EL
EXTRAÑO DESTINO DE LA PUYA
La historia de la puya es tan humana
que conmueve. Vive mientras se apresta a ser madre. Cuando pone a sus hijos en
manos del viento para que los siembre, su sino es morir. Se ignora por qué después
de la nascencia tenga que declinar. Más, así es, tiene un principio y un fin.
Su existencia se mantiene solo hasta
que brote de sus entrañas una inflorescencia gigantesca, con miles de flores
donde maduran sus semillas, hasta que las haga volar con un último suspiro. La
suerte determina el milagro del despertar de las nuevas puyas. Hermosa y triste
misión. Al agostarse quizá alcance a ver sus diminutas hojas abriéndose sobre
la tierra.
En otras épocas tuvimos hermosos rodales o bosques con la legendaria bromeliácea: kunkosh, tikanka o titanka, sus nombres antiguos de bautizo. Hoy, como otras plantas, marcha a extinción en los Andes. Los responsables la apresuran porque su agonía por ley natural es lenta. Los ejemplares quemados son tantos que en algunas partes ya no existe. Ants de que llegaran los españoles con sus ovejas, animales que invadieron las punas, sus rodales se extendían en las alturas.
Es de lamentar lo que pasa con ella siendo una
extraña planta. En el reino vegetal de la puya es la única que posee la
inflorescencia más hermosa y espectacular que se haya visto. En las últimas
décadas su población se ha ido reduciendo a pesar de la increíble cantidad de
semillas que produce. Cada día su supervivencia es más difícil. Sensible que no
participen las instituciones que
defienden la ecología. Se necesita que alguna quiera luchar por su permanencia en nuestro
territorio como recurso económico y
paisajístico. La puya es sólo una de las tantas especies vegetales que los
civilizados hombres del siglo XXI han condenado a perderse en cualquier momento
de la faz de la tierra. Antonio Raimondi la identificó como Pourretia gigantea,
dentro de la familia bromeliaceae. Por eso, en honor a sus afanes ella lleva
sui apellido, “puya Raimondi”.
Siendo tan exótica es poco lo que se
sabe de ella. No hay registro de cuántos meses o años pasa para que llegue a su
madurez. Nadie ha estudiado su promedio de vida. Su inflorescencia alberga más
de seis millones de semillas de forma triangular, aplanada, de 3x4 mm., de las
cuales lograrán germinar menos del uno por ciento.
Su hábitat se encuentra entre los
3,800 a 4,500 metros sobre el nivel del mar y sin embargo no ha podido escapar
a sus perseguidores. Tiene su propia fauna, el picaflor negro cordillerano
gigante, el papamosca, el pájaro pito, la tórtola y el canastero que saben
vivir con ella. Sus enormes hojas lanceoladas son espinosas y se convierten en
trampa fatal sobre todo para los ovinos que se enredan en ellas. Los pastores queman
las plantas y su ritmo de destrucción ha aumentado, a pesar de que muere de forma natural y cuando ha terminado
su ciclo vegetativo.
Los rodales de puya deben ser
protegidos porque embellecen el monótono paisaje punero y son útiles a las
comunidades nativas como alimento cuando sus hojas están tiernas. Para evitar
su desaparición se debe concientizar a los comuneros y pueblos cercanos para
que demarquen más lejos sus lugares de pastoreo. La gente debe aprender a
integrarse a su ecosistema. La puya estuvo allí antes que ellos.
Su recuperación daría lugar a crear micro climas, aminorar los
efectos del frío y ayudar a disminuir las consecuencias de las precipitaciones
pluviales. Según estudios de los ecólogos y geógrafos los Andes estaban
cubiertos no sólo de puyas sino de otros bosques antes de la expansión humana.
David Guillet sostiene que sus áreas incluyen la cuenca del lago Titiqaqa y
muchas otras secciones de los valles y de las punas de la sierra. La campaña de su recuperación puede sumarse a otras, por medio de viveros, para arborizar las alturas con árboles resistentes como el qolli, la qewña y el chachakomo, que también han disminuido porque los convierten en vigas para las viviendas y leña. El geógrafo O.F. Cook sostiene que si se le atiende puede prosperar bajo condiciones climáticas adversas, sin riesgo. Cualquiera reforestación puede ser efectiva para el planeta que está amenazado por el efecto invernadero. Ella puede contribuir a crear fuentes de oxígeno. Hay que salvarla para todos nosotros.
Alfonsina Barrionuevo