mundo parecido al ámbar, de la mina Turmalina de Huancabamba, Piura. Una ancantita, sulfuro de plata salió de la mina de San Genaro de Huancavelica. Un alabastro pasó de yeso a convertirse en una creación milagrosa dentro de una geoda de la mina Excelsior, Pasco. Así  otras que  convocar un mitin de miradas.
En las mesas de los altomisayoq he visto unos sorprendentes cuarzos con ángel que  transmiten energía a gente que la necesita. Cuarzo vivo si presenta una especie de algodón. Un dato para recordar mientras asistimos a la celebración del décimo aniversario de apertura del Museo de Minerales del Perú “Andrés del Castillo”.  
Su colección reunida con esfuerzo y cariño destacan el espíritu sensible de su fundador. Un importantísimo motivo que nos hace sentir orgullo por el rubro cultural de la minería peruana. La casona que lo alberga está en el Jirón de la Unión. hAY QUE IR. 

Alfonsina Barrionuevo

domingo, 28 de octubre de 2018

VAMPIROS Y PAJUROS


VAMPIROS Y PAJUROS 
     
Su aliento quemaba pero el lente de la cámara se aproximó lo más cerca que pudo y captó en primer plano la mirada malévola de sus ojuelos inyectados de rojo. Retrocedió milímetros y lo capturó cuando abría la feroz boca encolmillada para lanzar un rabioso chillido. A toda pantalla se sentía su furia. Volteó además la diminuta cabeza y mordió el dedo del médico que lo sostenía. No hubo cuidado. El guante que tenía el doctor Málaga era especial. 
Fue mi primer encuentro con un murciélago vampiro vivo cuando Manchay era un lugar agreste, en los extramuros de Lima. Me dijeron que mordían hasta niños.
Un año después lo vi en un documental del National Geographic. Estaba casi oscuro cuando se desplazó como un minúsculo hombrecillo, saltando con suma cautela entre las piedras donde descansaban los lobos marinos de Parakas.
Quiso morder en la oreja a uno, pero éste lo lanzó a muchos metros de un manotazo. Volvió a la carga cuando dormía y logró su intento. Hincó sus colmillos y se apartó. Fue suficiente. Después se puso a lamer su sangre en la herida abierta. Volvería cientos de veces y el otro nunca se percataría. Así son los vampiros tropicales.
No sabía que en nuestra Amazonía había una diversidad de murciélagos. No solo vampiros. En una tarde tormentosa fui al Zoológico del Bronx en Nueva York. Nos refugiamos en el espacio destinado a murciélagos vivos  porque arreciaba la lluvia, aunque sin esperar nada sensacional. Pero fue todo lo contrario, porque para mí fue un descubrimiento inesperado. La ambientación excelente, en penumbra, nos introdujo a un sector de selva viva, con árboles y riachuelos, donde aquellos volaban de un lado a otro tras una gruesa mampara de vidrio prácticamente invisible.

