domingo, 11 de octubre de 2015
JESUS URBANO EN RIVA AGÜERO
En el Museo de
Artes y Tradiciones del Instituto Riva Agüero de la PUCP están los últimos
retablos que hizo Jesús Urbano Rojas. Así como Joaquín Lopez Antay le dio un
giro al cajón o caja San Marcos o San Antonio que llevaban los ganaderos para
que los santos protegieran a sus animales,
Jesús Urbano Rojas llevó al retablo a los personajes mágicos del Ande.

Un día me visitó y
me dijo que quería poner en sus cajas los cuentos que ilustró mi hija Kukuli. Nunca
lo pensé. A lo más creí que sería interesante ponerlos en un plato o tiesto de
barro para que los niños los colgaran en su cuarto o los tuvieran los maestros
para explicar sus mágicas historias.
Su idea me pareció
excelente. Un retablo es una caja mágica de escenas costumbristas. Un lugar exacto
para los sueños infantiles. Pasó algún tiempo y casi me olvidé de su propuesta.
Jesús estuvo muy
enfermo y al cabo no resistió más el tiempo y las desilusiones. Se llevó en su
bagaje, al fin del camino, el título de “doctor honoris causa” concedido por la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Un verdadero honor.
Cuando mucho más
tarde vino a verme su viuda, una cusqueña amable y cariñosa, me tendió un
paquete que traía. Pensé en un retablo y lo abrí con mi asistente, Victoria Cano
Díaz. Mi sorpresa fue enorme cuando advertí que había en él tres retablos.
Dentro habían cobrado figura y volumen el Uchuchullko, gracioso guardián de los animales silvestres en
Santiago de Tuna, Lima; la Sirenita de la Saraja , de Ica; y, el Muki, pequeño guardián de las vetas de oro y plata de
las minas.
Todavía pueden
verlos. Están en la muestra: “Alfonsina total”, que exhibe el Museo, en el Jirón
Camaná 459, en el mismo Centro de Lima. Mi mundo, armado por Lucho Repetto en la
casona de Riva Aguero. Está de lunes a viernes, de 10 a.m. a 7 p.m. hasta el 3
de noviembre. Al final volverán a casa o se irán a un instituto o museo para que
puedan verlos mejor.
LOS PRODIGIOS DEL CLIMA
A
media mañana de cielo azul, con ligeros flecos de nubes, el Sapan Inka o Unico
Señor, hundía la chakitaqlla con reverencia en el seno oloroso de la Pachamama o “madre tierra”. A él le tocaba
ser el primero en abrir el surco para iniciar la siembra. En los otros suyus,
los Inka Rantin ─sus representantes-, hacían lo propio en su nombre, con la
asistencia de los señores locales.
Posiblemente
el resto de la nobleza presente continuaba con la ceremonia agraria, por orden
de rango, y luego seguían la posta las gentes dedicadas a esta hermosa
actividad creadora de vida. Los cronistas no mencionan cuáles eran las primeras
semillas que la Qoya, esposa del Inka, colocaba en el surco. Tal vez las papas
más escogidas o granos blancos de maíz, especies que se alternaban en cada
campaña agrícola, rotando los espacios cada vez para que la tierra descansara.
El
clima era más abrigado que ahora, porque había bosques de undosos árboles en el
contorno de las chacras y también vegetación.
Cuando
llegaron los españoles se acabó en Cusco la ceremonia de inicio imperial de la
actividades agrarias. Al repartirse los solares el andén de la siembra sagrada
que estuvo en una de las partes altas de la ciudad puma se convirtió en la
plaza de San Francisco.
La
agricultura prehispánica no sufrió cambio y se siguieron cultivando las
especies milenarias con lo poco que llegó del Viejo Mundo: trigo, arroz,
cebada, haba y arveja.
Los
ayllus o comunidades de origen milenario todavía conservan la costumbre de
tener un qollana o jefe que comanda la
siembra y efectúa las ofrendas a la Pachamama, para que las
cosechas sean óptimas. Igualmente están atentos a una infinidad de indicadores
climáticos y astronómicos. La preparación de tierras y algunas
de las siembras comienzan en agosto, cuando las
primeras señales se dan en el cielo donde sale en la noche la Qolqa,
conjunto de estrellas rutilantes que auguran un buen año agrícola. Pero si una
o dos son débiles de un total de cuatro, habrá que retrasar el trabajo, porque
el año será seco o demasiado lluvioso.
El
estudioso Santiago Erick SantiagoAntúnez de Mayolo menciona otros indicadores.
Por ejemplo, si las aves construyen sus
nidos en el curso de los riachuelos, aprovechando que están secos, la falta de
agua no permitirá el brote a tiempo de las plantas. En cambio, si las arañas tejen sus telas en las partes
altas, el año será bueno. Son avisos de la la Madre Naturaleza.
Hasta
la religión católica se
incorpora a la predicción del futuro agrícola. En la
procesión del Corpus Christi de Cusco, si la Virgen de Belén está pálida, el
tiempo será malo para el campo. Si sus mejillas lucen sonrosadas, buen anuncio
para los cultivos. Si sus andas son muy pesadas el año será de pesares. Si se
las siente livianas es una advertencia de que todo irá bien.
Santa
Bárbara doncella, otra imagen que forma parte del desfile religioso, es la Pachamama de la papa y ante sus andas las mujeres juegan con
un bate haciendo correr de un lado a otro una pelota de madera. Su pueblo se
divide en Hanan Poroy, la parte alta, y Urin Poroy, la parte baja. Las
jugadoras de cada lugar tratan de llevar la pelota a su arco en un tiempo
establecido. Aquellas que lo consigan tendrán un buen año.
