EL
VUELO DE LAMPALLEK
¡Buena tierra
la que tiene Chiclayo para florecer con una fuerza que anima el espíritu de sus
hijos! Sigue infundiendo energía a sus pobladores desde que era una esmeralda
incrustada en el anillo de sus cerros. En 1552 Pedro Cieza de León evocó con
admiración sus valles de Cinto y de Collique. No aspiró el aroma de sus
sembrados, no sintió el hechizo de su sol ni los ímpetus de su viento que jala
estrellas al atardecer, pero le llegaron versiones que registró en sus papeles
de cronista. Llegó tarde y no pudo conocer al señor de la comarca. El si-ek Chiklaiep, emparentado
quizá con los señores de Sipán, que debió observar a los primeros doctrineros que
levantaron una “ramada” o capilla en el lugar.
Alguien dijo
que el nombre de Chiclayo proviene de una calabaza. No se dio cuenta que los
nombres no se originan de hechos sin
mayor valor. Su origen debió ser otro. Quizá el nombre del régulo que fue un
gobernante excepcional, de grandes dotes o también de sacerdote de alto rango.
Walter Sáenz Lizarzaburu decía que era como “un gran puerto interior”, un
centro de atracción donde se realizaban innumerables operaciones comerciales, trocando
productos de la sierra con los de la costa. Es decir un mercado de varias
regiones que generaba un movimiento inusitado. De todo su esplendor quedan
vestigios importantes que esperan su momento para reaparecer. Ya llegará la
escobilla de un arqueólogo que descubra
sus secretos. Sin embargo, sigue su pulso comercial casi febril.
Francisco
Pizarro lo entregó como encomienda al maestre de campo Blas de Atienza en 1536.
Unos cincuenta años más tarde fue nombrado corregidor Juan Bautista Nano y dio
fe de la donación del terreno que recibieron los franciscanos para su iglesia y
convento. La actual catedral de Chiclayo, donde fue entronizada la Virgen de la
Paz, está sobre uno de los cementerios del poblado que quedó atrás. Cuando se
fundó Lambayeque parece que Chiclayo ya existía. Uno de los descendientes del
señor que poseyó la comarca habría sido José Leonardo Chiclayo, a quien se
nombraba como de los naturales más adinerados, según refiere Augusto León
Barandiarán. Se explica que éste hiciera valer los derechos de su hija Angela
Chiclayo o por pertenecer a la nobleza norteña prehispánica.
Sus calles más
antiguas se trazaron en una forma desordenada, anárquica y en eso reside su
gracia. Están en el centro de la ciudad, desafiantes, y nadie ha pretendido
enderezarlas. Para el viajero son encantadoras y con más personalidad que las
amplias avenidas que parten de su plaza.
Chiclayo tiene
muchos atractivos estrella. A unos kilómetros Zaña, ´la ciudad maldita´´, con
los cascarones soledosos de sus principales iglesias. Etén, que es una de las
ciudades eucarísticas del mundo, donde se registró un prodigio. La
aparición del Niño Dios durante la
elevación de la hostia por dos veces en el siglo XVIII. Lambayeque, se engríe
con un templo magno, San Pedro, que le ganó el calificativo de la Perla del
Perú. Monsefú, centro de artesanías de paja, hilo y bambú. Mórrope, donde el
lunes se convierte en “domingo chiquito”para visitar a los muertos. Túkume,
donde construyó una inmensa mansión Thor Heyerdahl que soñó con limpiar aunque
fuera una sola de sus doce monumentales pirámides. Y, Mochumí, con el interior
de su iglesia pintada de colores. Además de otras ramadas o capillas con vigas
de algarrobo pintadas de yeso que tienen un ambiente místico.
Es increíble
que Miguel Cabello de Balboa, dueño del tristemente famoso Leoncito, el lebrel
que podía despedazar setenta indios por día batiendo un indeseable record, se
hiciera cura. No interesa que quisiera limpiar tanta sangre de sus manos, sino
que recogiera, entre 1580 y 1586, la fabulosa historia de “un padre de
campañas”, el legendario Ñan Lap o Naymlap, que llegó con un esposa y un
séquito selecto de servidores en enormes balsas para establecerse en las
cercanías del río Fakisllanga, hoy
Lambayeque, llevando un ídolo de piedra verde llamado Lampallek. Según la
leyenda, cuando el señor Naymlap envejeció, los sacerdotes ocultaron su muerte
y se difundió la leyenda de que le
nacieron alas y voló al cielo.
Mientras Cliclayo recibía en el virreinato a los compradores de azúcar, algodón y tabaco, haciendo grandes negocios; Lambayeque gozaba de su condición de ciudad señora con una gran vida social. Allí tuvo lugar la primera declaración de Independencia en 1820. En sus mejores tiempos tuvo el prestigio de su alfajor de tres hojas con manjar blanco que se deshacía en la boca, Al comercializarse dio paso al macizo king kong, que se fabricaba allí o en Chiclayo para el mundo, pues, es de exportación; junto a otras golosinas como las rosquillas con baño de azúcar, las galletas de coco y los palillos de ajonjolí.
Es necesario
salvar las pocas casonas que le quedan, con patios abiertos y ventanas de
rejas. La famosa Casa de la Logia, de buen trazo arquitectónico y un larguísimo
balcón tallado, es histórica. Todas hacen honor a la legendaria tierra de los
Eskuñain, Maskuy, Llankol, Kuntapallek, Allakunpi, Nofannech, Mulunsian,
Lanipatkun y Fenpellek, antiguos señores de esas tierras cuyos nombres
perduran.
EL OJO COMPLICE

Alfonsina Barrionuevo