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Fue fascinante. Había murciélagos fruteros, murciélagos picaflores que absorbían la miel con su sorbete natural, murciélagos pescadores, murciélagos de un tamaño increíble,  algo más grandes que un kuye, que se pasaban raudos de una rama a otra, con una piel finísima que me hizo recordar a Atawallpa, el príncipe cusqueño. En Cajamarca, almorzando con Pedro Pizarro, se le derramó un poco de comida en el traje y salió a cambiarse. Este se asombró al verle retornar con uno que parecía de un lujoso terciopelo y cómo no, había sido armado con decenas de cueritos del pecho de unos voladores que mordían y habían sido llevados de ¡muy lejos!, Tumbes.
Apreté un botón y salió una reseña que me llenó de orgullo. Los extrañísimos murciélagos que estaba viendo eran en su mayoría del Perú,  donde había más de 500 variedades: ¡Una locura!
Los científicos que se dedican a estudiar lo que tenemos en nuestro territorio, aseguran algo muy cierto: En el Perú hay especies de flora y fauna que están desapareciendo sin que hayan sido registradas, porque lo existente es vastísimo.
Cada árbol, además de formar parte de ese pulmón que oxigena al planeta, es como un gigantesco rascacielos con pisos que albergan una infinidad de especies. Cuando se talan, los “inquilinos” son desalojados y tienen que huir aceleradamente. La tierra y el agua son el hábitat de otras tantas asombrosas  criaturas en formas, tamaños y colores. Ni la imaginación más fértil podría hacer lo que es obra de la naturaleza. En sapos he visto unos que parecen pintados como si fueran flores y flores donde el arco iris ha colocado su pintura con una gracia imposible de imaginar.
Pasando por nuestro germoplasma agroalimentario tenemos una diversidad de plantas medicinales increíble. En una feria limeña se pudo ver un extraño fruto llamado “teta de vaca” por su forma, con capacidad para limpiar uñas de los hongos más rebeldes. En Yarinaqocha, Pucallpa, una investigadora americana me mostró un pequeño arbusto que, según dijo, podía acabar con la calvicie y hacer que los varones conservasen undosas cabelleras. Me mostró su libro, un “best seller”,  y se fue rezongando de nuestra ignorancia. Lastimosamente no tuve a la mano una cámara para fotografiarla con la primicia vegetal.
En la cabecera del país los pajuros, especie de papas que crecen en  árboles coposos, son una delicia para cajamarquinos y amazonenses que no llegan a nuestros mercados. Sus frutos se mecen en una vaina grande como el pakae que parece una cuna. Los comen en el desayuno, mientras que en la ciudad es rutinario el té con pan francés, al que se ha sumado el serranito”, con  semejanza a las chaplas ayacuchanas, huancavelicanas y otras conocidas sólo en sus lugares de origen. Pan que huele a arrayán, a algarrobo, a eucalipto y a otras ramas que calientan los hornos donde se cuecen y que son su singularidad.
Hay mucho que mencionar, de vez en cuando aparece una que otra novedad como la llullucha que mencionaba Guaman Poma. El Perú, nuestra patria, es ¡un gigante! en recursos genéticos y culturas asociadas a estos bienes naturales.

domingo, 21 de octubre de 2018


TESOROS VIVOS DEL MAR

Durante muchos años pensé que nos faltaba tener corales para completar nuestras maravillas. Un día entrevisté a Yuri Hooker de la Universidad Cayetano Heredia y me mostró videos y fotos. Teníamos un mar sorprendente con una diversidad de criaturas y entre ellas … ¡corales!  En este blog repito mi escrito del 2014 porque hace poco han estado en nuestro Mar Pacífico Tropical un grupo de exploradores, científicos y fotógrafos submarinos convocados por la Follow E.G.S. ONG americana liderada por el piurano Eduardo Salcedo. Ellos difundirán su riqueza a nivel mundial. Va siendo hora de que desde Punta Sal a Isla Foca sea reconocida por el gobierno como área protegida. Los depredadores surgen por todas partes.

DESCUBRIENDO ISLA FOCA

Corceles liliputienses, estrellas esponjosas, anémonas albas, medusas urticantes, babosas lumínicas, erizos cortantes, peces vestidos de amor, tiburones masticadores de cangrejos, praderas de algas, ‘jardines’ de corales, y otras extrañas criaturas,  forman la alucinante fauna submarina, única en el mundo por habitar entre aguas frías y calientes. El biólogo Yuri Hooker y su equipo llaman la atención sobre estos hallazgos vivientes en Isla Foca, y piden su protección.
Los peruanos sabemos  que gracias a la corriente fría que corre a lo largo de la costa – Corriente Peruana o de Humboldt-  nuestro mar se convierte en una despensa provista de  cardúmenes de peces. Sin embargo,  aparece Yuri Hooker, biólogo, oceanógrafo y videasta submarino y aclara el panorama. Frente a Piura la Corriente Peruana se quiebra inesperadamente y tuerce hacia la izquierda. A su vez, en ese punto, otra gran Corriente, la Tropical Ecuatorial que baja del Norte, gira a su derecha, creándose entre ambas un triángulo con una base de ciento cincuenta kilómetros. Allí, en el interior de aguas que combinan su frialdad y su calidez se genera un verdadero paraíso donde se mueve una infinidad de criaturas acostumbradas a vivir entre dos temperaturas.
En1971 el biólogo Enrique de Solar, nacido en Ica,  a bordo del arrastrero Challwa Japic I logró sumergir en el talud continental una rastra de su invención. Una leyenda norteña cobró visos de veracidad cuando extrajo poderosos cangrejos “lithoidos.” Sus brazos gigantescos hicieron pensar que en épocas aurorales un antecesor de mayor tamaño pudo atrapar a la luna en sus tenazas eclipsándola.
A unos cuarenta años de su proeza Yuri Hooker Mantilla, de cepa trujillana, estuvo registrando en el libro abierto del Pacífico la existencia de una biodiversidad prodigiosa. Isla Foca, en la costa de Paita, a unos metros de La Islilla, caleta de pescadores, aparece emperifollada con hermosísimos corales. Ellos no tienen que aventurarse en los abismos de Mama Qocha. Las maravillas están bajo la superficie y a corta distancia del litoral.