En
Otuzco, La Libertad, si la lluvia besa a las mejillas de la Virgen de la Puerta
es un buen augurio. La Virgen sale en
procesión un día soleado, limpio,
sin nubes, y es raro que alguna se forme
a lo lejos. Mucho más que sea arrastrada por el viento hasta el atrio de la
iglesia donde la imagen baja de su
capilla en la portada por un palo
deslizador y se detiene
a medio camino. La espera no puede prolongarse más de dos
horas, en que concluye el descenso a sus andas. La gente del agro aguarda
y retorna con una sonrisa o un aire de tristeza, según el pronóstico climático
de la Virgen.
Tuve
la suerte de informarme de su relación con la lluvia conversando con los
agricultores que aprovechaban la fiesta para hacer su feria de productos en las
cercanías.
Tuve
la suerte de asistir al prodigio. Vi formarse la nube y contemplar cómo llegó
rápidamente en alas del viento y me cayó una gota de agua. El anuncio que
aguardaban con ansia los agricultores. No le faltaron a la señora celeste, que
es una talla pequeña muy linda, sus devotos “negros”, de cara pintada con
hollín, que recuerdan a los esclavos que llegaron en el virreinato.
Al
fundar las villas, los españoles las
ponían bajo la advocación de
alguna imagen , como San Carlos de Puno, la Santísima Trinidad
de Huancayo, Santo Domingo de Sicaya o San Valentín de Trujillo, etc. En cada
lugar los celebran en su día que es de fiesta.
El Día del Indio, que se amarraba con el Día
de Cusco, era un motivo para que los provincianos nos diéramos un abrazo bajo
el árbol de sangre andina que entroncaba a todos. Así fue hasta que en 1969 se
convirtió en el Día del Campesino y marginó a quienes
viven en las ciudades.
Es
de ver que al fin de cuentas, el Día del Indio nunca fue festejado por los
ayllus, que pasaron a ser comunidades, porque la nominación de indios viene del
error de Colón, quien creyó haber llegado a las Indias del Asia. Los citadinos
siguen calificando a la gente andina como
indios, pero ellos no se llaman de ese modo a sí mismos. Dicen: “soy de
Panpallaqta”, “de Paruro”, “de Santa Cruz de Flores”, “de Cabanaconde” o “de Santa María de Nieva”, etc. Igual que la
gente de ciudad: “soy limeño”, “soy tacneño”, “soy ayacuchano”, etc. Al final
se vuelven “limeños” cuando sus padres y abuelos dejan su tierra y se integran a la ciudad.
domingo, 4 de octubre de 2015
EDILBERTO MERIDA EN EXPO RIVA AGUERO
Nunca pensé
que los artistas populares del Perú se juntaran para acompañarme. Ellos están en la muestra de Riva Agüero, Jr.
Camaná 459, Lima, donde el Museo de Artes y Tradiciones Populares exhibe mi
mundo. Allí figuran con sus obras, algunas de las cuales son únicas.
Edilberto
Mérida hizo algunos toros del Yawar Fiesta, la famosa fiesta brava con cóndor
en Cusco. Los descendientes de los Inkas
y otros señores andinos se aficionaron por la lidia de toros y alternaban con
los españoles en la Plaza de Armas.
Pizarro quien toreó el primero, según la tradición en su casa, no
llegó a verles, porque fueron desalojados un tiempo después. Ya que se les dijo
que que lo hicieran en sus pueblos de origen.
En una
ocasión le conté al artista de los barros de protesta que, en cierto pueblo de
Cusco, el cóndor no era cosido al lomo
del toro, para fungir de banderilla viva, sino que lo toreaba. Le interesó mucho la historia. El salqa misitu enfrentándose a la gran ave,
rabiosamente, con todo su poderío, sin poder tocarla.
El cóndor, atrapado en una cacería que llevaba muchos días, era conducido al coso que se improvisaba. A Mario Cama, el altomisayoq, le
chispeaban los ojos cuando recordar cómo era soltado, un poco mareado, porque
le hacían tomar chicha para que no se fuera. Su enemigo llegaba, entre tanto, bien
atrincado haciéndose dueño de la plaza. Tenía una ventaja, podía arremeter
contra ella con su fuerza bruta intacta.
El cóndor
lo veía aparecer entre brumas, por un segundo, pues, aquel arrancaba enseguida.
En ese espacio alcanzaba a levantar un ala como si fuera una capa. Enceguecido
por la ira el cornúpeta cargaba inútilmente. El cóndor recogía su ala, daba un salto al otro extremo y volvía a citarle. Estaban así unos minutos, midiéndose, hasta que los vapores de la chicha se iban disipando
y el cóndor intentaba volar, levantándose un poco del suelo.
El toro, laceado
nuevamente para devolverlo a los pastizales, terminaba ignorado. El cóndor, en cambio, era llevado en procesión con guirnaldas de flores en el cuello y cintas de colores en
las patas hasta la cumbre del cerro, para ser liberado. Acalambrado parecía que iba a estrellarse. Siempre lograba
reponerse y remontar el vuelo, unas veces lentamente y otras con mayor viveza.
De eso dependía la fortuna del pueblo en la siembra y cosecha de sus campos.
Edilberto
Mérida, “doctor honoris causa” en los Estados Unidos, hizo un toro para mí que
se exhibe en la muestra de Rica Agüero. Allí les espera, enjuto, poderoso, con
sus cuatrocientos kilos de furia
retenidos en el barro.
MAIZ BLANCO DE LOS INKAS SE ACABA
El famoso maíz blanco de los Inkas
marcha a su desaparición. Noticias que llegan del Cusco certifican que empresas extranjeras y nacionales construyen hoteles sobre los surcos donde crecía. Los
turistas dormirán sobre la loza que cubre las airosas cañas de hojas alargadas
donde se gloriaban las mazorcas que valían el oro de un Imperio.
