WAYRA; EL
PADRE VIENTO
Conocer a Rosa María Alzamora fue un anticipo de mi
encuentro con los Apus. Ella nació en Yukay, en el Valle Sagrado de los Inkas,
Qosqo, donde estuvo uno de los aqllawasis o conventos de las víergenes del Sol.
Estuve con ella y otras personas haciendo una ofrenda al viento en el santuario
inka de Ollantaytanpu. Comenzamos un despacho con klos taitas a las cinco de la
tardde en la antigua plaza de Manyaraki, al lafdo de uno de sus muros. Un kuraq
akulleq, muy viejo, se encargó de llamarle. A eso de las once de la noche pensó
que era un buen momento para que se presentara. La calma era total y parecía
imposible que tuviéramos un temporal. El taita comenzó llamándole quedamente
con palabras en qechwa de una dulzura indescriptible, recordándole que era su
padre desde sus antepasados y que quería comunicarse con él. Poco a poco todo
fue cambiando. Comenzó con las manos juntas delante del pecho y a medida que las
iba separando tuvimos primero una bruisa gentil, suave como una caricia, aumentando
de intensidad cuando las fue separando. Fue increíble como se fue haciendo más
fuerte hasta bramar de tal modo que nos mantuvo en vilo. Me pregunté si irñía a
levantarnos, pero tampoco se movió uno solo de mis cabellos. Estaba sobre
nuestras cabezas poniéndose huracanadoy volento cuando extendió los brazos y
los mantuvo completamente abiertos. Nadie habló pero mentalmente cada uno lo
saludó, agradeciendo su presencia. Cuando el Kuraq akulleq comenzó a cerrar los
brazos y llegó a juntar sus manos sarmentosas el viento fue entrando en ellas,
hasta que termino por escurrirse entre sus dedos convertido en leve soplo.
Unos
días después me enteré que en Tupe, yauyos, vivió a mediados del siglo pasado
un curandero, un anciano respetable llamado Jose Silvestre, a quien pedían
ayuda cuando el viento de agosto amenazaba los cultivos. En privado le rogaba que tuviera
consideracion con sus hijos de Tupe, Lima, una tierra áspera con poca agua y
cerros de roca sin vegetación. No sé qué regalos le haría. Quizá un poco de cañazo, unas hojas de coca,
unas flores. El viento sin duda reflexionaba y asentía porque se desviaba de la dirección en que debía soplar torciendo hacia un desfiladero, donde golpeaba
furioso provocando derrumbes y dejando en paz a las débiles matas de papa de
los tupinos.
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Notas del libro “Hablando con los Apus”
ALPAKAS VIAJERAS
Unas patitas nerviosas enfundadas en leggins
de última moda y calzadas con unas zapatillas de cadencioso balance, un abrigo
de legítima fibra natural y dos ojazos rutilantes que miran asombrados debajo
de un cerquillo undoso que cae graciosamente sobre su frente. Toda una dama que
pasó por nuestras narices para tomar un vuelo a Toscana, Italia.
Así tendríamos la visión antropomorfa
de una alpaka abordando el jet en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Las
alpakas conocen esta ruta al viejo continente. Hace varias décadas que su fibra
ha sido transportada a Europa y otros destinos. También ellas han sido llevadas
vivas, con peso pluma, pues han ido trasquiladas.
Hoy es diferente. Se ha dado un
acercamiento interesante de los Andes a
Europa, sin intermediarios. Gracias al Banco Agropecuario (AgroBanco) que ha organizado
a 900 familias en 18 asociaciones de alpakeros de Puno y
Cusco, bajo el nombre de Consorcio Alpaquero Perú Export, se ha logrado el
envío de un primer lote de 18 nil kilos de fibra hasta el puerto italiano de
Livorno, dentro de un Programa Especial de Financiamiento de Fibra de
Camélidos.
La unión hace la fuerza y es una buena
estrategia. En una entrevista con el economista Carlos Garatea Yori, distinguido
miembro del directorio de AgroBanco, le hablé del origen cósmico de los
alimentos. Una leyenda sobre el zorro quien se enteró de que habría un banquete
de aves en el cielo y consiguió que el cóndor lo llevara de pasajero. Podría
despacharse manjares a su gusto y beber sin reparos pero la hora de regreso
sería exacta. El zorro comió embebido de néctares maravillosos se durmió.
Cuando despertó las aves se habían ido. Tejió una soga y comenzó a bajar a
tierra. En el trascurso bromeó con unos loros, a quienes llamó “señorías de
nariz jorobada”. Ellos, muy enojados por la burla, le cortaron la cuerda y se
cayó. Los alimentos que había comido se esparcieron en los Andes.
Inmediatamente el doctor Garatea acotó que si el zorro y el cóndor se hubieran asociado
–el principio de asociatividad que quiere el banco para la gente de campo- tendríamos
una mayor cuota alimentaria. Ciertísimo.
En cuanto a la alpaka el arqueólogo Duccio Bonavía explicaba como en
tiempos prehispánicos fue reina y señora de los Andes. Al llegar la oveja y la
vaca españolas resultó confinada a la penúltima región andina. De allí sólo
queda el inhabitable imperio de las nieves eternas. En esa época cuando el frío
se intensificaba los rebaños bajaban a climas tibios donde se reproducían sin
que las crías muriesen.
Actualmente, según últimas noticias,
se ha comenzado a construir en algunos lugares cobertizos que alivian su
situación. Con el tiempo habrá que ver se les provea de pasturas. La gente de
ciudad cree con suma indiferencia que están acostumbrados, -seres humanos y
animales-, a esas alturas, pero el asunto es muy complejo y hay que vivirlo
para atreverse a dar soluciones.
Al unirse y obtener ganancias
saludables los alpakeros podrán mejorar pero siempre y cuando haya una
intervención inteligente y justa. En el caso del Consorcio Alpaquero Perú
Export, con AgroBanco y el Ministerio de Agricultura y Riego, se les abre un
horizonte de esperanza. Los Andes no sólo son de plata, como escribía en verso
el poeta José Santos Chocano, también son de nervio y voluntad, pues se trata del
habitat de miles de peruanos integrados en comunidades que suman a la extrema
pobreza las inclemencias del clima.
Los tops que se han exportado son de
alpaka Wakaya (fibra corta) de las calidades Royal, Baby, Flecce, Huarizo y
grueso, por un valor de 361 mil dólares. Un segundo embarque de fibra de alpaka
Suri (larga) completa las primeras remesas. La compradora es la empresa
textil Pecci Filata Spa, de Toscana.
La idea es sacar a las familias de
alpakeros que subsisten precariamente en la región altoandina donde la única
actividad económica es la crianza de camélidos. El doctor Garatea manifiesta
que existe el propósito de que los créditos lleguen a ampliarse en el futuro
para el mejoramiento genético, levantar más instalaciones, disponer de una buena cantidad de pasturas, tener
manejo técnico y otros adelantos ligados al sector.
En una información de AgroBanco sobre
la promoción de la asociatividad y el fortalecimiento
de las organizaciones de pequeños productores y criadores de alpakas, con la
participación de Sierra Exportadora, unas 236 agrupaciones de alpakeros de
Cusco, Puno y Arequipa podrán acceder a un financiamiento para salir a flote.
Por ahora tenemos la exportacion
de fibra procesada en tops. Esperemos que un día los alpakeros exporten
tejidos con la misma calidad de los tejedores del Tiawanaku, cuyas telas,
tapices, gorros, bolsas y fajas, siguen asombrando al mundo por su finura y
diseño.
Alfonsina Barrionuevo