Imagen relacionadaEl biólogo, quien tiene miles de horas buceando en los mares del mundo, encuentra su mayor inspiración en nuestro mar. En estos días, encerrado en su casa, escribe “Pacífico Extremo”, una nueva obra con innumerables fotografías, sobre el gran panorama marino que ofrece el Perú. ‘En verano los bañistas piensan que es sólo una enorme masa gris, comenta. Hay que verlo por debajo, buceando en el balneario de Mejía, en Chimbote o Cabo Blanco, para asistir a una revelación. “Una vez, refiere con admiración, me topé con una medusa fantástica que se desplazaba airosamente. Esos encuentros son emocionantes y dan una idea de cuánto se puede disfrutar bajo el agua y aprender que sus habitantes merecen ser respetados.”

 “Se debe poner énfasis en la necesidad de que el SERNANP  declare como nuevas áreas protegidas a Isla Foca, Los Organos, Cabo Blanco, Ñuro y Punta Sal”, dice Hooker. Sus videos grabados en vivo y en directo, por su productora Terra Aquatica, son  impactantes.
Las grabaciones le permiten un fichaje completo de las criaturas marinas, con apoyo del Laboratorio de Biología Marina de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) y la ONG Naturaleza y Cultura Internacional ((NCI) El documental “Los Secretos de Isla Foca” fue  financiado por el CONCYTEC.
La captura de imágenes se hace de día y de noche. En cada viaje y sobre todo a Isla Foca se  anota peculiaridades de sus protagonistas. Un tramboyo  llega a cambiar de color gris a rojo rabioso cuando enamora, mientras tiburones pequeños de crestas duras se dan opíparos banquetes triturando cangrejos.

Las estrellas de mar no brillan como las que parpadean en los ámbitos celestes, pero tiene clasificadas unas treinta bellísimas. La imaginación se queda corta cuando aparecen ante el lente babosas marinas sui generis como ondulantes odaliscas. Hay unas cuarentitrés especies de peces multicolores y entre ellos los ángeles. Graciosos caballitos de mar. Erizos  galleta que despiertan admiración. Pastizales de algas y sobre todo corales  rojos y amarillos que semejan floridos jardines siendo animales.
El mar iluminado que presenta Yuri Hooker es fascinante, sin mencionar la fauna que mora encima. Lobos de mar, pingüinos,  golondrinas, pelícanos,  aves fragata, ballenas jorobadas y hasta orcas que surcan majestuosamente las olas. Los niños de La Islilla que han buceado con su equipo se sienten entusiasmados con su mar. Urge que se declare área marina reservada para proteger su medio ambiente porque está latente la amenaza de las bolicheras y las empresas grandes.
 ¡El Perú tiene que proteger sus tesoros!

domingo, 14 de octubre de 2018


PODER EN LOS ANDES

A veces es necesario reiterar que los Andes comienzan desde las orillas del mar con las dunas, siguen elevándose hasta tocar el cielo con sus picos de nieve y luego se hunden en el follaje y el aroma de la selva.  El Perú es un país andino y para mí es grato avizorar para este blog un antiquísimo camino, un ñaupa qhapaqñan, en busca de los científicos peruanos de ayer, hombres y mujeres que domesticaron cientos de especies alimenticias y medicinales contribuyendo inmensamente a la dieta de la Humanidad. 
‘Sus manos, el primer recipiente que tuvieron para beber, culminaron una milagrosa tarea al lograr que la tierra floreciera, después de haber pegado su pupila a las plantas para descubrir sus arcanos. Es cuando, sin saberlo, entraron  en la agricultura y pasaron de un estadio a otro’, escribí para mi libro ‘Qorimanka’, a pedido de Dalila Pardo de Saric, gran promotora de nuestra comida mucho antes que alzara el vuelo.
Nunca se sabrá cómo lo hicieron ni bajo que estrella sucedió. Si los frutos que caían al suelo de sus brazos repletos echaron raíces señalando el rastro de su paso, si las semillas que arrojaron después de comer cayeron en tierra fértil y fructificaron o si fueron testigos casuales interesados y curiosos de la siembra que hace la propia naturaleza.
Sus primeras cosechas del pallar con sabor a leche, del tomatillo agridulce y el zapallo harinoso, cambiaron el ritmo de su existencia. Ya no tienen que errar infatigablemente tras los rebaños de llamas, alpakas y venados, ni migrar bajo cielos con altares plúmbeos o techos de añiles luminosos. Sus ataduras con la tierra, la del seno oloroso después de la lluvia, la amante del sol y la amada de los seres humanos, se consolidó lentamente.      
Su tesón hará que el maíz montaraz, armado de granos erizados, pierda sus espinas o púas con los sucesivos cultivos y que su grano tomen formas redondas y suaves; pasando lo mismo con la papa, cenicienta del Ande, a la que confiere dulzura, quitando la naturaleza amarga de su fécula, de sus hojas y hasta de sus flores y frutos.
Observando al siwairo, un animalito tímido, de hociquillo rojo y uñas largas, que escarba la yuka y la unkhucha en la ceja de selva, incluirán esos tubérculos en su alimentación y otros de distintas regiones que también son comestibles como el camote que en el Perú se llamaba kumara, la achira, el olluko, la arrakacha, la oka, el llakhun.

