sábado, 15 de abril de 2017

PASION EN EL PERU

La Semana Santa tiene una gran fuerza en el Perú. Se vive con unción y con tristeza el sufrimiento y la muerte del Hijo del Hombre, como dice el Nuevo Testamento. Apóstoles, Cristos, Marías enlutadas, Verónicas, salen de las iglesias en procesiones conmovedoras. Si hubiera un mitin de imágenes llenarían plazas y calles con sus rostros dolientes, que a veces ocasionan despeñamientos de lágrimas. Hay mucho amor por el Mártir Universal y se revela a través de tradiciones que generan un enorme movimiento en nuestros pueblos. Desde las alfombras de flores que se tienden a su paso hasta la esencia de toronjil y arrayán que perfuma sus calvarios.
Los rostros que se iluminan con un fuego de esperanza, desmenuzando oraciones, sugieren otra Pasión, la del admirable país en que vivimos. Hace tiempo que el Perú arrastra como el Nazareno por un Vía Crucis inacabable una cruz. No sé de un país tan hostigado, tan maltratado, tan explotado, tan sometido, tan humillado. Tan obligado a vivir de rodillas siendo tan digno de otra suerte.

Muchos quisieran que se levante y que camine. Que se eche a andar. Pero, a otros no les conviene. En el aire, sin magdalenas que enjuguen sus heridas, se siente su padecimiento, su agonía, su miedo a un desmembramiento en ciernes que siempre es más fácil ignorar. Las terribles experiencias pasadas no nos han enseñado a prevenir los desastres y hay una complicidad en darles la espalda, en hacer que las cubra el polvo del olvido.
En el interior, los que pueden abandonan sus campos raídos y se vuelcan a las ciudades. No hay respeto por sus espacios que antaño se manejaban con cariño, por sus aguas que mantenían su prístina blancura, por sus bosques que ahora son invadidos y talados sin misericordia, por su patrimonio arqueológico y monumental que es depredado haciendo caso omiso del compromiso que se debía tener con la historia.

Resultado de imagen para señor de resurreccion en ayacuchoLima nunca dejará de ser centralista a pesar de las buenas intenciones. La independencia política que se ganó sigue siendo una dependencia con una cara diferente y permanente. En la voracidad, en el afán por exprimir sus recursos, en ese flotar a cualquier costo, que está comenzando a generar una indignación, una sorda protesta. El barrabás bíblico se multiplica a un punto que gravita como un peso insoportable sobre un pueblo desvitalizado. Quienes lo copian siguen el mismo diseño. Cerrar los ojos y sintiéndose poderosos ignorar premeditadamente las tormentas que comienzan a empañar el horizonte, justificando los viejos errores.
Un país en permanente pasión, desde varias décadas, conmociona cuando se hace un recuento de su república. Quienes lo aman sienten que su posible resurrección está lejos y no se avizora signo alguno. Sin educación cívica, con el desconocimiento de sus grandiosas culturas, usufructuando lo que queda después de sus caídas, qué se puede hacer. Todo tiene que ser de media tinta y en esa pasividad culpable sentimos que se desangra lentamente. 

Las Semanas Santas son de reflexión. Será posible que piensen en un Perú crucificado miles de veces los que tratan de disfrutar sólo de prebendas en el feriado largo que ocasionan. Vallejo dijo que había muchísimo que hacer, siendo sólo un poeta, un espíritu sensible a quien le dolía mucho el corazón. Lo veía desde París sufriendo como él, soñando y pensando que no estaba solo. Es una larga espera, pero los patriarcas andinos tienen fe en que un día el gigante se levante y logre ponerse de pie. Así lo queremos y lo exigimos.

