lunes, 8 de julio de 2013

EL ROSTRO DEL SOL EN LLAMAS
En mi último viaje a Cusco fui a Santo Domingo, mi barrio. Allá mis mañanas son siempre azules, llenas de recuerdos. Los pequeños jardines, frente al convento, bordeados con setos de granada, son casi los mismos. Tenía curiosidad de ver otra vez los muros de piedra almohadillada del Qorikancha. Toda esta parte y más formaban lo que era el Intipanpa o ‘llano del Sol’. Recorrí el espacio con la mirada pensando cómo habría sido. Será interesante ver planos virtuales. En la iglesia parece que no hay muros inkas. Si los hubo y los desmontaron los dominicos quizá exista un registro de fábrica de siglo XVI. Nos quedamos con una respuesta flotando en el aire. ¿Cuál fue ‘la capilla del Sol’? ¿La más grande entre las tres del patio con arquerías que les hacen marco?
Con tanto turista como había no la pude medir. Sin embargo si pensamos en una figura enorme del sol con sus llamas en redondo, ‘que jugó en la misma noche Mancio Sierra de Leguízamo y lo perdió,’ no concuerda con el ambiente que le hubiera resultado muy reducido. Con los wayqis o wayqes de los Inkas (sus reproducciones en oro) rodeándolo tendrían que haberse apretujado. Creo más acertada la crónica de siglo XVI que habla de esferas de oro, plata y piedra, representando a los elementos de la naturaleza y otros, entre ellos el sueño. Se ajusta a la lectura de que el Sol tenía un escaño o asiento forrados con  plumas multicolores de picaflores amazónicos. El Sol, el Hacedor (Illa Teqse)  y el Trueno (Chukiilla), dice Cristóbal de Molina, iban en procesión a la (plaza del) Waqaypata, uno tras otro, para ser colocados en la gran piedra ritual o ushnu con ‘una teta’ , gnomon o aguja, que nombra Pdro Pizarro, testigo de vista, quien llegó a verla intacta, toda forrada de oro.
En el antiguo Perú no existieron dioses ni ídolos con forma humana como afirmaba la gente que llegó de allende el mar. Los elementos cósmicos y telúricos no eran adorados. Ellos formaban una gran familia con los seres humanos.