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Hace unos 6,000 años la gente es capaz de percibir el cambio de las estaciones en los terciopelos del aire. La primavera con la presencia de Wallallo Karwincho, un ser mítico, quien la lleva pegada a sus talones, reverdeciendo lo que toca; el verano con la ausencia de Apu Wayra, el padre de la brisa, que hace su siesta bajo un manto de calor; el otoño con los afanes de Sunichunpi quien recoge en sus faldas las hojas maduras que ruedan de los árboles; el invierno con el reinado de los hermanos quintuples: Para, la lluvia; Qasa, la helada; K’aqya, el trueno; Illa, el rayo; y. Chiqchi, el granizo; bajo cuyo imperio se produce la parición de las nubes y el brote de una flor que quema, el fuego.
Al principio piensa que pertenece a los jardines del cielo, ella no puede ser tocada, es tabú. Esa idea lo contiene durante cientos de años hasta que vence su propia prohibición, se atreve a cogerla, procura conservarla prendida y no duerme para impedir que se apague. Finalmente, consigue producirla a su antojo, por el choque de pedernales o tomándola con espejos de la sagrada antorcha solar.
El manejo del fuego le abre perspectivas insospechadas. Hasta entonces todo lo que consume es crudo. Después soasa los trozos de carne en las brasas y hace lo mismo con otros alimentos que adquieren a su contacto un nuevo sabor. No tiene sartén ni parrilla pero se ingenia para calentar piedras planas al rojo, entre las cuales introduce piezas grandes para achicharrarlas; y, piedras pequeñas, cantos de río, que coloca ardiendo en calabazas con agua y varios ingredientes para preparar su primer chupe.
Más tarde construye hornos con terrones o k’urpas para las watias de papas que todavía se usan y son modelo de la que será después la pachamanka o sea “olla de tierra”, cuyas paredes se caldean y cuando se ponen blancas sirven para poner suficiente comida para un banquete.
Sus hazañas llegan a sus descendientes en alas del mito y la leyenda. Según se dice, muchos alimentos provienen del cuerpo del hijo del mismo Padre Sol, en una pobre mujer creada y abandonada por Pachakamaq. Sin alimentos, su pareja murió antes de hambre y ella pidió ayuda al astro radiante. Este, para llenar su soledad, envió uno de sus rayos a su vientre y nació una criatura cósmica. Envidioso de su participación en su obra el cruel Pachakamaq cogió al recién nacido y lo despedazó. Para que la madre aplacara su dolor y no se quejara al Sol sembró sus dientes y de ellos nació el maíz de granos apretados y tiernos; sembró las costillas y otros huesos y nacieron las yukas, los camotes y otros tubérculos, hizo lo mismo con la carne y de allí crecieron frutos dulces como el pepino, el pakae, la chirimoya,  el níspero y la lukma.