Alfonsina Barrionuevo


domingo, 9 de abril de 2017

LOS MONJES DE QOTAWASI          

A lo lejos el bosque de lava de Wanka Wanka parecía una mancha gris insertada entre gramadales por un capricho de la naturaleza. Pensé que al caminar por él me hundiría en la ceniza.
-No tenemos buena luz, la temperatura es baja, no podremos  grabarlo, -me dijo a modo de consuelo David Morán, quien solía hacer maravillas con la cámara de televisión. A lo lejos el sol recogía sus últimos sombreritos dorados en los picos de los cerros. Se iba a pasos agigantados.
-Qué lástima, David –exclamé, -Este bosque es extrañísimo. Si hubiéramos llegado una hora antes… Realmente es lamentable.
-¿Qué pasa? –preguntó Fernando Polanco, nuestro guía en las tierras de Qotawasi, Arequipa. Se lo conté y dijo que habíamos llegado tarde pero debíamos apurarnos. Era necesario llegar con luz a la estancia donde pasaríamos la noche. Tenía razón y nos dispusimos a partir cuando volvió y me dijo algo insólito. Heraclio Loayza, el arriero que nos llevaba con sus caballos por los tortuosos caminos de la provincia, haría que el astro rey tornara para nosotros.

Lo miré con curiosidad y después con un asomo de burla, ¿así que el sol volvería?
Resultado de imagen para bosque de piedras huanca huanca la unión arequipaLoayza sacó un cigarrillo y arrojó el humo tres veces hacia el lugar donde el sol ya se iba. Sacó su botellita de licor y asperjó el licor con los dedos enviándolo en rocío hacia los cerros, derramando luego unas gotas para  la madre tierra.
-Quince minutos, -indicó Polanco.
Moví la cabeza en señal de aprobación. Quince minutos era un pequeño plazo. Nos sentamos en el pasto, al filo del horizonte a esperar un milagro imposible. ¿De veras, qué iba a pasar? De pronto las escasas nubes que había levantaron sus barrigas como si estuvieran fajadas y el sol salió por debajo iluminando Wanka wanka.
-A trabajar, -mandó. Tienen media hora.
Me fui rápidamente con David a la mole inmensa, el bosque que atraía con el misterio de sus monjes en actitud de avanzar.

Pensé que iba a hundirme, más debo confesar mi equivocación. La lava se había petrificado hacía millones de años y el piso era sólido. Los frailes y otras figuras que comenzamos a descubrir eran huecos por dentro como los barquichuelos de helado.
¿En qué momento trabajaron esto los escultores de la naturaleza? Veíamos un bosque increíble. Las figuras que adopta son fantasmagóricas. Por un lado ellos con sus sotanas y sus capuchas levantadas. Por otro un grupo de mujeres. No podía imaginar cómo trabajaron el viento y la lluvia. ¿O la autoría la poseía el fuego con sus cinceles al rojo vivo? Sus creaciones en cono, amasadas en estado incandescente eran impresionantes. Un órgano con sus tubos, un hongo con media sombrilla, también animales. Un oso, una tortuga, una viskacha. En una esquina hasta un dinosaurio Rex. ¡Qué locos! En la enmarañada textura del suelo surgían también una especie de pezones o inyas andinas.

En mis viajes no he visto nada semejante. Conozco muchos bosques de piedra en el Perú. Ninguno se parece a Wanka Wanka o Santo Santo como le llama Fernando Polanco. Este bosque de lava volcánica es un fenómeno singular. Toba que supera la fantasía humana. ¿Cómo podía estar allí,  a 4,000 metros de altura?
Sólo la leyenda se atreve a explicar su origen. En el centro, según ella, estaba el palacete de un tiránico kuraka. El señor de la comarca  cometía no sólo abusos y atropellos sino que mandaba aplicar a quien protestara atroces torturas y la muerte. Desesperados, hombres y mujeres, reclamaron la justicia del cielo. Entonces llovió fuego sobre el sitio y luego como si hubieran pensado que podría escapar, cercaron el contorno con una especie de tenedores candentes.

A la media hora de grabar el sol hizo mutis y las nubes se atropellaron para cubrir el horizonte. El bosque es uno de los atractivos naturales de Qotawasi. El punto de partida es el pueblo de Alka.
Nosotros hicimos un recorrido de siete días para hacer varios hallazgos. El bosque de piedra roja de Warmunta; los “ojos del diablo” con  manantes que parecen pupilas sangrientas; los geyser de Sairosa; el nevado y la laguna de Ichma; entre otros.
         La tradición oral se remonta a los antiguos warpa, quienes iniciaron una agricultura aérea; después llegaron en avalancha los tiawanaku; les siguieron los chankas guerreros; y, finalmente, los inkas que lograron la paz.  
Las tierras de la  provincia estuvieron repartidas entre Cusco, Arequipa y Ayacucho, hasta que el presidente José Orbegozo los juntó por decreto supremo bajo el nombre de La Unión, y pasaron a formar parte de Arequipa.