El profesor John Earls, de la
Pontificia Universidad Católica del Perú, especialista en el paraqay, el maíz
de los Inkas, debe estar apesadumbrado. “Vine
al Perú y me convertí en un fanático del maíz blanco gigante de Urubamba,
Cusco”, reveló en una entrevista.
Nacido en Sidney, Australia, lo atrajo
la historia de los Inkas, la música andina y la lectura de José María Arguedas
y Ciro Alegría. “Dejé la física y estudié antropología en la Universidad Nacional
de Huamanga, para mejorar mi español”, agregó con una amplia sonrisa. Su
segundo idioma le permitió abrir las pankas del maíz gigante y descubrir sus
secretos.
Los Inkas, según explica, tuvieron una
escuela de agricultura para el paraqay, maíz blanco de hermosos granos. “En Australia
tenemos un clima uniforme, pero aquí cada 30 metros
de altura varía. La infinidad de altitudes es fascinante. Un metro más es más
frío; menos, más caliente. Influyen también el viento y la lluvia. Me intrigaba
cómo los Inkas pudieron lograr una planificación que coordinara esas diferencias”,
confesó el investigador peruanista, añadiendo: “Entonces, me dediqué a averiguar
cómo pudieron ordenar un trabajo tan eficiente para el maíz blanco gigante, que
fue para ellos un cultivo de Estado. Busqué la literatura que pude y con mis
investigaciones obtuve un doctorado en Estados Unidos, estudiando los orígenes de la
agricultura en el Perú.”
Para John Earls fue muy curioso que la
fase de maduración del maíz tuviera tanta relación con la temperatura. En
épocas anteriores, esta especie fue pequeña. Mejorar su tamaño fue una
importante hazaña que se logró en base a una observación constante. Su ritmo de
maduración tiene una relación tan directa con la temperatura, que el aumento de
un grado centígrado en el ambiente reduce su desarrollo varias semanas.
Según afirmó Earls, el florecimiento
del maíz funciona bien en condiciones iniciales de temperatura, pero si hay nevadas
o sequías no se puede predecir su maduración. Cabe preguntar también, indica, cómo en los Andes, de niveles tan irregulares,
los antiguos qosqorunas pudieron asegurar el riego. Si falta volumen de agua en
la época de floración, se malogra la cosecha. Pero los agricultores
prehispánicos dominaron su comportamiento.
En las pequeñas chacras donde aún se
cultiva se mantiene aún el ancestral sistema de riego. A los 3,000 metros , el maíz florece
y madura casi en 115 días; mientras que a los 2,500 lo hace en 84 días. Para que el
agua fluya uniformemente se necesita una organización perfecta.
“El proceso es
complejísimo”, explicó Earls. “La
gente lo maneja con los movimientos del sol y mirando también a las estrellas.
Esto ha sido comprobado con mediciones satelitales y mediciones de la
temperatura del mar y de la cantidad de agua que hay en la atmósfera, las
cuales determinan el tamaño de las mazorcas.”
La gente andina tiene sus estrategias
para no perder la cosecha del paraqay y superar los tiempos tardíos y las
sequías. Tienen al kulli, un tipo de maíz blanco morocho, que madura mucho más
rápido, por lo que puede lograr un
segundo sembrío en el año e incluso asociarlo con otro que va a madurar antes de que llegue
el invierno.
“Para mí —continuó el doctor Earls― fue como si tuvieran una máquina para
coordinar su trabajo con características biológicas excepcionales. La gente usa
el ayni y eso le sirve. Ahora algunos apuntan en cuadernos qué día tendrán
un ayni, pero antes fue seguramente con khipus. Los varayoq o “alcaldes andinos”
con sus alguaciles tienen en sus manos el control del trabajo en las
comunidades. Un sistema brillante ”
El profesor de la PUCP refirió que los Inkas se concentraron mucho
en el cultivo del gran maíz blanco de Urubamba. Ellos desarrollaron también la
genética para el mejoramiento de las otras razas. Uno de ellos, hermano de
Pachakuteq ―tal vez Tupaq Yupanqui―, es recordado como el pionero en la
planificación de la agricultura andina.
Para terminar, Earls alude a los
últimos cambios climáticos. “Son muchos. Los campos están más expuestos a las
radiaciones solares. Han variado los indicadores ecológicos, los zorros aúllan
meses antes y los sapos saltan fuera de época. Habrá modificaciones genéticas
en los cultivos. Confío en que las
comunidades encontrarán soluciones. En 1989 escribí un libro sobre Moray, básicamente un laboratorio abierto de
investigación y experimentación agrícola
en diferentes altitudes dentro de un mismo ecosistema”.
El paraqay se cultiva especialmente en
Urubamba. En las últimas décadas ha bajado su producción porque los hoteles ocupan
sus tierras. Es lamentable, manifiestan familias del lugar, que se pierda. Los
Inkas quisieron ampliar el cultivo del maíz gigante a otras regiones y no dio
resultado, porque su piso, su habitat, está allí.
El Perú
tiene alrededor de 136 razas de maíz que se producen en varias partes del país desde
el reventón hasta el saqsa, rojo con blanco; el dulce chullpi, el qellosara
amarillo, para mote; el oqesara plomo,
para tostar; el kondevilla, que es precoz,
el maná, que al ser tostado se expande y muchos otros. La mayoría están
perdiendo mercado. Se usan para preparar
chicha, la kancha que es el desayuno de
los niños en el campo y para hervirlo y comerlo con queso. En Julkán, cerca de
Santa Rosa de Ocopa, Junín, encontré un
agricultor que cocía la satanka, un panecillo prehispánico en una olla especial
a fuego lento. En Oropesa, Cusco, hay una diversidad de panes desde la t’anta prehispánica
hasta las chutas y la torta de hurk’a.
