CANCIÓN PARA MAMASARA
“Tarpuy
kamuy, harawi,
qori
rejawan, qolqe rejawan
¡Wallay,
waychayllay!”
En
la cosecha, según el antropólogo Faustino Mayta Medina, la principal actora es
la mujer que representa a la Pachamama. Después del despanque, ellas secan las
mazorcas en el tendal, protegido por una cruz de maíz adornada con rosas y
claveles. Tanto la siembra como la cosecha se realizan entre canciones que se
deshojan al viento: “Tarpuy kamuy, harawi, qori rejawan, qolqe rejawan”, es
decir: “Sembremos, harawi, con reja de oro, con reja de plata. ¡Wallay,
waychayllay!"
El
siglo XXI asiste a la desaparición del maíz blanco gigante porque su habitat
está solamente en el Valle Sagrado de los Inkas. Se ha querido llevarlo en
diferentes épocas a otros valles gentiles de Cusco para salvarlo y no se puede
porque pierde sus características. Se trata de condiciones específicas de la
tierra que no existen en ninguna parte. También cuestión de altura, de agua, en
fin exigencias que requiere para vivir.
¡ADIÓS MAÍZ BLANCO GIGANTE!
El famoso maíz blanco de los
Inkas se encuentra en proceso de extinción. Empresas nacionales y chilenas, según nos informan, siguen construyendo
hoteles sobre sus preciados surcos. Los viajeros ya duermen sobre las lozas que cubren las airosas plantas
de mazorcas con granos gigantes. Estas noticias deben haber causado pesadumbre a
John Earls, especialista en este maíz.
“Vine
al Perú y me convertí en un fanático del maíz blanco gigante de Urubamba,
Cusco”, me dijo en una oportunidad el científico australiano. Nacido en Sydney,
vino al Perú atraído por la historia de los Inkas, la música andina y la
lectura de José María Arguedas y Ciro Alegría. “Dejé la física y estudié
antropología en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga”, agregó el
distinguido profesor. El segundo idioma que adoptó le permitió abrir las pankas
del maíz gigante y conocer sus secretos.
Los
Inkas, según explicó, tuvieron una escuela de agricultura para el paraqay o maíz blanco de hermosos granos. “En Australia
tenemos un clima uniforme, pero aquí cada 30 metros
de altura varía. La infinidad de altitudes es fascinante. Un metro más es más
frío; menos, más caliente. Influyen también el viento y la lluvia. Me intrigaba
cómo los Inkas pudieron lograr una planificación que coordinara esas diferencias”,
confesó el investigador peruanista, añadiendo: “Entonces, me dediqué a
averiguar cómo pudieron organizar un trabajo tan eficiente para el maíz blanco
gigante, que fue para ellos un cultivo de Estado. Busqué la literatura que pude
y con mis investigaciones obtuve un doctorado en Estados Unidos, estudiando los orígenes de la
agricultura en el Perú.”
Para
John Earls fue muy curioso que la fase de maduración del maíz tuviera tanta
relación con la temperatura. En épocas anteriores esta especie fue muy pequeña.
Mejorar su tamaño fue una hazaña que se logró en base a una observación
constante. Su ritmo de maduración tiene una relación tan directa con la temperatura,
que el aumento de un grado centígrado en
el ambiente reduce su desarrollo.
Si
hay nevadas o sequías no se puede predecir su maduración. Cabe preguntar
también, indicó, cómo en los Andes, de
niveles tan irregulares, los antiguos qosqorunas pudieron asegurar el riego. Si
falta volumen de agua en la época de floración, se malogra la cosecha. Pero los
agricultores prehispánicos dominaron el comportamiento de las diferentes razas
de maíz que hay en el Perú.
En
el Valle Sagrado aún se mantiene el ancestral
sistema de riego en las chacras y los andenes. A los 3,000 metros , el maíz florece
y madura casi en 115 días; mientras que a los 2,500 lo hace en 84 días. Para que el
agua fluya uniformemente se necesita una organización perfecta.
“El
proceso es complejísimo, añadió Earls. La gente lo maneja con los movimientos
del sol y mirando también a las estrellas. Esto ha sido comprobado con
mediciones satelitales y mediciones de la temperatura del mar y de la cantidad
de agua que hay en la atmósfera, las cuales determinan el tamaño de las
mazorcas.”

“Para
mí –indicó el doctor Earls- es como si tuvieran una máquina para coordinar su
trabajo con características biológicas excepcionales. La gente usa el ayni y eso
le sirve. Ahora algunos apuntan en cuadernos qué día tendrán un ayni, pero
antes fue seguramente con khipus. Los varayoq o alcaldes andinos tienen en sus
manos el control del trabajo en las comunidades para evitar algún caos. Un sistema brillante”.
El
profesor de la PUCP refirió que los
Inkas se concentraron mucho en el cultivo del gran maíz blanco de Urubamba.
Ellos desarrollaron también la genética para el mejoramiento de las otras razas.
Uno de ellos, hermano de Pachakuteq -tal vez Tupaq Yupanqui-, es recordado como
el pionero en la planificación de la agricultura andina.
Para
terminar, Earls alude a los últimos cambios climáticos. “Son muchos. Los campos
están más expuestos a las radiaciones solares. Han variado los indicadores
ecológicos, los zorros que aúllan meses
antes y los sapos que saltan fuera de época. Habrá modificaciones genéticas en
los cultivos. Confío en que las comunidades encontrarán soluciones. Hay que
tomarlas en cuenta. En 1989 escribí un libro sobre Moray, básicamente un
laboratorio abierto de investigación y experimentación agrícola en diferentes
altitudes dentro de un mismo ecosistema”. Los Inkas quisieron ampliar el
cultivo del paraqay a otras regiones y no dio resultado.
El Perú tiene alrededor de 136 variedades de maíz
que se producen en varias partes del país como el saqsa, rojo con blanco; el
dulce chullpi, el qellosara amarillo, para mote; el oqesara plomo, para tostar; el kondevilla, que es
precoz, y el maná, que al ser tostado se expande y es muy rico. La mayoría
están perdiendo mercado de la demanda. No sólo se usan para confeccionar chicha
que se está comenzando a exportar, como kancha que es el desayuno de los niños
en el campo, para hervirlo y servirlo en la mesa con queso, sino también para
hacer pan. En Julkán, cerca del convento de Santa Rosa de Ocopa, Junín encontré
un agricultor que preparaba la satanka, un panecillo prehispánico en una olla
especial como un horno pequeño y a fuego lento. En Oropesa, Cusco, se prepara
una diversidad de panes desde la t’anta también prehispánica hasta las chutas y
la torta de hurk’a.
En
el Inti Raymi se preparaba posiblemente con el maíz blanco la chicha sagrada o
aqha y unos panecillos llamados sankhu. Los Inkas y los kurakas que estaban
presentes esperaban con ansiedad la aparición del astro rey. Había la creencia
de que la tierra podía quedar en tinieblas al comenzar el solsticio de invierno.
La
bióloga cusqueña Rosa Hernández declara que el parakay debe ser considerado
patrimonio nacional. Ella y su esposo, César Salas, también biólogo, han
abierto en P’isaq un Sara Wasi o “Casa-Museo
de Exposición del Maíz”. Su propósito es dar a los visitantes una explicación
de sus características, que son
definidas. La mazorca tiene ocho hileras simétricas. Su tamaño despierta asombro
y su composición química depende de la calidad del agua, del ph de los campos y
de las diferencias del clima.
Alfonsina Barrionuevo