A miles de metros sobre el mar son pocos los oasis de verdes brillantes. El resto es piedra volcánica, abismos y ríos profundos. 


domingo, 2 de abril de 2017

LLANTO DE LA TIERRA

Los astronautas que ven la tierra desde el cosmos tiemblan de alegrìa porque reconocen que es su hogar. Los millones que están abajo piensan en ella de mil maneras. Es el lugar donde nacen, crecen, trabajan, sueñan, aman, gozan, luchan, mueren, y así en una ronda de años infinitos que pasan como luces fugaces. Muy pocos advierten en el camino que la tierra es un ser vivo que reclama cuidado y cariño. "La tierra está viva", decía el padre Jorge Lira, un sacerdote iluminado que llegó a esta conclusión por estar entrañablemente unido a la gente del Ande.

"La Madre Tierra está viva y sufre". En las últimas décadas los ecologistas, sin conocer su padecer íntimo, tratan de salvar las reservas naturales que quedan. La tierra no sólo se siente herida cuando es  agredida, sino que agoniza en muchas partes. Sus hijos, ensimismados en realizar las más increíbles conquistas tecnológicas, olvidan que está ahí, testigo penoso de sucesivas depredaciones. En el Perú la conocemos como Pachamama, madre tierra, y aunque el término ha llegado a los los medios de comunicación, así como el de Apus o cerros, se ignora su alerta angustioso.

Se sabe que es productora universal de alimentos y sin embargo, ingratamente, se recorta su espacio, se le contamina y se le asfixia. La madre tierra está tan viva que acusa los golpes, el peso del cemento como una loza mortuoria, la suciedad como una ofensa, la expansión de las ciudades como un atropello. Los escasos nexos humanos que tiene la escuchan pedir por las Pachamamas de Europa, por ejemplo, debilitadas por los maltratos y las mutilaciones que la menguan.

El observador de milenios que llegó a comunicarse con ella en nuestro territorio apreciaba su alegría cuando daba a luz un par de hojitas, una flor, un fruto. Reconocía las notas musicales del agua en coros desde los nevados hasta el mar o la selva, la danza gentil de la brisa para distraerla, el soplo del viento convertido en cartero de semillas, las enredaderas de arcoiris para adornar su melena.

Toda la naturaleza que vibra en el Perú por excelencia, debido a sus diversos pisos ecológicos, se agobia ante la destrucción. La selva gritaría si tuviera voz porque posee el ecosistema más frágil del globo terráqueo. Sólo apenas unos metros de tierra y debajo grandes depósitos de cuarzo. Si en el futuro quedan en descubierto el sol multiplicará su calor como un espejo y cuanto haya de vida en su contorno se quemará.

Las numerosas naciones nativas que aprendieron a vivir en ella cuidando celosamente ese sistema, movilizándose de un lado a otro para evitar la purma donde ya nada crece, dominan el secreto de mantenerla con vida. Para ellos no son tan significativos los títulos de propiedad de una tierra que es suya y donde se mueven libremente sin la atadura de una casa de cemento. La mayor ayuda sería intrusionar lo menos posible en su pulmón verde. Hay otras maneras de ayudarles, pero la mejor sería cuidando su hábitat. La acción de las aserradoras que talan preciosos árboles debía controlarse. El espíritu de la ley es ejemplar, por árbol cortado se debe sembrar otro, pero no se cumple.

Resultado de imagen para bosques en cuscoLa Pachamama está viva y también la Mamaqocha, el mar. Así mismo nunca están más cerca de verse ante peligros irremediables. Un derrame de petróleo crudo en cualquier parte del planeta significa una hecatombe para millones de criaturas, que también son sus hijos. Hay muchas alternativas para las grandes obras de los gobiernos. Nadie debe exponer a la bahía de Parakas a daños irreparables, ya se ha atentado bastante contra ella. Se han ido para siempre las enormes tortugas marinas, también el pinguino o pájaro niño y las traviesas nutrias dejando una ausencia que duele.