En el Inti Raymi se preparaba la
chicha sagrada o aqha y unos panecillos
llamados sankhu probablemente con el maíz blanco. Los Inkas y los
kurakas visitantes esperaban ansiosos la aparición del astro rey. Había la creencia de que la tierra podía
quedar en tinieblas al comenzar el solsticio de invierno.
Al caer su primer rayo de oro sobre
los cerros se iniciaba un largo ceremonial –saludo, brindis, invocación, cambio
del mosoq nina o fuego nuevo, vaticinios
y otros-. A su término, comenzando por el Inka y los nobles de las panakas o
familias imperiales, todos “comulgaban”
untando el sanqhu con una gota de sangre de la llama blanca sacrificada.
La biólogos cusqueños Rosa Hernández y su esposo César
Salas, insisten que el parakay debe ser
considerado patrimonio nacional. Ellos tienen en P’isaq un Sara Wasi o “Casa-Museo de Exposición del Maíz”. Su propósito es dar a
los visitantes una explicación de sus características. En el caso del paraqay la
mazorca tiene ocho hileras simétricas. Su tamaño enorme y su composición
química dependen de la calidad del agua, del ph de los campos y de las
diferencias del clima.
En la
cosecha, según el antropólogo Faustino Mayta Medina, las principales actoras son las
mujeres. Después del despanque colocan las mazorcas en el tendal, protegido por
una cruz de maíz adornada con rosas y claveles.
Para guardar
el maíz en los trojes, separan los taqes que son los maíces mellizos,
trillizos, cuatrillizos y hasta quintillizos. El gran número de taqes, sobre
todo pares, es señal de buena suerte. El taqe es el maíz reproductor, la madre
del maíz.
Hacemos
votos por el paraqay y también por los otros maíces del Valle Sagrado. Que no
terminen trágicamente como piezas de
museo, debido a la “siembra” suicida de
tantos hoteles y afines, ahí donde aún sobreviven la máxima escuela agronómica y
la gran reserva maicera del Antiguo Perú.
Alfonsina Barrionuevo
sábado, 26 de septiembre de 2015
EL DIVINO ROBAPAN EN RIVA AGÜERO
¿Se puede robar una leyenda?
He comprobado que sí. Hace muchos años cuando
fui a Oropesa, pueblo panadero de Cusco, conocí al divino Robapan. Un Niño
Dios, el mismo que aparece en la fotografía, al cual manos aviesas se llevaron
de la iglesia.
Cuando pregunté por las imágenes que había en su interior me dijeron que había una de maravilla conocido como el "Divino Robapan", y me contaron su historia.
Una panadera de siglos pasados, entre muchos
artesanos que se dedicaban a preparar las deliciosas y fragantes chutas,
grandes panes, de tipo familiar, descubrió que las suyas desaparecían de la
canasta donde las ponía. Ella trabajaba en uno de los tantos turnos. En Oropesa
los hornos estaban prendidos desde medianoche hasta la madrugada. A ella le
tocaba muy temprano y se iba después a descansar un par de horas. Volvía y se llevaba su gran
canasta para venderlas.
Alguien, sin embargo, comenzó a robarle sus
chutas. El contenido de su canasta mermaba, debajo de las blancas y almidonadas
manteletas conque las cubría. Era sigiloso el tal ladrón. La puerta de la
habitación donde las guardaba permanecía cerrada con un candado “loba” de tres
vueltas, muy seguro. Le puso dos y hasta tres. Igual. Hasta que decidió vigilar
desde una vivienda cercana. Su espera
dio un inusitado resultado. Con sorpresa vio que las hojas de su única ventana
se abrían hacia afuera. Unos chiquillos se pusieron en fila al costado y, ¡sorpresa!,
un hermoso Niño Dios que había comprado, apareció en el vano, comenzando a
repartir sus chutas. Al terminar cerró
la ventana y todo volvió a su normalidad.
La panadera encerró a la divina imagen en una
urna y, “en su nombre”, preparó desde entonces unas chutas para los niños que
iban, a su vivienda, por su ración.
Volví a Oropesa, al cabo de muchos años,
cuando el pueblo había cambiado enormemente. Fui a la iglesia porque quería
grabar al Divino Ropaban para mi programa del Canal 7. Ya no estaba en el altar
de la iglesia donde llevaron la urna cuando falleció su dueña. Me apenó que
robaran al Niño de leyenda.
Lo pueden ver en un cuento que escribí para
narrar su adorable historia. Tenía la foto y Kukuli, mi hija, lo reprodujo en bellas
ilustraciones. El cuento figura entre otros que he escrito para los niños del
Perú. Los mismos que se exhiben en la muestra “Alfonsina Total”, en el Museo de
Artes y Tradiciones Populares del Instituto Riva Agüero, de la PUCP, en el Jr.
Camaná 459. Los Barrow, John y Martha, lo han reproducido en una escultura en
madera que está allí.
La exposición, con mi colección de arte
popular, mis libros, mis cuentos y mis fotografías, estará hasta el 3 de
noviembre en esa casa señorial, que alberga cultura, en el centro histórico de
Lima.
Les espero. No dejen de ir.
El poder de las plantas
Una hermosa leyenda, recopilada en Puno por José Portugal
Catacora, asegura que el primer hombre andino fue creado con el untu, grasa o
esencia vital de las plantas, los animales y las piedras. De allí se origina su
intensa relación con el
mundo que le rodea. Su conocimiento de las plantas
medicinales que le ayudan a superar cualquier malestar físico o espiritual. Su
caminar por los yermos inhóspitos de altura sin fatigarse porque tenía la muña (Minthostachys mollis), cuyo agradable olor
al frotarla entre sus manos y aspirarla renueva su energía.