Alfonsina Barrionuevo

domingo, 7 de octubre de 2018


ALIMENTO QUE DA VIDA  

En el Valle Sagrado de Qosqo, donde se produce el mejor maíz del mundo en calidad y en tamaño, las mujeres tienen un rol principal en su recolección y  manejo. En la cosecha ellas se encargan del despanque y guardan el maíz en las despensas o taqes, retirando lo que se necesita para el diario sustento, pues se trata de Saramama, la doncella del Sol.
Los hombres no deben tocar las mazorcas porque, según dicen, “sus manos son de viento”, makiwayra, y si lo hacen hay el peligro de que el maíz se acabe velozmente atrayendo al hambre como un ser maléfico. Las parejas se alegran cuando su primer hijo es una mujer, porque en el  futuro será como una hermana de Saramama.
En el antiguo Perú el maíz tuvo un carácter de sacralidad. El mito que atribuye a los Hermanos Ayar la fundación del Qosqo menciona que ellos enseñaron a los hombres a sembrar el maíz que llevaron de su cerro de origen en Paqareqtanpu, como precioso regalo de sui padre, Illa Teqse Wiraqocha.
Tanto era su prestigio que Cieza de León describe que los fabulosos jardines del Qorikancha estaban “artificiosamente sembrados de maizales los cuales eran de oro, así las cañas de ellos como las hojas y mazorcas; estaban tan bien plantados que los vientos más recios no los arrancaban.”
Otro mito señala que la paqarina o lugar de nacimiento de la nación de los Wankawillkas fue Choklloqocha, “la laguna del maíz”, la mayor de las lagunas del altiplano huancavelicano. De allí salió el padre de ese grupo étnico y sus acompañantes llevando el maíz como obsequio y distintivo. De allí que se pueda cultivar tanto a nivel del mar como a 3,600 metros de altura habiendo sido uno de los principales alimentos del mundo andino.
El maíz más antiguo tiene cromosomas sin botón menciona el estudioso alemán Hans Horkheimer, indicando que en las tumbas y basurales del Perú prehispánico se ha encontrado ejemplares con estas características. Antes, ya Mangelsdorff, había propuesto que el maíz más antiguo de los Andes había partido de una planta con una diminuta mazorca, cuyos granos estaban envueltos por una cápsula en forma de túnica. En miles de años, con sucesivas selecciones, abono orgánico de  cabezas de pescado que colocaban junto a cada semilla, y otros cuidados  lograron desarrollar y mejorar el fruto. 


Tenemos una tradición milenaria de la Saramama, el maíz, y al mismo tiempo, infortunadamente, una guerra de guerrillas con el trigo que dura todavía.  A pesar de los largos años el trigo caro, ajeno y foráneo, sigue siendo preferido manteniendo al  maíz a la sombra de su prosperidad. Los españoles le colgaron el sambenito de “grano maldito que provocaba una serie de enfermedades” mientras el trigo era “bendito porque podía convertirse en el cuerpo de Dios” durante la Misa. El tiempo se encargó de reivindicarle pero falta una mayor difusión de su empleo en sopas, las gratísimas lawas, bizcochos y  maicillos.  
Qué difícil resulta amar a nuestros propios alimentos. Cómo hace falta ese cariño que pone el hombre del Ande a su cultivo. El maíz es sagrado allá donde el sembrador besa con unción la tierra, derrama unas gotas de chicha y dice: “Bebe, tierna y hermosa madre tierra para que así fortalecida nos des tus mejores frutos.”
Como la religión católica participa de sus ritos agrarios es el momento en que se limpian los zapatos de San Isidro Labrador. Los maiceros afirman que estos se llenan de barro porque en la época de la siembra el santo se turna con los Apus para hacer una ronda por los campos y volver luego a su iglesia.
Los maíces que se siembran pertenecen a numerosas variedades. Los principales de acuerdo al lugar son el parakay, maíz de color blanco, de granos perfectos y gran mazorca;  el ira maíz de color amarillo; el saqsa maíz, morado con blanco; el chullpi, delicado y dulce; el  taullasara y el pispito.
La cosecha se efectúa con ceremonias dedicadas a Saramama, el espíritu femenino del maíz, a la tierra, a San Isidro y Santa Lucía. Según el antropólogo Faustino Mayta Medina la principal actora es la mujer que asume las funciones de la fecundidad. Las segadoras cortan las cañas del maíz a ritmo acelerado entre bromas y risas, apilándolas en fila como hacían sus antepasadas. Después del despanque los maíces se secan en los tendales protegidos por una cruz de maíz adornada con rosas y claveles.
Tanto en la siembra como en la cosecha las canciones  se deshojan al viento. Tarpuy kamuy, harawi; qori rejawan, qolqe rejawan. “Sembremos, harawi; con reja de oro, con reja de plata”. ¡Y el wallay waychayllay! ¡wallay waychayllay¡, que suena como un grito de entusiasmo.
Alfonsina Barrionuevo