La naturaleza está dejando sentir su protesta en todas partes. Los cambios de clima son un índice de su espanto. Hay que temer su reacción. Cuando castiga no se detiene a pensar en los inocentes. Las olas de calor y las olas de frío aumentan como los ciclones o el deslizamiento de los cerros, como lo dicen las leyendas y lo anuncian los científicos. Un poco de amor por la tierra y ella volverá a florecer con ternuras de madre.

Alfonsina Barrionuevo

domingo, 26 de marzo de 2017

EL EXTRAÑO DESTINO DE LA PUYA

La historia de la puya es tan humana que conmueve. Vive mientras se apresta a ser madre. Cuando pone a sus hijos en manos del viento para que los siembre, su sino es morir. Se ignora por qué después de la nascencia tenga que declinar. Más, así es, tiene un principio y un fin.

Su existencia se mantiene solo hasta que brote de sus entrañas una inflorescencia gigantesca, con miles de flores donde maduran sus semillas, hasta que las haga volar con un último suspiro. La suerte determina el milagro del despertar de las nuevas puyas. Hermosa y triste misión. Al agostarse quizá alcance a ver sus diminutas hojas abriéndose sobre la tierra. 
En otras épocas tuvimos hermosos rodales o bosques con la legendaria bromeliácea: kunkosh, tikanka o titanka, sus nombres antiguos de bautizo. Hoy, como otras plantas, marcha a extinción en los Andes. Los responsables la apresuran porque su agonía por ley natural es lenta. Los ejemplares quemados son tantos que en algunas partes ya no existe. Ants de que llegaran los españoles con sus ovejas, animales que invadieron las punas, sus rodales se extendían en las alturas.

Es de lamentar lo que pasa con ella siendo una extraña planta. En el reino vegetal de la puya es la única que posee la inflorescencia más hermosa y espectacular que se haya visto. En las últimas décadas su población se ha ido reduciendo a pesar de la increíble cantidad de semillas que produce. Cada día su supervivencia es más difícil. Sensible que no participen las instituciones que defienden la ecología. Se necesita que alguna quiera  luchar por su permanencia en nuestro territorio  como recurso económico y paisajístico. La puya es sólo una de las tantas especies vegetales que los civilizados hombres del siglo XXI han condenado a perderse en cualquier momento de la faz de la tierra. Antonio Raimondi la identificó como Pourretia gigantea, dentro de la familia bromeliaceae. Por eso, en honor a sus afanes ella lleva sui apellido, “puya Raimondi”.
Resultado de imagen para puya raimondi florEn el Callejón de Huaylas, Ancash, se ha encontrado ejemplares de 8 y 11 metros de altura total. El camino hacia el nevado Pastoruri era uno de los pocos lugares donde se podía admirarla a plenitud. No se sabe si continúa reinando cerca de sus glaciares.

Siendo tan exótica es poco lo que se sabe de ella. No hay registro de cuántos meses o años pasa para que llegue a su madurez. Nadie ha estudiado su promedio de vida. Su inflorescencia alberga más de seis millones de semillas de forma triangular, aplanada, de 3x4 mm., de las cuales lograrán germinar menos del uno por ciento.

Su hábitat se encuentra entre los 3,800 a 4,500 metros sobre el nivel del mar y sin embargo no ha podido escapar a sus perseguidores. Tiene su propia fauna, el picaflor negro cordillerano gigante, el papamosca, el pájaro pito, la tórtola y el canastero que saben vivir con ella. Sus enormes hojas lanceoladas son espinosas y se convierten en trampa fatal sobre todo para los ovinos que se enredan en ellas. Los pastores queman las plantas y su ritmo de destrucción ha aumentado, a pesar de que  muere de forma natural y cuando ha terminado su ciclo vegetativo.
Los rodales de puya deben ser protegidos porque embellecen el monótono paisaje punero y son útiles a las comunidades nativas como alimento cuando sus hojas están tiernas. Para evitar su desaparición se debe concientizar a los comuneros y pueblos cercanos para que demarquen más lejos sus lugares de pastoreo. La gente debe aprender a integrarse a su ecosistema. La puya estuvo allí antes que ellos.

