KUKULI Y SUS SUEÑOS DE COLORES

LAS PESADILLAS DE PERU
El lente de la cámara se aproximó lo más cerca
que pudo y captó la mirada malévola de sus ojuelos inyectados de rojo en primer
plano. Retrocedió milímetros y lo capturó entero, justo cuando abría la feroz boca
para lanzar un rabioso chillido. A toda pantalla se sentía su furia. Además,
volteó la diminuta cabeza y mordió el dedo del médico que lo sostenía. No hubo
cuidado. El guante que tenía era especial.
Aquel fue mi primer encuentro con un vampiro
vivo cuando Manchay, Lima, era un lugar agreste. Me dijeron que mordían a niños
en la omagua. Más tarde vi un documental en Parakas muy bueno de ”National
Geographic”. Estaba casi oscuro cuando se desplazó como un minúsculo duende saltando
con suma cautela de una piedra a otra, donde descansaban los lobos marinos.
Quiso morder a uno en la oreja pero éste lo
lanzó a muchos metros de un manotazo. Se levantó y esperó. Cuando dormía volvió
y logró su intento. Hincó los colmillos y se apartó. Fue suficiente. Después se
puso a lamer su sangre en la herida abierta. Volvería cientos de veces y el lobo
nunca lo sabría.
Yo no sabía que en nuestra Amazonía había
una diversidad de murciélagos. Necesariamente no son vampiros. En una tarde tormentosa
fui con Kukuli al zoológico del Bronx, en Nueva York. Nos refugiamos en el pabellón
de los murciélagos vivos porque arreciaba la lluvia, aunque sin esperar nada sensacional.
Por el contrario tuvimos una sorpresa inesperada. En una galería en penumbra nos
introdujimos a un sector de selva viva, con árboles y riachuelos, donde aquellos
volaban de un lado a otro tras una gruesa mampara de vidrio.
Fue fascinante. Había murciélagos fruteros,
murciélagos picaflores que absorbían la miel con su sorbete natural,
murciélagos pescadores, murciélagos de un tamaño increíble, un poco más grandes
que un kuye que se pasaban raudos de una rama a otra, con una piel finísima que
me hizo recordar a Atawallpa, el príncipe cusqueño que almorzando con Pedro Pizarro
se derramó la comida en el traje y salió a cambiarse. Cuando volvió llevaba
otro que parecía de puro terciopelo y ¡cómo no! si estaba armado con unos cueritos finísimos, ¡de
murciélagos!
Cada árbol, además de formar parte de ese
pulmón que oxigena el planeta es como un
gigantesco rascacielos con pisos que albergan una infinidad de poblaciones.
Cuando se talan los inquilinos son desalojados y deben huir aceleradamente. La
tierra y el agua son el habitat de otras tantas asombrosas criaturas en formas,
tamaños y colores. Ni la imaginación más fértil podría hacer lo que es obra de la naturaleza. En
sapos he visto unos que parecen pintados como si fueran flores y flores donde
el arco iris ha derramado su pintura graciosamente.
En el Año Internacional de la Biodiversidad se
insistió sin resultados. A los Estados no les importa. Hasta se quiso favorecer
a Brasil con un paquete de represas hidroeléctricas en nuestro territorio
afectando a Puno, Cusco y Madre de Dios, donde está Bawaja Sonene, una de
nuestras importantes reservas.
En el Año Internacional de la Papa “se
reconoció” que el Perú tenía hasta 3,600 variedades de papa nativa y 400 de
papa silvestre, e ¡increíble! estamos importando papa blanca cuando tenemos
cosechas de sobra.
Pero desperdiciamos nuestras primicias. En plantas
medicinales es igual su feracidad. En una feria se presentó un fruto, “teta de
vaca” por su forma, con capacidad para limpiar uñas de los hongos más rebeldes.
Hace un tiempo en Yarinaqocha, Pucallpa, una investigadora americana me mostró un
pequeño arbusto que, según dijo, podía acabar con la calvicie de los varones.
Me mostró su libro, un “best seller”, y se fue rezongando por nuestra
ignorancia sin añadir nada más. No tuve a la mano una cámara para capturar la maravilla
vegetal ni tampoco a ella. Los pajuros, papas que crecen en los árboles, son una delicia para cajamarquinos y amazonenses, pero no llegan a nuestros mercados. Las "papas" o "habas" de de árbol se mecen en una vaina grande como el pakae que parece una cuna. Y como ellos hay mucho para mencionar. Dicen que para muestra basta un botón y en este momento tenemos la pitahaya. Hay mucho por conocer. En este reglón Perú, nuestro país, ¡es un gigante! Las pesadillas las dan los politicos que no defienden sus riquezas naturales.
Alfonsina
Barrionuevo