La pacha salvia (Salvia offinalis), cuyas hojas soasadas le sirven para combatir
dolores reumáticos, la misma que se conoce con el nombre de ñuqch’u, flor
sagrada de los Inkas, que era derramada sobre sus andas áureas, pasando después
a ser sedosa ofrenda para el Señor de los Temblores, en la procesión de Lunes
Santo.
Sobre la importancia de éstas y otras plantas,
el médico huanuqueño Hermilio Valdizán Medrano y el químico farmacéutico-arequipeño
Angel Maldonado
Alcázar , ambos doctores en sus especialidades, con estudios
en Francia e Italia, publicaron el “Diccionario
de Medicina Popular Peruana” en las primeras décadas del siglo pasado. En sus
páginas aparece un minucioso registro de muchos especímenes, con sus
respectivos dibujos.
En 1995 John Eddowes Villarán, médico
psicólogo limeño de abuelo inglés, comenzó a trabajar con veintitrés esencias florales
y siete productos de plantas que combinan efectos curativos. En 1939, según mencionó
él, el doctor Edward Bach de Gales, Gran Bretaña, publicó por primera vez un registro
de esencias florales.
Dichas esencias que tituló “Sistema
Kinde”, pertenecen a un grupo importante que ha sobrevivido a la extinción de
especies por su fortaleza ante los cambios ambientales. Su adaptabilidad para
enfrentar situaciones adversas y cambiantes es aprovechada como terapia para
tratar ciertos desequilibrios emocionales asociados generalmente a malestares
físicos. La
Organización Mundial de la Salud (OMS) las considera como
medicinas de uso libre.
La descripción de las virtudes y
propiedades de las plantas que maneja John Eddowes es tan expresiva y jugosa como esas anotaciones
que son clásicas.
Así tenemos la manayupa (Desmodium
molliculun), conocida también como “pata de perro”, “amor seco” o “pega
pega”, que vive entre 2,000 y 3,000
m .s.n.m. en los Andes. Se usa para purificar y
desintoxicar el cuerpo de fármacos y drogas, estimulando el funcionamiento de
los riñones. También sirve para limpiar los ambientes pesados.
La yawar chonka, (Oenothera rosea), que crece en grandes alturas, es famosa porque
“disipa la tristeza y apaga la pena”. Es buena para enfermedades cardíacas y los
problemas circulatorios. Sus flores tienen pétalos rosados o lilas. Con la
infusión de esas flores el corazón recupera un ritmo sosegado y baja la presión.
El diente de león o achicoria amarga (Taraxacum Offinale), tiene hojas dentadas
y largas, flores amarillas y frutos en forma de bolas con pelos sedosos que
dispersa el viento. Es una planta
diurética, que estimula la función del hígado y los riñones, combate el exceso
del colesterol y reduce la
obesidad. Su esencia floral es muy útil para liberar la
tensión y la furia contenida.
El lirio naranja, lirio del Perú o
lirio de los Inkas (Lilium
bulbiferumrum), tiene un follaje de pocas hojas, lanceoladas, y sus flores ostentan
pétalos con marcas o parches de colores. La tradición popular relaciona a estas
flores con los buenos augurios cuando se regalan. Su uso incrementa la
creatividad, despeja los bloqueos mentales, alienta el optimismo y ayuda a innovar el
quehacer personal y profesional.
El heliotropo (Heliotropium peruvianum) tiene flores que siempre miran al sol y lo
buscan. Son empleadas para tratar problemas de huesos y articulaciones, así como
afecciones respiratorias.
El pepino dulce (Municatum Ait), oriundo del Perú y reproducido
en la cerámica prehispánica, posee una esencia floral que refresca la mente y
alivia de preocupaciones, ayudando además a reducir el estrés.
La chuchuwaska (Brunfelsia grandiflora), llamada también “sanango”, “francisquita”
y “borrachero”, es una planta “maestra” de la Amazonía. Su esencia
floral ayuda a regular las sensaciones extremas de frío y calor. Es
recomendable usarla tópicamente para la rosácea.
El molle, (Schinus molle), “escobilla” o “árbol de la pimienta”, es analgésico,
antiinflamatorio, antibacteriano, antiespasmódico, astringente, balsámico,
diurético y estimulante.
La hierba del alacrán, (Heliotropium angiospermun, Murria), también
conocida como “cola de gato” y “hierba del sapo”, es útil ante problemas de huesos y artritis, afecciones
respiratorias y picaduras del alacrán.
En esencia floral es una bebida burbujeante que ayuda a “relajar la columna
vertebral y mejorar la postura”.
La verbena (Verbena offinalis), “hierba de los hechizos” , “verbena del campo”
o “verbena negra”, crece en las ocho regiones hasta 5,000 metros , posee
vitaminas A, B y C ,
y es recomendada para tratar infecciones,
bronquitis y hepatitis..
La wachuma (Trichochocereaus pachanoi), cuyo nombre popular es “San Pedro”, es una cactácea
de la costa norte, con espinas pardas y flores blancas. En la medicina
tradicional del norte peruano se usa en ceremonias de curación, por sus efectos
depurativos (purgante y psicoactivo). También es usado en casos de sinusitis,
fiebre alta y problemas de la piel y el cuero cabelludo, entre otros. Su
esencia floral da claridad a la mente y afina la intuición. Los
baños del cactus hervido calman los nervios.
John Eddowes combina las plantas con
esencias Kinde o con diferentes productos, según los casos que debe tratar.
Veamos algunos:
Para momentos extremos de la vida o
para reducir el estrés cotidiano: yawar chonka, diente de león, pepino y
mariposa roja.
Para emociones intensas, cuando se
llora fácilmente o se está al borde de la desesperación: mango, yawar chonka y molle.
Para aclarar mente y ordenar los pensamientos:
agerato, jacarandá, ocopa, lirio y estrella púrpura.
Para relajar el cuerpo y la mente: Diente
de león, verbena y pepino.