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Su recuperación  daría lugar a crear micro climas, aminorar los efectos del frío y ayudar a disminuir las consecuencias de las precipitaciones pluviales. Según estudios de los ecólogos y geógrafos los Andes estaban cubiertos no sólo de puyas sino de otros bosques antes de la expansión humana. David Guillet sostiene que sus áreas incluyen la cuenca del lago Titiqaqa y muchas otras secciones de los valles y de las punas de la sierra. La campaña de su recuperación puede sumarse a otras, por medio de viveros, para arborizar las alturas con árboles resistentes como el qolli, la qewña y el chachakomo, que también han disminuido porque los convierten en vigas para las viviendas y leña. El geógrafo O.F. Cook sostiene que si se le atiende puede prosperar bajo condiciones climáticas adversas, sin riesgo. Cualquiera reforestación puede ser efectiva para el planeta que está amenazado por el efecto invernadero. Ella puede contribuir a crear fuentes de oxígeno. Hay que salvarla para todos nosotros.

Alfonsina Barrionuevo


domingo, 19 de marzo de 2017

S.O.S. A LA NATURALEZA


Estamos en un momento grave en que el barro estruja y ahoga el corazón en nuestro propio pecho. Tenemos un río de barro amenazando correr por nuestras venas. Escucho los gritos de las mujeres en el barro. El llanto de los niños con el barro como una garra apelmazada sobre sus carnes. A los hombres intentando resistir el abrazo hosco del barro.

Como somos Perú estamos en esa trinchera barrosa que en estos días nos invade. No quiero pensar si merecemos estas llokllas que se han desatado con furia. Este dolor que se niega en añadir su lágrima de espanto al barro. Todos sabemos que las heridas de barro que se han abierto han sido provocadas por el silencio nuestro. Lo sabíamos y nadie puede negar que arremetimos contra la naturaleza hasta que ella se rebeló de esta manea desesperante que tarda en terminarse.  

Estoy pensando en una persona que pronosticó, no el barro que nos hace temblar, sino algo peor como es la muerte. Recuerdo haber entrevistado, en las últimas décadas del siglo pasado, al insigne sociólogo brasileño Josué de Castro. Le pregunté si la explosión demográfica daría alas al hambre, uno de los crueles jinetes de la Apocalipsis. El, sombrío, me contestó. “No se preocupe por el hambre. Antes la gente se morirá de sed.”
A nivel mundial nosotros, necios, estamos destruyendo nuestro hermoso hogar, el planeta Tierra. El cambio climático que se ha ido acentuando desde 1925 cuando los periódicos del mundo publicaban sobre desastres como el fenómeno del Niño,  seguimos provocando a la Naturaleza en todos los niveles, desde los domésticos hasta los industrializados. La carrera es loca porque los que debíamos hablar, llenar las plazas en mitines, somos la mayoría, nosotros; y los que tienen la acción son una minoría que ya no se preocupa por el planeta debido a que creen que podrán irse con sus caudales a otro.
En el Perú porque la inercia es nuestra enemiga común. Los sometimientos crean a los que gritaron para adentro, lo cual es tan inútil, como enmudecer ante la opresión y el abuso.
A esta hora en que miles de familias se han quedado no sólo sin techo, sino sin nada para vivir sólo quisiera ir a las cumbres para llamarle a la Naturaleza y pedirle seguramente con Dios que me compaña, que espere, que se detenga un poco. Quisiera ir pero no puedo prometerle lo que no vamos a hacer. Esta es una encrucijada. ¿Qué podría decirle yo, solo una voz, abrumada por la tremenda pena que encarna a quienes están sufriendo más el despojo, el frío, el hambre,  la sed.
Si yo pudiera hablar con ella le prometería porque estoy en Lima que reforestaría las laderas de los cerros por donde discurre el río Rímac para contener otras descargas, para que los aluviones no encuentren viviendas incautas sino frescura de árboledas, cantos de pájaros, trinchera vegetal que ayude a respirar. Le ofrecería encausar el río Mamaqmayu (alias Rimaq), limpiarlo, evitar los desfogues mineros y otros, acabar con las aguas negras contaminantes y que vuelva a hacerse amigo. Le insistiría en hacer que haya más vida en la Carretera Central para que no esté en emergencia. Sería recomenzar con lo que se  debe hacer en el resto del país que sufre la misma pesadilla. No nos hemos preocupado por ella que nos brinda dulzuras que agotamos, quemamos y pisoteamos. Que vuelvan a ser los ríos de Lambayeque a Ica el albergue claro de criaturas dulces como los camarones de heroicas pinzas que nadan de ida y vuelta hasta las lagunas de los deshielos. Es bueno saber por Salvador del Solar que los grupos arqueológicos no se han dañado. Será porque en los viejos señoríos se sabía que era más seguro construir en las alturas. Somos millones de peruanos que no queremos que el barro mande de esa manera en los latidos, lo queremos siempre como barro fecundo, barro fértil para sembrar semillas de vida. 

