KUKULI
Y SUS SUEÑOS DE COLORES


Lo gracioso es que ganó. ¿Cómo lo
hizo? Desde alguna parte de la tierra de
los cuentos me han pedido que no lo diga… Kukuli piensa que una competencia es
una competencia, también yo y el picaflor.
¿Pregunto amigos qué piensan? Si
me lo hacen saber quedaré agradecida.
Nota. Tengo una oferta de mis
cuentos con Kukuli. Si llaman al 936 772 833 a la señora Victoria se los dirá.
Ella es la clave.
EL NIETO DE ILLAWANKA
El escándalo de ser un fraile
enamorado, protagonista de un lío de faldas, marcó en apariencia la vida del
fraile jesuita Blas Valera. En realidad la causa fue otra, las sospechas que
despertaron sus actividades extrasacerdotales donde jugaron un papel importante
los khipus.
Los coloridos cordeles con nudos
llamaron la atención del resto del clero y de otras personas intrigadas por
saber qué se traía el teatino, quien tenía un gran prestigio por sus dotes como orador. Resultaba muy extraño que fuera
visto en el Qosqo reuniéndose con miembros de las familias inkas, khipukamayuq y
feligreses andinos. El escándalo que se suscitó de practicar amores culpables
trató de cubrir sus verdaderas acciones, pero esa cortina de humo no fue muy
convincente. Sobre todo porque nunca fue separado de la vida conventual.
Valera, que era de Chachapoyas,
ingresó a la comunidad de los Hijos de Loyola por su clara inteligencia. Su
madre fue bautizada como Francisca Pérez, pero es más posible que fuera Urpay,
la hija del hanpikamayoq Illawanka. Oficialmente él hablaba español y latín,
pero ella le enseñó a conversar con soltura en qechwa y su abuelo a practicar
el arte de los khipus memoriales. Su idioma materno fue útil para los
propósitos de la orden religiosa. El
problema se creó a partir de algo más trascendente, verse envuelto en un
proyecto secreto, la reforma moral, social y cultural en el Perú.
Según la historiadora y paleógrafa
italiana Laura Laurencich Minelli el escándalo suscitado trató de poner a
cubierto sus reiteradas reuniones en la capital imperial con los tukuyrikuq,
que eran fiscalizadores en la época inka, los khipukamayuq y miembros de la nobleza imperial, creando un
inquietante movimiento neoinka cristiano.

En Qosqo compiló además datos
valiosos para una obra: ‘Las Costumbres antiguas del Peru’, que no llegó a
firmar y por lo mismo figuró como ‘la crónica del jesuita anónimo’ hasta la
segunda mitad del siglo pasado. Parecería un lujo pero es la única que está
escrita íntegramente en latín y qechwa, demostrando una singular destreza y dominio de ambos idiomas.
Sin duda algo se filtró y lo castigaron
suspendiendo sus obligaciones como sacerdote, para ocultar una conspiración que
hubiera merecido una pena muy fuerte para el autor y la censura a la orden.
Denunciado el fraile tuvo que irse a conventos del interior, en Qosqo, Puno y
Potosí para enseñar el catecismo en qechwa a los niños y algo de la historia
prehispánica. Sin embargo como llegó a ser blanco de conjeturas de subversión
fue necesario que viajara a España.
Allá debió escoger entre dos
penas, la muerte jurídica o la expulsión de la orden de los Hijos de Loyola.
Valera eligió la primera, conservando su condición de jesuita, y fue borrado
del mundo de los vivos en Valladolid, en 1597.