Para conciliar el sueño: extracto de wachuma con colágeno de tuna y aloe, más vitaminas. Aplicar
en el cuerpo antes de acostarse o en momentos de estrés.
Para desinflamar y regenerar
articulaciones, tendones, músculos, huesos cartílagos y otros: Extracto de molle, matico, chilka y llantén.
Para limpiar
los dientes y proteger las encías: Harina
de coca, salvia y arcilla medicinal.
Para dormir:
propax, cápsulas naturales.
En resumen,
para mantener la salud tenemos una lista abundante de plantas medicinales. a
las que se puede recurrir.
domingo, 20 de septiembre de 2015
SINEWALDO DE PIURA
En mi colección de arte popular que se exhibe en el Museo de Artes y Tradiciones Populares se encuentra una obra de don Sinewaldo, un nombre que parece traído de las Cruzadas. Lo recuerdo magro, erguido a pesar del derrumbe de años sobre su cabeza, de manos grandes y dedos nudosos. Lo descubrí en una exposición del Museo Thomas que un día emigró no se sabe adónde.
Sus obras me
parecieron extrañas. Tenía una veintena de hombres y mujeres del campo en
terracota captados con una naturalidad asombrosa. Un tanto de magia y se hubieran
echado a caminar. Unos y otras eran mayores y tenían un aspecto desmañado, trasladado de su labor cotidiana, sin arreglo
ni retoque.
Quise saber más y
me quedé intrigada cuando don Sinewaldo me dijo que eran producto de su granja
de pavos. Lo miré con asombro y se puso a reír.
“Me llamo Sinewaldo y estoy aquí porque el
Señor arrasó un día con mi casa y mi chacra”, me dijo y notando mis dudas fue a
una explicación coherente.
“Nací en una
granja de pavos de Semana Santa, cerca de Catacaos, Piura. Desde que comencé a a caminar
sentí que estaba amarrado a esas aves. A mucha gente le gustan los pavos con
piña, sobre todo en Semana Santa. Yo los detesto. Mi padre me obligó a cuidar
sus pavos toda mi vida. Me enseñó a leer y escribir para que no fuera a la
escuela y dedicó mi niñez, mi juventud y
mi mayoría de edad a cuidarlas. Yo
rezaba todos los días para que ocurriese algo que me liberase de ellas y nada.”
“O sea que sigue
con los pavos. ¿Cómo ha podido dejarlos?” –le pregunté conmovida. Nunca había
visto a un esclavo de pavos, Ya veía a cientos de ellos cortándole el paso.
“Déjeme terminar.
Aunque un poco tarde Dios me escuchó y en un Niño feroz, el río se desmandó y
arrasó con la granja. Mi padre ya no existía pero yo seguía atado a ellos.Al
fin quedé sin nada y me liberé al fin. No sabía qué hacer, me sentía viejo pero
en eso vi un manto de arcilla en el lugar de la granja, allí estaba mi
tesoro. No sé de dónde salió mi afición
a trabajar el barro. Todos estos años he visto sólo campesinos. Por eso mi obra
es rural.”
Compré una mujer
que estaba peinando sus largos cabellos con un peine escarmenador y así don
Sinewaldo, con nombre de caballero cruzado entró a mi colección de artistas de
Perú. ¿Quieren ver la pieza del ceramista?. Mi exposición está en el jirón Camaná 459, Lima,
en una hermosa casa del Instituto Riva Agüero, segundo piso.
Cada pieza tiene historia.ABEJOTAS INKAS,MOCHES Y WANKAS
El wayronqo es feo. Los niños le tienen miedo. Sólo algunos-los más osados- se atreven a cogerlo, le amarran un hilo y lo llevan como una "mascota" voladora, un tanto suelto, para que no se vaya. Es un moscardón grande, negro y peludo, que al volar produce un zumbido intenso. Entre los 2,000 y 3,000 metros -más o menos- viven en las paredes de adobe, donde abre agujeros.
Parece que nadie ha dedicado un
estudio a este insecto propio de las pesadillas infantiles en el campo. Sin
embargo, nuestros antepasados prehispánicos sí lo hicieron, hasta determinar
que producía rica miel y polen.
Recuerdo haberle visto volar con las
patitas bañadas con un polvillo dorado. Ahora sé que era el polen de las flores
que le servían para alimentarse y elaborar un líquido denso, pegajoso y dulce. El
mismo que, en los Andes de Ancash,se llama tunpu.
Moches, inkas y wankas, entre otras
naciones que ocupaban nuestro territorio,
reconocían sus virtudes. El abejorro grueso y peludo, según notas de
Hans Jungbluth, era en realidad una
especie de abejota silvestre que pasó a ser relegada a último plano cuando
llegaron las abejas europeas.
En el antiguo Perú se usaba su miel y
su cera, porque la primera ─obtenida incluso de unas abejas pequeñas, sin
aguijón, llamadas meliponas─ ayudaba a vivir con salud. Los moche recolectaban
la miel producida por abejas que proliferaban en lugares donde había plantas de
tomate silvestre, tomate de campo o sachatomate, que era de gran beneficio para
los niños, las mujeres lactantes y los
mayores. Su sabor, ─dicen los cronistas─ era inigualable. También se
menciona la miel que se obtenía en las
partes donde crece el maní por la misma razón.
La miel de las meliponas sirve mucho a
las naciones de Amazonas y Loreto, donde abundan. En el mercado tradicional
recibe el nombre de miel de palo y es preferida a otras para ciertos ritos
tradicionales. En los pueblos cercanos, el chuchuwasi o hidromiel se prepara
con ella.
Según los extraordinarios registros de
Guaman Poma de Ayala, en el Qoya Raytmi Killa o Fiesta de la Luna, en
setiembre, cuando se celebraba el kikuchikuy o primera menarquía de las niñas,
se les daba pociones de ciertas flores y miel de abeja, por la creencia de que
así preservarían la frescura de su piel por largo tiempo.