Queremos siempre anochecer y amanecer con esperanza, ya lo dirá en runa simi inspirado Carmen Escalante Gutiérrez, quien sustentó el jueves dieciséis de marzo su tesis doctoral en  qechwa en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Cómo se mantienen los valores de Qosqo, cómo se lucha para defenderlos, cómo se tiene que triunfar en España, porque el idioma de las sustentaciones de tesis tienen que ser en el Perú, en español. 


Alfonsina Barrionuevo

domingo, 12 de marzo de 2017

EL PICHINKUCHA SILVA 
Una voz y una guitarra

En los Andes el canto del pichinko o gorrión llega al corazón y lo deshace en dulzuras. Será por comparación con la belleza de sus trinos que Manuel Silva, de Qaraypanpa, Aymaraes, Apurímac, fue bautizado a corta edad como “pichinkucha.” Desde pequeño su voz arrancaba como una invitación a la vida en la cocina donde crepitaban los leños, a la orilla de los hornos donde el pan se bañaba en su música, al lado de los waqrap’ukus sonoros o cornetas de cuerno.

La imagen puede contener: una persona, tocando un instrumento musical y guitarra
Así fue creciendo el “pichinkucha Silva” que, en las fiestas octubrinas de Mamacha Rosario, prendía manojos de notas en sus manos de paloma. Hasta que un día se vino a Lima con su guitarra en los brazos y todos los cantos de amor recogidos de los caminos en su alma. Al verlo el público se deshace en aplausos porque escuchándole evoca con nostalgia a su pueblo, regresando a sus raíces. Esperamos que el gorrión que lleva en su garganta nunca deje de cantar ni se suelte de las cuerdas de su guitarra.
                                                            


LINDAS PLAYAS EN HUACHO


A pocos les importa que la tempertura al elevarse esté matando ranas si pueden tostarse como un camarón. Cada fin de semana los veraneantes vuelan a las playas del Sur. El mar rompe sus olas y los recibe con un abrazo fresco. La arena puede quemar lo que quiera porque allí les aguardan las generosas aguas de nuestro océano.
Peronalmente me encantaría desviar la mitad de ese río humano hacia las playas del Norte Chico. Hay ciudades esperando a los visitantes con el regalo de un merecido descanso adormilados al borde del mar. Huacho es un buen destino a ciento cincuenta kilómetros de Lima, con hoteles y restaurantes acogedores.

La idea es salir el sábado en la tarde, tomar un alojamiento al llegar, darse un buen duchazo y gozar desde el parque el espectáculo del sol incendiando el horizonte. La plaza con una amplia rotonda, la catedral dedicada a San Bartolomé que sufrió martirio en el siglo I, la fachada que es el último vestigio de la casona de Sebastián Salinas Cosío, las casas de estilo alemán de Abel Mato y la afrancesada de Pitaluga. En el camino es una anécdota del pasado la Estación del tren que iba y volvía de Lima. Su jirón principal de luces de colores ofrece una última mirada al bulevar con sus enormes farolas que le dan un toque de distinción. 