FLORES Y HOJAS PARA COMER                           

Beber la miel de ciertas flores es delicioso. Se encarrujan los pétalos y se va sorbiendo hasta que una gota rueda con su diminuta carga de dulzura hasta la boca. Algo que se puede hacer en algunas huertas y con flores muy especiales. En la huerta de Pachakamaq, de Alfonso Roda Marrou, miles de flores agitan las cabecitas curiosas. No  se usan como sorbetes sino para engalanar los platos.
Un guiso apetecible, con flores amarillas de chincho que se estiran delicadamente sobre el jugo, es muy tentador. Bellísimas flores azules de alverja o de salvia, sobre la superficie dorada de un enrollado de carne, son una delicadeza. Ni qué decir de flores blancas de papaya, que parecen de cristal, recostadas sobre el pecho invitador de un pato. Hay una sensibilidad que se desprende de ellas como adorno y también como aroma o sabor.
Roda Marrou, Don Torcuato para sus amigos, sonríe abiertamente frente a una canastilla de flores que nunca se marchitan. Sería un desperdicio cuando pueden brindar satisfacciones a comensales exigentes. Seda vegetal que se luce en los filamentos verdes de otras plantas que son un ingrediente de lujo de muchos platos que se sirven en restaurantes renombrados.
Nuestro entrevistado, nacido y criado en una huerta de Ñaña en épocas felices, donde aprendió a conocer y disfrutar su valor, sonríe al mostrar las flores y hierbas comestibles que son un artículo de demanda en Lima. Estaba estudiando administración de empresas en la Universidad de Lima cuando comprendió que lo suyo era ser un  agricultor de especies selectas y se pasó a La Universidad Agraria de La Molina para seguir, en su tiempo libre, veinte cursos técnicos de extensión social.
Durante el tiempo que trabaja mantiene una comunicación interesante con ellas, especialmente las nuestras, tan diversas. Gracias a la buena tierra, del lugar donde se encuentra la Huerta de don Torcuato en la costa o chala, y al invariable cariño que les tiene, logra excelentes cosechas, sin pesticidas ni productos químicos que puedan alterar su calidad y hacer daño a la salud y al medio ambiente.
Muy pocas veces he visto personas que profesen tanto amor por la naturaleza. Vive y sueña en Lurín y aunque Lima es la ciudad capital del Perú, aprovecha que le queda a la vuelta de la esquina. Asegura que no ha roto con la metrópoli, más bien sus relaciones se han fortalecido con la demanda que tienen sus productos orgánicos en ferias, festivales, supermercados, hoteles y restaurantes.
El orgullo que siente Roda Marrou por su trabajo se refleja en su rostro. Sabe que tiene toda la vida por delante y confía en un futuro que no se desprende  de los surcos. La propuesta de sus plantas, unas ochenta variedades a las que mima y engríe, es gourmet.
Entre las aromáticas la muña que es apreciada en infusión y ejerce al mismo tiempo una función repelente de plagas, el toronjil que es un rey de aroma y sabor y la hierba luisa tan querida para cualquier malestar, un trío que se luce en las infusiones: el chincho, el paiko y el huacatay, son los que dan apellido, identidad a la pachamanka; y una variedad de mentas.
La calabaza andina se ha acomodado, en los bordes de la huerta, con honores por sus frutos y también por sus flores de excelencias gastronómicas. Alfonso Roda explica que se ha hecho una selección, después de que han pasado por un  tamiz probando sus aromas y sabores, para obtener su respectiva calificación. Entre muchas se han llevado palmas las flores de kiwicha, wakatay, culantro, hinojo, anís y romero, variando de acuerdo a las estaciones del año.
Las verduras bebé ofrecen ternezas al paladar. Todas son miniaturas de las mayores. Zanahorias, rabanitos, choclitos y  poros. En la lista de vegetales están igualmente los brotes o germinados, tan recomendados por los médicos especialistas. Ver los de cebolla, rabanitos, nabos, beterragas, kiwicha, culantro, es un jubileo porque llevan alegría a las mesas con su aspecto delicado y  espectacular.
Roda Marrou incrementa constantemente sus variedades. Del Cusco, donde se trata de recuperar la frutilla, algo parecida a la fresa pero pequeña y más dulce, la fue rastreando con mucha suerte. En el Abra de Málaga, famoso porque allí se reúnen sacerdotes andinos de alto rango, la encontró y se la trajo. En su huerta la cuidó con esmero y ha logrado aclimatarla. No será extraño que vaya aumentando en cantidad. La frutilla se come al natural, en dulce y en las renombradas frutilladas, una chicha que tiene un timbre imperial. 
Su entusiasmo desborda cuando revela que emplea agua ozonizada con riego tecnificado; abono natural que obtiene en parte del reciclaje de las hojas del mismo huerto y tecnologías que aplicaban a sus cultivos los limeños prehispánicos, como las camas para sembrar y cosechar que se levantan a cierta altura del suelo.
A corta distancia de la ciudad de Pachakamaq se preocupa por su crecimiento apresurado. Cada año que transcurre se recortan las tierras agrícolas para dar margen a la construcción de viviendas. Lima es la que pierde su último valle verde, de áreas limpias y generosas. Si existiera conciencia acerca de su aporte a la dieta alimentaria de sus habitantes se incentivaría la existencia de los huertos que quedan, antes de sofocarlos con cemento
Para completar su oferta la Huerta de don Torcuato ofrece dos servicios semanales. Una Granjita Feliz diseñada para que los niños conozcan una diversidad de plantas y animales, y un restaurante que funciona sábados y domingos, atendido por  Pilar Gutiérrez.
Ya saben, estamos acostumbrados al buen comer y alllí se encuentra una carta surtida. Pollitos de leche a la leña, conchas acevichadas, langostinos empanizados, chicharrón de conejo, pato criollo, pachamanka y mucho más. La huerta está a diez minutos del km. 33 de la antigua carretera Panamericana Sur, Urbanización Casa Blanca, Pachakamaq. Un viaje que motivará a la familia o grupos de amigos, entre mar, cielo y arboledas amigables. Los que quieran una canasta de hortalizas sólo llamen al teléfono 231-1326. Hay reparto a domicilio. ¡Qué más se puede pedir!  
                   

 Alfonsina Barrionuevo

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