Entre los inkas se apreciaba mucho a
los wayronqos y en varios pueblos de Cusco, Ancash, Junín y otros andinos, se
cree hasta hoy que su cera tiene gran fuerza como ofrenda. Los abejorros o
abejas grandes eran criaturas de Mama map’a, que les protegía haciendo que su
miel fuera abundante.
En las galerías que abre este gran
trabajador alado, tanto en las paredes
de adobe, como en las cortezas de ciertos árboles, especialmente el maguey, suele
encontrarse bolitas de polen más grandes que una avellana. Cada nido contiene
unos 250 gramos
de polen, rico en proteínas y vitaminas. ¡Quién lo iba imaginar!.
En algunos haywariku, pagapu u
ofrendas que se arman sólo con pétalos de flores rojas y blancas o de otros
colores, se emplea la miel del abejorro para pegar unos con otros y recrear su
presentación. Me encargaron hacer una y sirvió muy bien la miel cristalizada.
La única forma de que no se corriera. Fue un verdadero desafío.
Nuestra Amazonía ofrece una buena
cantidad de mieladas cada año, al principio de la época lluviosa. “En comarcas
donde impera el cultivo ilegal de coca para producir droga, los panales de
abejas son una alternativa para la pobre economía del poblador de la gran
región de los bosques y los ríos”, comenta Junbluth. Su carácter de suplemento
alimentario es muy apreciado. Vale recordar que tenemos un déficit de
producción y que por ello se importa varias toneladas de Chile y Argentina.
Se estima que en el país existen entre
15,000 y 18,000 apicultores, más o menos. Pero
muy pocos pueden llegar a tener 1,000 colmenas. La mayoría fluctúa entre
12 y 15. Muchas son colocadas en los techos de las casas, para evitar el riesgo
de robo. Su manejo no siempre es técnico. Algunos se han organizado y trabajan
con destreza, por ejemplo en Tumbes, Piura y Lambayeque, obteniendo miel con
sabores de árboles frutales, a los que
se suman las floraciones del algodón.
Entre las amenazas que se ciernen
sobre los apicultores, destacan: el aumento del uso de pesticidas en la
agricultura, el posible ingreso de
cultivos transgénicos, la tala ilegal de bosques, el escaso apoyo del
Estado y la banca a los proyectos avícolas, y el problema de la abeja
africanizada que conserva una dosis de agresividad.
De manera colateral, las abejas son
usadas con fines curativos. “Un aguijón bien puesto puede ser santo remedio
para varios males”, asegura Hans Jungbluth, director del Centro de Medicina Alterativa
“Abejas curativas”. Este tipo de terapia data de la época de Hipócrates, Padre
de la Medicina, pero recién en los últimos años se ha investigado cuáles son
los componentes de la apitoxina que segrega la abeja al picar y sus mejores formas de aplicación.
Con más de treinta años dedicados a la
crianza de abejas, él manifiesta que su efecto antiinflamatorio es dos veces
superior al de la aspirina, está registrado como medicamento en Estados Unidos
y se puede encontrar en el vademécum clínico.
La terapia con abejas actúa sobre
varios campos a la vez. La miel es un excelente alimento energético. El polen
tiene casi todos los nutrientes que el cuerpo necesita. La jalea real renueva
las células y regula las hormonas, y el propóleo ayuda a eliminar las toxinas
acumuladas en el organismo.
La apitoxina es un bioestimulante y,
al mismo tiempo, un antibiótico natural
que combate afecciones a los sistemas respiratorio y digestivo, promueve
la regeneración de los tejidos y controla los síntomas causados por el estrés,
incluyendo la migraña.
Al respecto, Stephan Stangaciu,
científico rumano, afirma que es ”La reina de las terapias alternativas”. Una
panacea ideal que proporcionan las abejas.
El Instituto Nacional de
Investigación Agraria, las facultades de Biología de nuestras universidades y
el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, entre otros organismos,
deberían emprender el estudio científico de nuestras abejas silvestres, para
manejarlas y aprovecharlas como parte de nuestra biodiversidad.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Alfonsina Total
El pasado
jueves, diez de setiembre, José de la
Puente Brunke, Director del Instituto Riva Agüero, inauguró la exposición
“Alfonsina Total”, en el Museo de Artes y Tradiciones Populares. Fue un acto
simpático, nada protocolar, intensamente emotivo. Los numerosos invitados se
sorprendieron de la forma como Luis
Repetto Málaga y su equipo hicieron un
montaje moderno, creativo e impactante en cada una de sus salas, dando a los
Reyes Magos de Georgina Mendívil la misión
de ofrecer a todos un grato saludo de bienvenida.
La idea
primigenia fue mostrar las creaciones del arte popular, “un río que fluye sin
detenerse”, pero Luis Repetto quiso hacer algo más, coincidir con el espíritu investigador
de la periodista. Sus fotografías con personajes entrevistados por ella en ese
interesante quehacer, lugares recorridos
en las clásicas regiones y las notas en “El Comercio” y “Caretas”, entre otras
publicaciones, que generaron varios libros. La máquina de escribir eléctrica que fue dada
de baja al llegar la computadora, el proyector de slides ahora en desuso, y la
videocámara, sacadas del desván. No terminó allí. Se llevó “América Rota”, un
barro de Kukuli y su Santa Rosita negra, una belleza. También las fotografías de José Alvarez Blas
y Fernando Seminario Solaligue, de la Exposición “Wakas de Qosqo” auspiciada
por instituciones amigas como Antapaccay, Aranwa y la Cátedra de UNESCO de la
Universidad Ricardo Palma.
La muestra
es una hermosa recreación, llevada a cabo con talento y generosidad, acerca de
tiempos vividos y sueños realizados. Alfonsina sigue vigente como siempre, haciendo entrevistas y escribiendo.
