MONTAÑAS DE COLORES
Hace
algunos años viajé a Moyobamba y en el trayecto de Tarapoto a la ciudad vi unos
cerros ardiendo. En la noche atravesamos una panpa donde se veía regueros de
extraños tizones. Un espectáculo sorprendente. Nadie nos había dicho que había extensas
vastedades que ardían. Mi corazón se encogió de temor pero el piloto dijo que
era normal. De día no se advertían pero la noche los resaltaba como si fueran
los mísmisimos caminos de Dante Alighieri bajando al infierno. En Kotawasi,
Arequipa, admiré otros espacios donde el viento y el agua, artistas milenarios,
dejaron esculturas extraordinarias, alpakas, hongos y hasta personas. El chakiñan
al nevado Ausanqati lo encontré plagado de lagunas, verdes y azules, y de
colores. La naturaleza no ha ido a escuelas de arte pero supera la imaginación
más inaudita.
![]() |
Foto: Peruska Chambi |
Sin embargo hay mucho que es inédito y Peruska Chambi, nieta
de Martin Chambi de Coasa, Puno, capturador de imágenes, se enteró de montañas
de colores y se fue en su busca. Ayer me envió una foto que comparto con Uds. Como
se puede hay colores de sobra, con rayas que hacen pensar en un artista que
compagina con sabiduría rosados, azules, amarillos y otros, trabajados en un
estudio grandioso para admiración de los siglos. Los turistas sienten la
atracción de la obra de esa mano milagrera que bordó en rocas maravillas bajo
un cielo turquesa. Ellos ya comienzan a desfilar en peregrinaje de asombros para
encandilar sus ojos con un nueva belleza en las alturas de Qosqo, la capital
imperial.
LA AVENTURA DE KUMARA
Los Andes recibieron con alegría los
finales del Pleistoceno. Las capas de nieve que los cubrían iniciaron su retirada.
Pachamama, madre tierra desde la prehistoria, estaba allí, acurrucada,
hibernando, en una larga espera. De haberla visto hubieran pensado que era una
niña.
Cuando el mar comenzó a bajar y vinieron
los deshielos ella bajó a los valles, donde los ríos filtraban sus aguas a
canales subterráneos. llevando los alimentos.
Eran muchísimos pero cabían apretados en
sus brazos. Las papas tenían el tamaño de una pasa, los frijoles eran como un
grano de trigo, los tubérculos de la yuka y el camote más pequeños que una paja
.
Hace más o menos 10,000 años los primeros
recolectores encontraron las papas casi a ras
de tierra y escarbaron centenares de finísima piel que agregaron a su
dieta de mariscos y peces. En el caso de kumara (camote o batata en México y Centroamérica)
les fascinó sus raicillas ligeramente gorditas que al masticar hallaron dulces.
A estas alturas del tiempo muy poco se
piensa del proceso de domesticación. Ahora que en el mundo se consumen “nuevas especies del Ande como la kihura o
kinua y la kiwicha, se olvida la hazaña de los domesticadores. Los primeros
cultivares deben haber resultado de un juego. Seguramente hacían un hueco con
un dedo, escarbaban la tierra con la uña como si fuera una lampa diminuta y
colocaban allí los pequeñísimos frutos.
Al principio fue en tierra áspera, árida,
y se murieron. Buscaron lugares más propicios,
húmedos, y se malograron. Al cabo los irrigaron con cuidado y brotaron
hojitas verdes que protegían a bebes de papa, de frejol, de yuka, pallar o
calabaza.
En lugar de hacer un monumento a la ojota
ciertos alcaldes sin capacidad para realizar buenos proyectos para sus poblaciones
deberían levantar monumentos a los antiguos agricultores de Perú que siguen
dando primicias a la Humanidad a través de sus descendientes.
Kumara, quizá una voz aimara, desdeñada
por los españoles, siguió la aventura del resto de nuestros alimentos. Acompañó
al hombre de una altura a otra, se solazó en los espacios fértiles, absorbió la
dulzura del agua, se diversificó y lo ayudó a vivir. Se conoce al camote
blanco, un poco seco, delicioso; al camote amarillo, de carnes más sueltas
propias para el ceviche; al camote morado, de las watias, también muy querido por las señoras chefas de las
distintas regiones; mas debe haber una gran cantidad de variedades que no hemos podido contabilizar
aún porque se investiga menos cada vez en el Perú.
La historia del camote llega escuetamente
través de los arqueólogos, como una
curiosidad a la par de otros vestigios. Su laboratorio se pierde al igual que
los demás en las páginas amarillentas de los milenios. El registro de restos
encontrados lo incluye y de ese modo hace unos 4,000 años a.C. expediciones que hacen trabajo de campo entre 1962 y
1988 en basurales y grupos arqueológicos encuentran especímenes
enteros o fragmentados que tienen una
longitud menor de 2 cm. o un poco más.
Qué habría avizorado el inteligente
observador prehistórico para advertir su
buen sabor parcialmente carbonizados por fuegos (rayos) caídos del cielo. En la Pampa de Llamas, Casma, Thomas y Sheila
Pozorski descubrieron camotes del precerámico a un metro de profundidad junto a
conchales al lado de palta, ciruela del fraile, frijol, pallar, achira,
lúkuma, yuca, maní, ají y zapallo.
En el valle de las Tortugas, también en
Casma, los investigadores Donald Ugent y
Linda W. Peterson vivieron después su propia experiencia, trabajando en Waynuma
a unos cuantos kilómetros. Sus
laboratorios se fueron ampliando luego desde el mar hasta la selva.
Mama Aqsu y Mama Kumara fueron creciendo mediante los experimentos casuales o deliberados. Si la
semilla cae y germina junto a una cabeza o cola de pez crece más, adquiere
arrogancia y llena de placer los estómagos hambrientos. Si se les riega con
cuidado las plantas se levantan con mayor prontitud, como si llegaran a una
pubertad insospechada.
En Pachakamaq aproximadamente 1,000 años d.C. ya tienen una personalidad contundente. En el
Cerro Las Tres Ventanas, en Chilca, Frederic Engel encontró camote con aji y tuna, además de los otros alimentos
conocidos. En La Centinela, dentro del reino Chincha, Ugent y Peterson hicieron excelentes hallazgos. Los chinchas
son mercaderes y llevan por el litoral y el interior las cosechas para
trocarlas con otros productos.
Más abajo, en Parakas, otros estudiosos
los encuentran como ofrendas en los fardos funerarios de sus gobernantes. Ya han dado un paso a la eternidad en otro
nivel. como alimentos para la otra vida.
El Centro Internacional de la Papa, en su
última Exposición, le ha dado un lugar
al camote, como especie alimenticia básica. Según la tradición las mujeres prehispánicas tenían preferencia por este
tubérculo que mantenía la lozanía de su piel, el brillo de sus cabellos y su
disposición al amor. Otro regalo de los Andes.
Alfonsina Barrionuevo