Resultado de imagen para CALLE PRINCIPAL DE HUACHO PERUEn la mañana del domingo, después de un sabroso desayuno huachano con las famosas salchichas que gozan un renombre de siglos, chicharrones, tamales y camote frito, una caminata al puerto y luego encaminarse a la playa donde las sombrillas comienzan a abrirse como hongos. Para almorzar hay muy buenos sitios donde se lucen los platos marinos, las yucas harinosas y otros potajes que son orgullo de su cocina. A media tarde es hora de regresar relajados y felices de haber encontrado nuevos atractivos,  con el deseo de volver. 

Si se quiere sólo arena y mar están las playas Herradura y Paraíso; para los tablistas armarse de adrenalina con las gigantescas olas de la Centinela. Para jugar con el Pacífico y dorarse están Hornillos, Colorado, Tilca, Cerco Verde, Cocoy y Tartacay, entre otros lugares lindos como La Ventana, Quitacalzón y Lampay.
Para los amantes de la naturaleza hay una especie de zoológico en medio mar. Huacho tiene islas con lobos y aves marinas. Se recomienda proveerse de sombreros o viseras hechos con telas de algas que protegen de los rayos UVA. Los tours incluyen cuando se les pide una lonchera especial con sandwichs y gaseosas o agua para no deshidratarse.

Si hay tiempo algo más. Un paseíllo a Huaura, donde está enclavado en media placita un campanario histórico. Entre sus bronces el mayor es la "campana de la libertad" y las otras son de las iglesias de San Andrés y Santa María. La casona del duque de San Carlos, Fermín Francisco de Carbajal Vargas y Alarcón, donde se guardaban las barras de plata que llegaban de Pasco cuando fue sede de la aduana marítima, es muy mirada por el balconcito desde el cual el general José de San Martín declaró la independencia. El edificio virreinal que ahora es museo de sitio se construyó entre 1710 y 1730. Los macizos de flores que dan alegría al patio de entrada son sugestivos. Invitan a atreverse a subir por la escalerilla al segundo piso y pasando la habitación entrar al balcón. El patio interior con ancho pasadizo conserva su añejo techo de madera y las ventanas de rejas torneadas. En las antiguas habitaciones del duque se exhiben cuadros y reliquias de épocas gloriosas.

¡Vamos para el Norte Chico!

Alfonsina Barrionuevo

domingo, 5 de marzo de 2017

RAUL PORRAS Y TORRE TAGLE

Resultado de imagen para raul porras barrenecheaLa imagen que tenía del historiador Raúl Porras Barrenechea cuando llegué de Qosqo, como un acérrimo hispanista, cambió cuando lo conocí. Aprecié su admiración por la ciudad emperadora en un prólogo de antología y me quedé pensando sobre esas opiniones equívocas que engañan. Le vi solo un par de veces pero él tenía muy buena memoria y un espíritu profundamente humano. La revista "Caretas", me pidió que le entrevistara sobre el Palacio de Torre Tagle y muy osadamente lo llamé al Ministerio de Relaciones Exteriores. ¡Qué tiempos aquellos en que se podía hablar a un ministro sin tanto trámite ni antesala!

Recuerdo a la ciudad, espigándose  en sus edificios, aire más puro, menos gente, chales de bruma en invierno y en verano chorrillos de agua que bajaban de los barrancos en Agua Dulce. El Doctor Porras me contestó que no tenía tiempo. Partía esa misma noche a la Conferencia de Cancilleres Americanos en San José de Costa Rica.  Un último viaje porque estaba muy enfermo, pero iba por el Perú. Nadie imaginó que volvería sólo para irse definitivamente.