"Alfonsina Total" es la obra extraordinaria del director del Museo de Artes y Tradiciones Populares, quien comparte con la periodista la amistad entrañable de Mildred Merino de Zela, fundadora del Centro de Catalogación y Apoyo al Folklore, cuando la Facultad de Antropología de la Pontificia Universidad Católica del Perú funcionaba en la Casa de Riva Aguero.
LOS YACHACHIQ DEL AGRO
En el 2014 César Sotomayor Calderón y
yo compartimos algunos comentarios sobre el campo. El tema comenzó con los “saberes” de los pequeños agricultores andinos a quienes les
inquietaba la proximidad de malos
tiempos.
“Este año lloverá poco y los cultivos
se arrodillarán ante el calor o soportarán diluvios”.
“El nevado Chikón pierde nieve. No
ayudará a guardar el chuño”.
“Está nevando demasiado. Morirán
muchas crías de alpakas.”
Ellos ignoraban que su visitante, a
quien confiaban sus cuitas, era un economista de larga trayectoria y que era Viceministro
de Políticas Agrarias del Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI). Pero sí les
daba confianza su empeño en ayudarles. Lo conocían del Proyecto
“Haku Wiñay” del FONCODES-MIDIS, que desde hace tres años favorece a miles de familias rurales.
Hace 25 años que Sotomayor se prendió la escarapela del campo
en el pecho y, considerando que el Perú ha dado al mundo cientos de especies
alimenticias, gracias a los conocimientos milenarios de la gente del Ande, decidió trabajar con ellos.
Conversamos y me dijo algo muy cierto. Se
puede prescindir de muchas cosas, mas no de los alimentos, y el Estado tiene la
responsabilidad de garantizar la seguridad alimentaria de los peruanos y
proyectarse a los mercados internacionales, con los comestibles producidos en
sus ochenta y cuatro pisos ecológicos.
Según señaló la pequeña producción de
las comunidades nativas y campesinas, denominada “agricultura familiar”, tiene
el valor de haber conservado a un alto precio, como la discriminación, la
riqueza de nuestra biodiversidad. "Domesticar las especies alimenticias fue una
proeza de los antepasados preinkas e inkas, que crearon valiosas tecnologías,
como la construcción de andenes o el tratamiento de semillas en diferentes condiciones climáticas.”
Le pregunté si había algún
reconocimiento a esa lucha anónima y silenciosa. Me respondió que a raíz de la
celebración del “Año Internacional de la Agricultura Familiar”, el MINAGRI se
impuso la tarea de hacer más visible su esfuerzo. Por ejemplo, mediante inversiones
en obras de riego e insumos.
“Los productos nativos, observó, han
sido puestos en valor por la gastronomía, incentivando el consumo de la papa nativa, la quinua o kihura y otros
alimentos andinos en los grandes restaurantes. Había que dar alas a la pequeña
producción agraria, para asegurar esa gran despensa en el país, sino a nivel
mundial".
Resulta interesante que la producción
agraria familiar genere cerca del 80% de los productos alimenticios que se consumen en
los principales centros de abastos de Lima y las ciudades del interior. Ellos cultivan el 82% de las tierras dedicadas a
leguminosas, el 76% a tubérculos y raíces, el 74% a cereales, el 72% a
hortalizas y el 63% a frutas, como lo registra el IV CENAGRO.
Le comenté que dada la incertidumbre
del clima debería haber un seguro contra los desastres naturales desencadenados
a veces por el sol y por la lluvia, y me sorprendió
al contestar que existe un Seguro Agrario Catastrófico, con un fondo de 30´000,000 de nuevos soles, entregado a
algunas compañías de seguros, para cubrir indemnizaciones hasta por 350´000,000 de nuevos soles en la esfera de
los pequeños agricultores de las regiones climáticas más vulnerables. El seguro
cubre hasta diez riesgos: sequías, lluvias torrenciales, heladas, nevadas
plagas y otros.
En el caso de los pequeños alpakeros indicó
que hay un fondo de reposición alpakera
que, en este momento debe estar poniéndose a prueba para el caso de animales
victimas de heladas y fenómenos conexos. Su beneficio es doble: repone la
pérdida y lo hace con un ejemplar joven y de una buena calidad genética. En
algunas partes, como Espinar, Cusco, se trabaja por iniciativa privada en la
prevención y mitigación de las heladas y nevadas, construyendo cobertizos para atenuar al frío
extremo.
Recordé las quejas de un productor de
Wanqata, Huarochirí, Lima, porque sus
manzanas tenían que quedarse en los árboles por falta de una carretera. Sotomayor
que conoce muy bien el problema, porque trabajando en el FONCODES y el MINAGRI ha
ido caminando o a caballo, a innumerables comunidades, explica que hay
responsabilidades compartidas con los gobiernos regionales y otros organismos. En
este caso sería el Ministerio de Transportes.
El Perú está creciendo, tanto para
el consumo interno como para la agroexportación. En el 2014 el valor de nuestras
agroexportaciones superó los 5,300 millones de dólares. Ahora el pequeño
agricultor es más eficiente, más competitivo y más comercial
Por último se está trabajando con la
capacitación horizontal, de campesino a campesino. Más útil que poner un profesor
con doctorado resulta la transferencia de tecnologías a través de productores
exitosos, llamados yachachiq o kamayoq. La
práctica les ha dado muchos
elementos de competencia en diferentes
temas. Por ejemplo: manejo de praderas y cosecha de lluvias en las partes altas
de las cuencas, manejo de suelos y de ganado, ventas en bloque, etc, etc.
Incluso hay señoras yachachiq expertas en capacitación financiera, que enseñan
a otras la conveniencia del ahorro.
Alfonsina Barrionuevo
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