ALIMENTOS QUE SE
QUEJAN AL CIELO
El
padre Jorge Lira, párroco de Quispicanchis y gran conocedor del alma qechwa,
decía que: “la hoja de coca vive, el grano de maíz vive, el cerro vive, la
tierra vive, y en la mente de nuestro pueblo tienen además conciencia…”
En
la revista “Kay Pacha”, 1982, la investigadora Rosalind Gow mencionaba un
relato de Bernabé Conde”, sobre lo que dijo la Pachamama en tiempos aurorales:
“Yo soy la santa tierra, la que cría, la que
amamanta, Pacha Tierra, Pacha Ñust’a. Pacha virgen soy..” y agregaba Conde que
su pelo crece. “Es el pasto para los animales…”
El
altomisayoq Mario Cama decía que si los alimentos son maltratados suben al
cielo para quejarse y entonces pueden faltar. Por eso la gente andina nunca los
arroja a la basura, siempre se sirve lo necesario, porque dan vida y pueden
sentir que lo desprecian e irse.
En
Ica un hijo de esas tierras encontró en su camino a un noble anciano que se
marchaba llorando del lugar. “Soy el padre pallar –le dijo- y me echan de su
mesa mis hijos. Por eso he decidido irme.”
Alarmado
de que nunca tuvieran el delicioso pallar el hombre le suplicó que volviera,
que él hablaría con los demás para que fuese amado, como debía ser…”, y el
padre pallar regresó.
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Notas del libro “Hablando con los Apus”
de Alfonsina Barrionuevo
EL MAR SUBE EN EL MUNDO
En
próximos días Lima será sede de la COP20, reunión a nivel mundial para advertir
sobre los cambios climáticos y la necesidad de
tomar acciones. El presente artículo publicado hace algunos años cobra
actualidad.
En épocas antiguas, hace millones de
años, los cambios climáticos hicieron desaparecer a los dinosaurios. Hoy, los
cambios que se registran en las últimas
décadas hacen pensar, según el metereólogo Mateo Casaverde y otros científicos,
que a lo mejor estamos en una víspera
del fin de nuestra era.
La declaración es grave y parece
exagerada. Los gigantes antediluvianos
no fueron causantes de su extinción. Sería lamentable que la humanidad, con
todos los adelantos logrados, pierda sus jardines del paraíso en un tiempo que
no será como se creía, 100 o 50 años. Los países desarrollados que son las
minorías, agregan los científicos, tienen la responsabilidad.
La Tierra está acusando efectos
devastadores que no se toman en cuenta. Generalmente por falta de mayor
información o por minimizar la noticia de desastres que surgen cuando menos se
espera. Es increíble, pero en el mundo y en nuestro país las precauciones son casi
nulas.
Cada año se recuerda en el Perú la
necesidad de drenar los ríos que se colmatan al transcurrir los meses pero los
trabajos no se realizan a tiempo. Urge
reforestar la cuenca del Rímac pero se deja pasar hasta que los aluviones
barren campos de cultivo, propiedades y tramos de carretera.
Se conocen los fenómenos y se olvidan.
La preocupación del estudioso Mateo Casaverde, que fue Director del Instituto Geofísico del Perú, viene
de nuevos efectos por los cambios climáticos
Un artículo del norteamericano Andrew
Thomson, de la Universidad de Ohio, USA, calculaba un plazo de cincuenta a cien
años antes de que el calentamiento global representara un peligro. Sin embargo
en setiembre del 2002 se comenzaron a
adelantar los pronósticos cuando apareció en el Atlántico un “río” de agua dulce provocado
por grandes masas de hielo polar
derretido. Se creía así mismo que en un futuro lejano habría inviernos muy
frígidos en Norteamérica y Europa, pero ya se están produciendo.
En el 2004 el inglés
David King, de la oficina del Ministro Tony Blair, expuso la catástrofe mundial que se venía
planteando que era necesario prepararse. En la revista “Sciencie” escribió el
resultado de sus trabajos y concluyó que “en mi opinión el cambio climático
global es el más severo problema que afronta la humanidad actual.”
A su vez, Andrew Marshall, de la Office
of Net Assessment de los Estados Unidos de Norteamérica, explicó como el
derretimiento de los polos y los glaciares en el mundo generarán el desastre
climático global más serio de la historia
escrita al perder la corriente del Golfo (cálida) la capacidad de mantener alejados a Norteamérica y Europa de un
congelamiento permanente, que mantiene en gran forma el equilibrio climático global como lo
conocemos.
“El derretimiento de los glaciares en
el Perú es patente, dice Thomson: en
1954 un DC3 de TAM se estrelló en el glaciar Yerupajá. Cuando localizaron el
avión siniestrado sólo se veía la punta del timón de cola que desapareció bajo la nieve. Hace unos años andinistas
descubrieron que en gran parte se había
derretido y los restos del avión se podían ver.
Si los glaciares de la cordillera de
los Andes continúan perdiendo nieve, agrega Mateo Casaverde, en menos de veinte
años según Thomson bajarán los caudales del río Santa afectando poblaciones y
campos de cultivo. Otro tanto se puede decir del río Willkamayu, en Cusco.
Al respecto tendremos otros desastres
naturales, deslizamientos, erosiones, aluviones, por la orografía de nuestro
suelo. Casaverde señala que los problemas se magnifican en nuestro país debido
a sus 240 cuencas y subcuencas donde se generan estos fenómenos geológicos.
“Ahora, continúa Thomson, se producen
incendios forestales en zonas que siempre fueron húmedas en Alaska, huracanes con fuerza y frecuencia jamás vistas
en el Caribe.”
Es curiosa la posición de los
científicos auténticos y los científicos “oficiales” en cuanto a sus
declaraciones. En el Polo Sur el glaciar de Larsen A se desprendió sorprendiendo
a todos. Pero los “oficiales” rápidamente dijeron que no importaba porque había estado
conectado al Polo Sur más o menos 10,000 años. Agregaron que el glaciar de
Larsen B que estaba detrás nunca se derretiría. Pero el año 2003, este glaciar
de 600 km2 aproximadamente de superficie, se rompió y se deslizó hacia el mar.
Los “oficiales” afirmaron que se derretiría en seis meses pero fueron apenas 35
días.
Se estima que el nivel de los océanos crecería
entre 6 y 7 metros. “¿Se imaginan que significaría para La Punta, Callao, y
también islas, puertos y otras ciudades del litoral?,” vuelve a preguntar Mateo
Casaverde.
De suceder, territorios de la actual Europa del Norte
quedarían bajo una capa de hielo de
varios cientos de metros de espesor, y el norte de Estados Unidos e Inglaterra
pasarían a tener el clima de la actual Siberia.
Al existir además de la corriente del
Golfo otras corrientes marinas, como la
del Humboldt en el Perú, es probable que su costa se volvería en una selva
tropical, con heladas constantes en la puna. La Amazonía sería un pajonal con
algunas áreas verdes en las cuencas de los ríos de origen ecuatorial. El clima del planeta
sufriría otros cambios radicales que durarían alrededor de 9000 años.
“De acuerdo a últimas investigaciones
el cambio climático radical global empezaría a producirse pronto y sería muy
rápido. La raza humana está advertida por los científicos, dice Mateo
Casaverde. Tenemos que ser realistas. Los pronósticos pueden parecer fatales pero no tienen fines alarmistas. El
propósito es obtener una reacción de los gobiernos.”
Alfonsina Barrionuevo