"Lo siento Doctor, qué pena", le dije y rápidamente me contestó. "Pero, podemos hacerlo ahora". Me quedé estupefacta. "¿Por teléfono?" Para mí no era fácil porque llamaba de un anexo del Ministerio de Educación donde encontré trabajo mientras estudiaba leyes en San Marcos.
"Alfonsina, vamos a ponernos frente al palacio y yo se lo iré describiendo como si estuviéramos juntos. ¿Tiene un lapicero?"
"Adelante Doctor, estoy lista", le contesté. Fue una entrevista que duró más de media hora, sumamente rica en información porque él conocía muy bien su arquitectura y su historia. En sus palabras sentí el encanto del ambiente de esa casona montañesa que mandó construir a principios del siglo XVIII el comerciante José de Torre Tagle y Bracho, hombre de fortuna y buen gusto.
"Es un error encasillar su arquitectura en diferentes estilos siendo enorme su parecido con las casas de Santillana del Mar, ciudad que conserva su gran prestancia y señorío", comentó. "Los azulejos que se notan en la entrada y en la parte alta así como cierto arreglo en los arcos de la parte baja y los corredores le dan un aspecto ligeramente morisco, limeño, pero la solemnidad de su recinto es la misma de las casas montañesas."


Yo no tenía nada que preguntar sino apuntar. Era toda una explicación magistral y tuve la gran suerte de recibirla. "El Palacio sobrepasa las características de la casa colonial, compuesta de un zaguán generalmente oscuro que ponía un tramo  de sombra entre la luminosidad del patio y la calle; luego la sala, el traspatio, la cuadra. Esta consta de dos pisos, la parte alta con sus anchas galerías sobre el patio, donde se distribuyen los amplios y suntuosos salones, las pequeñas salas laterales, los dormitorios, el oratorio, y la parte baja destinada a los menesteres comerciales."

En ese momento la voz de la operadora sonó imperativa. "Voy a cortar. Está ocupando el anexo demasiado tiempo."
Yo no supe qué decir. Fue el ilustre historiador quien solucionó el impase al identificarse. "Señorita, el Ministro de Relaciones Exteriores está dictando unas notas. Hágame el favor de no interrumpirme." Ella fue muy cortés. "Disculpe, Doctor, puede seguir" y, muy extrañada me dejó abierta la línea.
"Seguimos, Alfonsina, en el zaguán existen unos poyos provistos de argollas, que servían para atar los caballos, y de escaleritas, para que subieran las señoras a sus cabalgaduras.  Entramos al patio y en el ángulo izquierdo existe un mascarón de proa, adorno que recuerda el cargo de Pagador Mayor de la Armada que poseía el primer marqués y que fue hereditario en su familia. Esta proa servía para pesar las mercaderías. Los cañones de la entrada eran símbolo de nobleza y en ellos se colocaba una cadena, que la convertía en una "casa de cadena". En casas como ésta podían asilarse los prófugos, ya que por una real cédula la justicia no podía ingresar sin permiso del dueño.”

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"La fachada, soberbiamente tallada en piedra con motivos barrocos, lleva al centro el escudo nobiliario de los Tagle. Los balcones primorosamente realizados dan una nota de suntuosidad al conjunto siendo una característica de la arquitectura limeña, porque desde ellos se podía atisbar la calle sin ser visto, una coquetería arquitectónica que se revela en otros lugares de la casa, ingeniosamente disimulados, desde donde se puede observar sin ser visto. Uno de los balcones es más grande que el otro, particularidad también propia de las casas limeñas. En el piso alto destacaban el gran salón, relativamente pequeño para su relieve, una hilera de piezas, el comedor al frente y a su lado el oratorio, que en la casa limeña era colocado junto a la cuadra (sala). Parece que se adoptó esta medida para facilitar el ingreso de las personas del comedor al oratorio después de la comida para rezar el rosario."
"En la arquitectura del palacio es notable la mezcla de motivos coloniales con cierto primor barroco y algunos rasgos andaluces vivaces con el atuendo y solemnidad de las casas de Santillana del Mar."

"Doctor gracias por su generosidad, me despedí al terminar. No le vi nunca más. Pero, cada vez que leo la antología de Qosqo no puedo menos que evocar su presencia patricia, mostrándome con cariño uno de los primeros ejemplares del Diccionario Qechwa de Holguín, que era un tesoro para él, según dijo. Bastó verle una vez para saber como el Dr. Raúl Porras Barrenechea, más que hispanista era un señor peruanista.

Alfonsina Barrionuevo